martes, 20 de julio de 2021

 Miradas

El Viaje a la Alcarria de Cela, 

setenta y cinco años después, en Vespa (I) 

Insondables contrastes

 

Unos años antes

Instituto "Alfonso VIII". (Cuenca, 1946). 
Su   ubicación definitiva coincide con la aparición
de Viaje a la Alcarria, de C. J. Cela.

    Escaleras de piedra atiborradas de risas en cuerpos adolescentes masculinos. El vestíbulo de muros regios, pasillos con tarima gris, radiadores de hierro fundido, también grises, con el jefe de estudios, tijera en ristre, recortando puntos de carnet por estar "asobinaos" a ellos; un buenos días seco, siéntense; aulas sombrías, de paredes amarillentas, pupitres alargados de cuatro bancos con el retranco de los desaparecidos tinteros; la mirada al frente, retratos del generalísimo y del jefe de la falange custodiando al crucifijo. La pizarra cuarteada de venas que supuran polvo de tiza. “Viaje a la Alcarria” de Camilo José Cela, de 1946, con letra de cuaderno Rubio. Es la vuelta del gimnasio, huele a humanidad recia; el calzón corto bajo los pantalones, que alguno no se ha quitado para ocultar huellas del cilíceo (no pecar, Opus Dei dixit). Han pasado treinta años, es 1976 y hace un año que murió el Caudillo (Franco). Desde que apareciera el libro, poco, o nada, se ha contado de aquel tiempo, de la guerra que cuarteó estas tierras, ni de cómo en ese 1946 las potencias internacionales quieren aislar al régimen por su apoyo al Eje (Alemania e Italia) durante la segunda guerra mundial; el NO-DO filma manifestaciones multitudinarias  “espontáneas”, de adhesión al Jefe del Estado ("setenta mil obreros", en Oviedo). Francisco Franco Bahamonde declara por sorpresa al país como "reino" y se reserva proponer su sucesor. Los Borbones pujan por don Juan, hijo de Alfonso XIII (aquel que abandonaba el país "para evitar una guerra", y del que pocos se atreven a contar lo oscuro de su reinado). En los bares huele a humo de tabaco liado, se discute de toros, Manolete o Dominguín, Julio Arturito Pomar es campeón de ajedrez, pero miles de críos juegan en las calles sin asfaltar con pelotas de trapos; quieren jugar en el Real Madrid, lo gana todo. 

    Muchos obreros, todavía con alpargatas, al salir del trabajo, echan la quiniela para un pisito o una "Vespa" (avispa), que acaba de salir en Italia (el "seiscientos" vendrá diez años después). No se habla de política, "hagan como yo" abjuraba el general bajito. Los Castells (castillos humanos) son, para la oficialidad, una muestra del original folclore catalán, y el encaje de bolillos de San Vicente dels Horts. Es el tercer año de sequía y Mi vaca lechera se tararea tanto como Angelitos negros, de Machín, y Las cositas del querer, de Manolo Caracol. El circo Price abre su vestíbulo a dos mil pobres para una comida benéfica y en el orfanato nacional de El Pardo, y el asilo de San Rafael, los niños reciben los reyes magos, limpios sus rostros de magulladuras y hambre. No están los "robados" para familias pudientes. Todo esto, y más, lo ovilla NO-DO, al himno de un país "felizmente afín al régimen". 

Año 2021, el prólogo y viaje hasta Guadalajara

    Largas colas de gentes con mascarilla esperan silencioso turno para su vacuna, a cualquier hora, en las inmediaciones de un campo de fútbol. Aún resuenan los aplausos a médicos y enfermeros que lucharon desesperados, y todavía lo hacen, por salvar las vidas de miles que han sucumbido a la plaga de la COVID-19 desde primeros del XX. La pandemia ha asolado al mundo entero. Millones de personas viven aterrorizadas y confinadas en sus hogares. El viajero, del siglo XXI, observa pasar los días desde su terraza, invitando a su soledad a palomas y pájaros, mientras el ordenador parpadeaba la última tarea del teletrabajo. Durante el interminable insomnio repasa rutas en Googlemaps; cientos de enlaces y algún libro de viajes que aquel Camilo menciona en su relato. Han pasado setenta y cinco años. Llegó la hora de poder salir de las ciudades, y parar en los rincones y fogones que resten, que el autor del viaje por la alcarria guadalajareña apunta. Teme por los embates que esta plaga y el abandono del mundo rural haya hecho con estas tierras. El viajero no viaja a la Alcarria por admiración al autor, ni busca grandes historias, como soñó allá en el instituto. Quiere ver la fotografía sepia del tiempo pasado, viajar y sentir, sin filtros, el pulso de sus gentes y compartir con ellos la esperanza de ver el final de esta larga penuria. 

    Las primeras luces entran por los pliegues de la persiana. Es hora de partir, cuanto antes mejor, después habrá mucho tráfico. Un beso velado a la hija, colocarse la chaqueta con refuerzos ante las caídas y al garaje. Cela atravesó un Madrid madrugador, de tranvía y caras de gente trasnochada, algunos todavía con las últimas bombas y disparos por las calles en sus pesadillas, las cárceles colapsadas de presos del bando perdedor; ahora las calles están repletas de vehículos, ruidos furiosos de sus motores, y los rostros están tapiados por mascarillas multicolores que sólo enseñan unos ojos centrados en la rutina.

Entrega del Premio Cervantes del rey Juan Carlos a Cela (1995).
    Autovía y fresco, primeras luces. En Alcalá de Henares, las tapias del cementerio que vio Cela (fallecido en 2002), se han convertido en un infinito laberinto de viviendas uniformes, y los pescadores y soldados de caballería son ahora estudiantes de la Universidad donde recogiera su premio Cervantes en 1995 (con un discurso, amén de sumiso-monárquico, una reflexión sobre el ser humano "elegido", por Juan Carlos I: "(...) los tres embates que siempre se arrancan y siempre se estrellan contra el alma de los elegidos: el hombre impaciente, el del tiempo inclemente y el de la circunstancia desaforada e hiriente."). De desaforada, premonitoria palabra y que bien pudiera catalogar, la ambición del rey, aún emérito, y huido de su país; refugiado en uno árabe, del que, supuestamente, habría recibido cantidades ingentes de primas por obras faraónicas, guardadas, a buen recaudo, en paraísos fiscales.

    Las mujeres alcalaínas, como todas, tan "admiradas" por el "nobelado" y, a cuenta de lo publicado, parejo el rey, no son tan "tremendas" ni "bigotudas". Pero esto lo observa el motorista al vuelo. De vuelta a la autovía, los camiones producen inquietantes zigzagueos de la Vespa. Hay que salir por el desvío a los Santos de la Humosa, con su impresionante cuesta con vistas de Alcalá; luego El Pozo, y Chiloeches, con sus primeros caminantes hacia el dispensario médico o la tienda. Es gente mayor, y muy contada. Algún ciclista se pega al manillar bajando las pendientes, para mejor aerodinámica, hasta Guadalajara. 

    La capital alcarreña la cruza un nervio de calle hasta el centro. Hoy hay mucho movimiento de gentes, sin prisas, en mercados y tiendas, y muchos coches de autoescuela, con jóvenes al volante, dudan entre su maniobra y la de las motos. 

Palacio destruido por las bombas
en la Guerra Civil; y en los años cuarenta
ABC y UCLM.
   Parada en el Palacio
del Duque del Infantado, destruido en la guerra civil del "36" y que así lo viera Cela:
"(...) está en el suelo... Es grande como un convento o como un cuartel. Por el centro de la calle pasa un tonto con una gorra de visera amarilla y la cara plagada de granos. Va apresurado, jovial, optimista. Va muerto de risa, frotándose las manos con regocijo; es un tonto feliz, un tonto lleno de alegría. El viajero entra en una tienda donde hay de todo. —¿Tienen ustedes algo típico de aquí, algo que me pueda llevar como recuerdo de Guadalajara? —¿Algo típico, dice? —Pues, sí... Eso digo. —No sé... ¡Como no busque usted bizcochos borrachos!

    El palacio, actualmente museo, es de una belleza única por su fachada de puntas de diamante y de balcones góticos, su bello patio de los leones y su jardín "mitológico". Aquí se celebran en primavera los maratones de cuentacuentos; este año, han esquivado a la pandemia con la imaginación, y ya cuentan treinta primaveras. El primer bizcocho borracho alegra la mañana, paseando por la calle mayor, y el motero no se encuentra ningún "tonto". Ese vocabulario se desterró, degrada a la persona; ahora, desde la escuela, y desde todos los demás ámbitos, se trabaja por la inclusión. Aunque restan grupos que desprecian lo que no es arcaico, homófobo, xenófobo..., agarrotados a un pasado tercamente, y desde hace no mucho, desafiantes en público. En la calle mayor, de la que cuenta Leguineche, en La Felicidad de la Tierra (Alfaguara, 1999): "...viene a ser como la de Palencia, la que pinta Bardem en su película. Se diría que no ha pasado el tiempo por ella, territorio de chalanes y chamarileros, de cacharreros, aunque algunos comercios se modernizan. Esta calle tiene su encanto. Los martes, frente al bar Soria, se congregan labradores de los pueblos para comprar y vender, para informarse del precio del cereal; los ganaderos cierran tratos... los tratantes van al grano."

    En esta mañana soleada, los viandantes se saludan, se paran ante una larga fila de furgones de los que descargan el material para el rodaje de una película.  Al viajero le espera la exposición, 6º Below Nothing, en el auditorio "Antonio Buero Vallejo". A oscuras, sobre una mesa gigante, se vierten luces y sonidos atronadores sobre las ultimas guerras en el mundo. Una mamá no suelta la linterna que activa los vídeos; ni al niño que lo asedia con explicaciones redundantes. El viajero se pone nervioso, ¿me la deja? Sí, luego. Abarca y no suelta el poder, como avisa el artista en el previo a entrar en la oscuridad. Cuando le pasan la linterna dispara sobre cada indicador a toda velocidad sin dejar terminar el movimiento. Al viajero le falta paciencia.

Torija


    Cela llega a Torija en un carro: "Torija es un pueblo subido sobre una loma. Un parador. Tres casas. Cuatro mulas. Cinco damas. Seis hidalgos. Siete zagalas... En Torija, el viajero se tira del carro delante del parador, a la salida del pueblo. Antes de decirle adiós, el viajero se ha tomado un vaso de vino con Martín y ha estado hablando con él del tiempo, de lo crecido que está el trigo, de lo que vale un par de mulas, de lo que dura una chaqueta de pana, de lo que presumen las criadas de Madrid, que no son nadie, que son como todas, pero que tienen unos humos que parecen condesas. El arriero y el viajero acuerdan que lo mejor es ni mirarlas a la cara y casarse con una chica del pueblo, con una chica de la que se sepa en qué trotes ha estado metida...".

    La altura sólida del castillo impacta desde su base. En un "daguerrotipo" en el suelo, en la fuente de la plaza podemos ver sus ruinas. El arco de entrada, que hoy alberga el museo del Viaje a la Alcarria, tiene varios nombres, y el viajero de hoy se fija en "El Empecinado", y le viene el retrato de Goya a aquel guerrillero contra los franceses, que destruyó el castillo para no entregarlo, luego general y final trágico, que siguió la lucha por estas tierras, Brihuega, Atienza... El viajero recuerda un pueblecito desaparecido por las fauces del terror bélico, Sacedoncillo, más al norte, donde los fascistas italianos son derrotados por la República en 1937. Las guerras, tantas guerras en esta "piel de toro". Y piensa que la Historia no se ha estudiado nunca como cimiento de la convivencia de los pueblos, que estos días el líder de la oposición, Pablo Casado del PP, no acierta con los hechos, ni condena sus estragos, y hace de "palmero" con la ultraderecha. El escenario por el que anda Cela lo conocemos por el NODO, donde no aparecían las cunetas repletas de asesinados, y sí la falsa mortaja a la verdad de aquellos cuarenta años. El viajero de hoy recuerda la película Intemperie, homónima de la novela de Jesús Carrasco, situada también, curiosamente, en 1946, y nos habla de una tierra andaluza terriblemente "asalvajada" y degradada, ante la impunidad de sus caciques.

    Una pareja se acerca a la Vespa. El hombre la disfruta. "Yo tuve una, pero ésta es preciosa". Son Luis e Inés, catalanes jubilados, viajeros incansables y sin fronteras. Originarios de Saurí (Lleida), se deleitan contando de sus bellísimas pinturas románicas al fresco, ahora en el Museu de Catalunya "donde se llevaron en copia, en piel de carnero". En la iglesia de Sant Víctor, el artista Santi Moix, ha creado su "ermita de las delicias". Ahora disfrutan y valoran la charla con quien encuentran en sus caminos. Sobre la mesa del bar, El Mundo vuelve a cargar contra el indulto a los presos del Procés. Los tres viajeros coinciden que lo más importante es escuchar, atender a razones, ahora toca hablar, como se debiera haber hecho, "somos todos los pueblos diferentes, pero tenemos que convivir..., y la república está en el ADN de muchos catalanes". 

    A la conversación se une Fernando, del Betis. Hace veinticinco años recorrió la ruta a la Alcarria, en bicicleta. Cuenta, con notable acento andaluz, anécdotas del Nobel. Ahora va hacia Viana; será hospitalero la primera quincena de julio. Tiene mil anécdotas sobre el Camino de Santiago y el de La Lana, y que al pasar por aquí le sellaron en el cementerio; menos mal que había entierro, pues llegó por la tarde y estaban cerrados el ayuntamiento y la iglesia. Al pagar el "reo" el suplemento que queda en la barra es Pueblos, titula: "Tiempo de esparragar".


Brihuega

    Antes de Brihuega el motero para en un campo de lavanda. Colores y perfume son embriagadores. Cela contó: "Al lado de la fonda, el viajero se encuentra con la puerta de la Cadena, por la que se mete en el pueblo. La puerta de la Cadena tiene una hornacina con una Purísima, y debajo una lápida de mármol blanco que dice: 1710-1910. La villa de Brihuega en el segundo centenario de su memorable bombardeo y asalto...". 

  Al motorista entrar en Brihuega se dirige a la plaza del Ayuntamiento, para echar un trago en cualquiera de los cuatro caños de las dos fuentes que guardan la subida. No muy lejos queda el lavadero: "Un buey rubio y viejo, de largos cuernos y cara afilada, como un caballero toledano, bebe, no más que acariciando el agua con el morro cano, en el pilón de una fuente fecunda, en el pilón de una fuente que hay al lado mismo del lavadero. Cuando termina de beber levanta la cabeza y pasa, humilde y sabio, por detrás de las mujeres. Diríase un eunuco leal, aburrido y discreto, guardador de un harén bullicioso como el levantarse de la mañana.". El viajero se pone en la cola del obrador para comprar sus famosas magdalenas. Hay cola desde las nueve. Los mayores los primeros, con mascarilla. No se atreve a acercarse a la de los lavaderos, con doce caños, donde se dice, que quien beba de ella le sale amante. Una pareja bromea, ella no sabe aún si probarlo. Busca con la vista al fondo, la tienda de Miguelón, “El melenas”, a la puerta de las cuevas "árabes". Hoy muestra una foto al viajero también con moto, pero de monte; conserva la labia, y no oculta que fue atractivo y ligón de joven. Cuenta que estuvo quince años yendo a Cuba; hasta ayudó a uno que dormía en la calle. Cuba sale mucho en la tele estos días. Que si es, o no, dictadura. No habla de política, si de la buena gente de allí.  Ahora se queja de lo duro que ha sido lo de la pandemia, pero sigue enseñando las cuevas y cuida su carnicería. Tiene buen corazón. 

  Este ya "viejo" amigo aconseja alejarse de la "barbarie", miles de personas, desperdigadas por los campos de lavanda estos días. Es la fiesta, y todo está engalanado. Hay que venir de blanco, pero la chupa de la moto, y el polo, son negros. Después de comer los torreznos y la “tosta de perdigacho”, toca paseo. Todo está plagado, lleno, es imposible encontrar posada, como certifica la regenta de una casa rural muy coqueta en un edificio cerca de la muralla.   
      Ella habla, cuenta, el marido calla y sonríe con amabilidad, mientras recuerda a quien va tras los pasos de Cela que aquel vino con la choferesa negra, Oteliña, americana, en 1986, en un Rolls Royce. Un segundo viaje por todo lo alto, publicitado. Mal carácter, recuerdan algunos; no le gustó la calle que el pueblo había puesto a su nombre, de una sola puerta. Se dedicó a comer y, huraño, no dio mucho las gracias. 
    
   Charlando llega el viajero a la puerta de la "Virgen de la Guía". Un agujero, hoy puerta, para tomar la fortaleza, el castillo de Peña Bermeja, en  guerras. Brihuega fue crucial para el ascenso al trono de los Borbones (1710), luego contra los franceses (1808), que destrozaron y robaron el patrimonio de la Iglesia. También destrozó mucho la guerra civil, como en todas partes: "—Aquí fue donde empezaron a correr los italianos, ¿no sabe usted? —Sí, ya sé. —¡Fue buena aquélla!". Muy cerca está la "Casa de los Gramáticos" donde vivió Manu Leguineche, un alcarreño de vocación, no nacido aquí. Se les ofertó a Cela y a él, amigos muy cercanos entonces. Tras una discusión por el precio se la quedó Manu, ante el regateo desatado de Cela. Manu Leguineche, viajero incansable, bajo la protección de Mercurio, dios protector de los viajeros.

    Luego, subida hacia la antigua fábrica real de paños. Cuando decayó, se los telares se cambiaron por tinajas que almacenaron aceite. A la entrada un grupo de mujeres maduras discuten por decir la verdad, no es bueno ¿verdad? Van de blanco, por lo de la fiesta. El edificio es hermoso y está en plena restauración para un hotel. Tiene unos ventanales y un recinto circular, donde se secaban los paños, bello y equilibrado de volumen y formas. 

    Detrás, el "Jardín romántico": "El jardín de la fábrica es un jardín romántico, un jardín para morir, en la adolescencia, de amor, de desesperación, de tisis y de nostalgia. Al lado del gracioso almendro, que parece una señorita muerta, crece el ciprés solemne, que semeja un penitente vivo. Tras los podados, recortados bojes, florecen las paganas rosas de Jericó. Frente al mirto perenne, palidece la montaraz madreselva. El viajero pasea entre los rododendros y, sin poderlo evitar, se le llena la mente de tiernos, insalubres versos de Shelley: el vino, la miel, un capullo lunar, la zarzarrosa...", recuerda Cela. Ahora, dos hombres, con diversidad intelectual, barren y limpian con ahínco las hojas y ramas que ha podado el capataz del grupo. Saben dejar la solicitud de calma de los visitantes. Las vistas de la vega son muy hermosas. Desde el mirador Cela escrutó su siguiente etapa: "Se asoma al alto mirador, con su guirnalda de rosas de té, y mira para el valle. Al fondo corre el Tajuña y, a sus orillas, el camino que el viajero andará a la caída del sol, aguas arriba, detrás de Masegoso, o aguas abajo, detrás de la carretera de Budia." Lo mismo piensa el viajero en moto, mientras pisa el pedal de arranque de la Vespa, ya en la puerta de carros. ¿Hacia dónde tirar?



sábado, 16 de mayo de 2020

Miradas
King Roger, Covid-19, ¿síndrome de Estocolmo, o el Gran Hermano del 5G?

  Palacio de la Ópera. Se estrena Król Roger (Rey Roger), del polaco Karol Szymanowski, del libreto de Jaroslaw Iwaszkiewicz (1926). Hace un año de aquello. Fue la pasada primavera en la "Venecia" del Norte, Estocolmo (Suecia). 
   Szymanowski, un fascinado de la cultura mediterránea que sentía como síntesis de diferentes pueblos y religiones, lo traslada a Rey Roger, y entre ello, la diatriba entre la fe y razón, entre la ley grupal y la libertad individual. 
   Hoy podríamos justificar no seguir escribiendo, o leyendo como es tu caso, si no es sobre la cuestión de la Pandemia de la Covid-19 (el coronavirus que todo lo tiñó de luto, de féretros, de "cárceles" con balcones al patio sin luces). 
   Las redes parpadean, incansables, millones de entradas, con laberínticos y catastróficos testimonios y argumentarios (los hay necesarios, útiles para batallarla; otros son interesados y manipuladores, como en cualquier otra circunstancia). Para muchos "se paró el mundo" -"tiempo detenido" como escribiera Carmen Martín Gaite en Nubosidad variable-. Para otros llegó el sálvese quien pueda, afilando los cuchillos para en la noche más negra ajustar su venganza. En esta encrucijada pérfida quiero volver, desesperadamente, a aquella noche en el palacio de la Ópera, para que no se "detenga" el tiempo, en nada.

Acto Primero: Al reino cristiano de Roger llega un misterioso pastor, es el profeta de un dios desconocido. Pregona el Amor y el Placer. Inicialmente le siguen unos cuantos adeptos.

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S. Pedro y 
S. Pablo (¿1587?) 
El Greco.
   A pocos metros del palacio de la Ópera, en el Museo de Suecia, cuelga una enigmática obra, San Pedro y San Pablo de El Greco. En él se pueden percibir dos visiones de la Cristiandad. Dos Europas, la de la Reforma y la España de la Contrarreforma.
Catedral San Nicolás, Estocolmo. La guía viajera.
   San Pedro, con las llaves del cielo que parece incitar a otras interpretaciones, frente a San Pablo con la mano sobre la Biblia inquiriendo el acatamiento férreo. Intuimos que el pintor, como Szymanowski, quiere abrir la ventana a lo diferente por descubrir, otra mentalidad.
   En el año dos mil, el gobierno sueco rompió la relación con los luteranos, mayoritarios hasta entonces en el país, y desde entonces cada día que pasa se censan más ateos; pero lo cierto es a día de hoy, siguen siendo muchos los suecos que afirman vivir algún rito religioso. También los hay que rozan el extremismo y veamos algunos de los porqués.
   La gran afluencia de inmigrantes ha puesto al país en los últimos años en guardia ante la radicalización de grupos de jóvenes que han caido ante la visión manipuladora y mediática, de un islamismo radical. En esos casos son preocupantes el número de afiliados al terrorismo integrista. Viendo Kalifato, la serie de Netflix de factura sueca, se observa un más allá en la cuestión y que apunta a la contraposición de dos universos: el del siglo XXI, de un estado de bienestar envidiable y democrático, y el otro en Raqqa (norte de Siria), un feudo de la Edad Media militarizado (ocupada, y llamada Califato por el autodenominado Estado Islámico de Irak y el Levante, entre 2013 y 2017). El hilo argumental es el adoctrinamiento ideológico. La serie disecciona sin pudor la incapacidad del sistema para integrar a los jóvenes de aquellas familias que no han arraigado en la cultura sueca (etapa vital crucial como es la adolescencia de los "captados", familias rotas, problemas sicológicos, entre otros, son algunas de la venas que succionan sus captadores, prometiéndoles otros territorios, en una sesgada interpretación del Islam).
 Por otro lado, los servicios sociales sufrieron una macrouniversalización ante la demanda de inmigrantes. Se estableció un proceso de integración multicultural que, aún hoy, intenta no cortar las raíces de quienes llegan apoyando su lengua, cultura, en los propios centros educativos y asociaciones. Esto supone un coste que augura reducciones drásticas, y con críticas a la segregación impuesta por el propio sueco. Como en tantas políticas europeas, este modelo ni está generalizado, ni integrado, en todos países de la Unión Europea que, ahora más que nunca, con la pandemia, comienza a hacer girones.
   En definitiva, Suecia no ha escapado a lo acaecido en Francia, Alemania, Gran Bretaña, y por supuesto España. Allí se han hecho visibles estas afiliaciones, y otras que se creían superadas, como los supremacistas blancos y las corrientes neonazis que, sin pudor alguno se han infiltrado en el discurso social y político.

   
   Lejos quedaron los años setenta y ochenta en los que Suecia abanderó el discurso de la socialdemocracia europa. Un proceso avanzado sobre la independencia individual para una sociedad madura y potencia económica. A mediados de los ochenta marcaba el rumbo de Europa para establecer un control decisivo sobre las grandes potencias en el tráfico internacional de armas. Al timón de aquel barco figuró Olof Palme (asesinado el 28 febrero 1986). Las últimas investigaciones llevan a la conclusión de que aquella determinación, no suministrar armas desde Suecia a Sudáfrica -según el escritor Karl Stig-Erland Larsson-, fue el detonante para que la extrema derecha, y grupos empresariales armamentísticos decidieran su desaparición. Casi cuarenta años después el problema del tráfico de armas, la proliferación de guerras y, por supuesto, el terrorismo, se han incrementado. Hoy, el desequilibro entre norte y sur, el número de muertos y desplazados, está por conocerse realmente. Seguramente saldrían cifras que, con la cornada de la pandemia, será muy difícil de concretar nunca, pues la crisis mundial sobrevenida distraerá temas parciales y tan cruciales para, una vez más, caer en la globalidad.

Acto Segundo: La cúpula eclesiástica rechaza al pastor. Muchos súbditos del Rey piden su cabeza. Tan sólo Roxana, la esposa de Roger es seducida por el "enviado". El mismo rey, tras desistir de tenerlo prisionero, también cae fascinado. Es el nuevo Dionisos.

Viviendas del parque de Skansen
(Estocolmo).
   En Lagom, del escritor y monologuista Jonas Gardell, define Suecia como “el país de la leche semidesnatada”, una cultura que huye de la apariencia, lo ostentoso, alejándose del cartón piedra de gran parte de la cultura neoliberal y conservadora (una sociedad vikinga, Liger “alrededor del Equipo” (grupos familiares compartiendo todo, visible en Skansen, en Estocolmo y en la vecina Oslo, Noruega, en su ciudad de la Historia). La imagen de los hogares compartidos, unidos por calles porticadas, para hacer frente a una Naturaleza exigente, caló en la conciencia colectiva.
Obra sobre el control del cuerpo femenino
en el Moderna Musseet, 2019.
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She - A Cathedral, (1966)
Foto: Hans Hammarskiöld.
   Sin embargo, ahora granizan las críticas sobre el sistema sueco, acusándole de tratar de anular las estructuras tradicionales arcaicas con billones de coronas. Las familias consideradas arcaicas y controladoras han dado paso al divorcio, aborto, o la total emancipación de la mujer, que todavía sorprende a muchos. Esto supuso un cambio de paradigma -en la línea de ruptura que nos presenta el autor de King Roger-, y su feminismo radical, se "exportó" con marca indeleble. 
   En el devenir vital y diario de los suecos puedes encontrarte al grupo Josefins, "New Orleans Gang", en el Mercadillo dominical abocado al lago Mälaren. Una mujer, con una copa de vino en cada mano, los ojos cerrados y dando palmas, baila, sobrevuela, sobre el agua del lago hacia el Báltico. Unicidad frente a comunidad. Nadie le da importancias, ni sorprende, la cultura del respeto total por el universo del otro, hasta para coger la escalera y no interrumpir los pensamientos del vecino que llegó antes para tomar el ascensor. Conviven en la cordura de una distancia social que, a veces, desde la cultura mediterránea se observa excesiva. Es otra perspectiva desde otras costas. En contraste, a la misma hora, en la iglesia de Santa Clara un dúo mixto canta temas que mezclan amor y fe.
  
Acto Tercero: El final. Surge un niño: el amanecer, la llegada del sol, lo apolíneo, ¿la paz espiritual? ¿el nuevo ser? Un final enigmático y abierto.
  
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 The fire of Hôtel-Dieu (1772).
Hubert Robert-
   En estas horas interminables de confinamiento, son muchas las genuflexiones que practicamos a nuevos dioses. En la pasada primavera, al cruzar por la sala del ya mencionado Museo de Suecia, nos cruzamos con la pintura "The fire of Hôtel-Dieu" (1772), del artista Hubert Robert. Pocas horas antes, el fuego se había cebado con Notre Dame, edificio que, coincidentemente, aparece al fondo de esa obra. Sorprendió al mundo entero la rápida reacción de grandes fortunas como donantes, ese mismo día, para su reconstrucción. Inmediatamente las redes, por comparación, sacaron los rostros de los niños hambrientos en los campos de refugiados sirios tras los bombardeos; éstos no tendrían una respuesta así, inmediata y global: ¿de haber sido yo una catedral, habrían venido tan raudos?, decían aquellos mensajes. 
   La crisis global en la que nos hallamos inmersos se desencadenó en Wuhan, en la inabarcable China. Asistimos a unas calculadas, y seguramente censuradas, escenas de muerte y pánico pero, ¿cuántos pensaron honestamente que aquello también iba con el resto del mundo? Las crisis, la muerte, el dolor, lo queremos lejos, tan lejos como la duda. Es el mal de la humanidad, la inacción de los muchos. El arrojo de muy pocos.
Ecologistas denunciando
los problemas del futuro inmediato.
   En esta crisis, tampoco se ha querido escuchar a pensadores, ecologistas, sindicatos, individuos de la propia sociedad civil, que se han manifestado sobre el control de nuestra mente, el fondo de la generación de los pensamientos. Digamos un ejemplo, sobre los trusts en las comunicaciones y el 5G porque, ¿qué nos espera tras este confinamiento mundial controlado? No sabemos cómo interiorizaremos las "bondades" de El Gran Hermano que todo nos abastece, y al instante. 
   Los filósofos rememoran a Foucault en cuanto a "Disciplina" y "Castigo" (Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión, M. Foucault, 1975), donde describe las nuevas regulaciones y vigilancia de los ciudadanos, derivadas en la plaga del siglo XVII. Giorgio Agamben habla de utilizar la pandemia para usar los estados de excepción, o alarma, como "paradigma normal de gobierno..., el pretexto ideal para defenderlos más allá de cualquier limitación". Algo que también desconcierta al filósofo Darío Sztajnszrajber: "Me preocupa que esa situación de control público se haya diseminado como forma identitaria propia de los vínculos de los otros y que este Estado políciaco se convierta ya no en un atributo de las fuerzas de seguridad, sino en una forma de pensar en prácticas y rituales de vida por parte de la sociedad civil. Ese es el peligro más inminente, el rebrote de ciertos aspectos protofascistas que en las formas de peligros siempre están latentes. Algo que puede justificar el venenoso mensaje apocalíptico del magnate sueco Jacob Wallen: "No habrá recuperación. Habrá disturbios sociales. Habrá violencia...". Como asevera el periodista Marco D'Eramo: "La separación es un lujo que muchos no pueden permitirse, y las reglas para para el distanciamiento social están sirviendo para ampliar el abismo entre las clases" ("La epidemia del filósofo", New Left Review, 4-4-2020).
   Probablemente, con estos augurios, no queramos salir. Veremos más espacios solitarios y temidos (parques sin niños que no quieren volver, pues tienen a los suyos al lado y al resto tras una pantalla, al click de un ratón o en unta tablet). Tampoco, quizás, podamos desembarazarnos del miedo. Sí, el miedo que se vislumbra en el virus agarrado a los pomos de las puertas, al alquitrán de las carreteras, a la piel del otro. 
   Esto no lo logré atisbar en la obra King Roger. Quizás ya estaba contagiado del terror antes de que llegase la pandemia por haber leído, en mal momento, Infierno, de Strindberg. 
   Así que la salida a este túnel no lo tengo previsto, y por tanto se lo veré a usted, o a tí, cuando lleguemos a la última fase de lo que ahora se denomina desescalada, desesca..., ¿qué? Yo no esperaré. Me vuelvo hacia el norte en busca de los Sami, con la música de los Tanabreddens...


P.D.: Hoy 10 de junio de 2020, la Fiscalía sueca ha cerrado el caso sobre el asesinato del primer ministro Olof Palme hace treinta y cuatro años. No se aportan pruebas técnicas determinantes, ni en su informe despeja las cuestiones que movieron al magnicidio, señalando como único sospechoso a un publicista ya fallecido. Lo que ha venido a denominarse el "Trauma sueco" seguirá alargándose en el tiempo.

sábado, 18 de mayo de 2019

Miradas

Lyon: De los Canuts a los chalecos amarillos
(Antes que el 5G sea nuestro Gran Hermano)


Imagen relacionada     Un sábado más de movilizaciones en las calles de Lyon (también estarán en París, Nantes, Toulouse, Reims...). Se cumple medio año en el que las televisiones abren sus informativos con especulaciones sobre cómo se desarrollará. Ésta es la vigésimo séptima marcha de los “Gilets jaunes”, los Chalecos amarillos franceses.
   Desde el pasado primero de mayo, conmemoración del día de los trabajadores, que pasó a ser más un reencuentro-fiesta (en la que se vieron en la plaza Bellecour, en la imagen de arriba, banderas rojas, rojinegras, alguna independentista catalana y chilena, y muchas consignas anticapitalistas), será la cuarta convocatoria de manifestaciones en menos de un mes.
   Frente a mi ventana un emblemático edificio tiene grabado, en su heraldo con león, las palabras “Liberté, Egalité et Fraternité”. En su portalón un joven saca su cabeza del saco en el que ha dormido bajo una lluvia tenue esta noche. Le llevo observando varios días con pudor para no violar su "intimidad". Querría hablar con él, conocerle. La previsión de un fuerte dispositivo policial, sonido de sirenas, me distrae de esta persona “sin techo” que lee aun cuando cae casi la total oscuridad con el destello de los focos que envuelven el majestuoso edificio que ha convertido en su "alcoba". De pronto se levanta, recoge la basura desperdigada de una papelera que unos pijos adolescentes tiraron después de arrastrar un patinete por todo el empedrado de la plaza. 
chalecos amarillos
Lyon. 11-5-2019. Notimex. TVAzteca.
   Los helicópteros de la policía y las sirenas de los furgones con los antidisturbios revolotean entre las márgenes del Saone y el Ródano. Mi vecino se asea con una botella de agua y antes de recoger su mochila, “regala” el periódico de ayer a una pareja sentada en un banco que le mira perpleja. Se marcha con un bolso en una mano y su libro en la otra. Quiero pensar que acude a la manifestación. 
   Anoche paseaba por la plaza Croix-Rousse, el centro neurálgico de los Canuts. Aquellos primeros obreros de los telares que vieron rebajados sus salarios hasta casi no llegar a una vida digna, y que les llevó a levantarse y luchar en 1831 por poderse llevar un mendrugo de pan a la boca. 
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   Alejandro Dumas relata en sus Memorias: "...los desgraciados obreros lucharon largo tiempo en silencio, intentando, cada trimestre, reducirse a habitaciones más estrechas, a barrios más fétidos, tratando cada día de restar alguna cosa de sus comidas o de la de sus hijos. Pero al fin, cuando ellos se vieron frente a la asfixia por la falta de aire, frente al hambre por la falta de pan, se elevó de la Croix-Rousse [...], es decir, de la ciudad obrera, un mismo sollozo... Era el lamento de cien mil dolientes".
   Ahora, el encarecimiento del gasoil, supuso que en el otoño pasado se levantaran aquellos que dependen del viejo coche para llegar a la fábrica en regiones donde el transporte público, muchas, no llega. Luego se han sumado otras reivindicaciones que pasan por una Educación más igualitaria, una Sanidad con mayor calidad; y llegaron también ecologistas, antisistema, y quienes abogan que el 5G en las telecomunicaciones supondrá que llega realmente el Gran Hermano que controle nuestra existencia, que ya está ahí. 
   Entonces, con los canuts, se aplastó la revuelta con cientos de muertos y miles de desplazados. Ahora, las fuerzas de seguridad, con unos antidisturbios  armados hasta los dientes, y con una legislación que les ampara en su actuación casi sin límites y con detenciones ilimitadas, cuentan con la orden de aplacar los hechos violentos como sea. No han podido, los organizadores, que no provenían de sindicatos ni partidos, sino de generación casi espontánea, y por tanto con poca organización al inicio, aplacar a quienes se han introducido en las manifestaciones, han utilizado la violencia, y generado casi una metamorfosis de los principios por los que se movieron la mayoría. 
   Durante los recorridos se comparten momentos en los que grupos perfectamente organizados se ajustan pasamontañas, sacan cascos y porras o artefactos des sus mochilas y se lanzan como pelotones organizados sobre las fuerzas de seguridad. Éstas actúan como un ejército que toma calles y puentes, del Ródano este sábado; no permitirán abandonar las manifestaciones más que cuando entienden que controlan la situación, sólo los acreditados como informadores pueden salir en cualquier momento del canal. 
  Al final, en vísperas de elecciones al Parlamento Europeo, con una izquierda dividida, y altibajos del presidente francés, Emmanuel Macron, la ultraderecha va sacando pecho y ganando partido en las encuestas (lejos ya de la diferencia que sacó a Marine Le Pen en las presidenciales). 
   Los franceses, ciudadanos republicanos -y con marchamo de concienciados en la convivencia y el asilo a los perseguidos políticos y emigrantes-, se debaten ahora en si cerrar fronteras o recortar libertades (en el inicio de las protestas se incrementaban las penas con la ley "anti-vándalos", que daba poder a los gobernadores a suprimir convocatorias de manifestaciones, justo cuando los sindicatos, como la CGT se sumaban a la protesta).
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Centro de Historia de la
de la Resistencia y la Deportación.
   A muy pocos metros las paredes del museo de la II Guerra Mundial siguen silentes. El horror, la Francia dividida entre colaboracionistas y libertadores de la ocupación nazi, sigue perdiendo protagonismo. Aunque no cejan en buscar héroes e historias que parten desde el mismo Lyon como la de Virginia Hall, espía británica, con una pierna de madera, que decidió "atacar" a los nazis desde los burdeles galos, introduciendo heroína en las copas o que las meretrices contagiasen sífilis o gonorrea a los oficiales teutones. El ocho de mayo, el gobierno de la nación trató de revitalizar la conmemoración. La lluvia resbalaba por el rostro del presidente mientras presentaba respetos ante la estatua del general De Gaulle en los Campos Elíseos. Algunos países de esa Europa no podían celebrar ese día, tampoco tienen muchos museos sobre la Memoria. En las televisiones se habla de la crisis de la Unión. Otros todavía están tratando de recomponer su historia, como España.
   La explicación de la derrota de la insurrección de los canuts se debió a su desventaja con los soldados y su armamento, pero también a la falta de una estrategia política. El triunfo de los chalecos pasará por la promesa de bajar los impuestos y subir las pensiones, que ya han conseguido, pero no pararán pues tienen ahora más reivindicaciones. Quieren otras medidas que llevan pegada a sus espaldas. Entremedias unas elecciones europeas y en el horizonte la presidencia de la República. Un recorrido difícil de mantener.   
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Música junto al Ródano. Euronews.
Rodrigo Barbosa.
 En Lyon las televisiones, como antaño Louis Lumiére filmó la salida de su fábrica, recogen las imágenes de los botes de humo y las carreras de los equipos médicos con mascarilla entre los heridos. Ambulancias y coches patrulla se disputan la música. 
Resultado de imagen de estatua de rodin la tentación de san antonio   Pero también hay belleza en los rostros jóvenes que acuden cada sábado a su cita; hay estudiantes, que también serán de bellas artes y que vienen, quizás, del museo de Beaux-Arts y dilucidaron sobre la Tentación de San Antonio de Rodin, sobre la tensión psicológica y física, como sienten ahora sobre el asfalto. 
  O les habrá llegado las notas tétricas de la melodía incesante que habita el ametrallado vagón del Train de marchandises de Yoko Ono, en las inmediaciones del Museo de Arte Moderno; un memorándum en recuerdo a los mexicanos que murieron en 1987 en su intento de pasar a EEUU, al hombre como mercancía, a las injusticias del siglo XX, más un canto a la resistencia y la esperanza por un futuro mejor.
   Al final los manifestantes tendrán prohibido llegar a la plaza de Bellecour -tampoco abandonar el recorrido por cualquier puente del Ródano para un mayor control policial-, donde al final está la estatua al autor del Principito, Antoine de Saint-Exupery, nacido en Lyon, al que le atribuyen: "El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo". Allí sumarán sus pancartas, bajo la gigantesca publicidad del rostro de una bella mujer y el rótulo Huawei, los ecologistas y los "Anti5G", quienes ven un peligro inminente para la salud la emisión de ondas milimétricas, amén del control sobre la libertad y designios del individuo en un futuro inmediato.
   Yo también dejo la plaza de Bellecour, para cuando vuelva a Lyon. Entonces daría cualquier cosa por reencontrarme con aquel hombre que compartió sus noches en la calle con mis pensamientos.
   
"… Cuando el reinado de ustedes termine,
Entonces nosotros tendremos
la mortaja del viejo mundo
Pues ya se escucha la revuelta que crece,
Entonces, nosotros, los tejedores de seda,
Estaremos desnudos”.
Versos de un himno de los Canuts.

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P.D.: Ayer, 24 de mayo, un atentado con un explosivo, todavía sin reivindicación ni detenido su autor, o autores, y que hirió al menos a trece personas en Lyon. Nuestro  más sincero deseo de una pronta recuperación para ellas, y de la paz para un pueblo cívico y hospitalario. Y la más firme condena hacia los que lo perpetraron. La fecha, en vísperas de las elecciones europeas, y el lugar, enmarcado en un territorio francés de históricas luchas reivindicatorias, puede que no sean arbitrarias, y por supuesto no son indiferentes para nadie.

domingo, 24 de febrero de 2019

Miradas

 ¡Se sienten coño!, Tejero dixit.
23-F: el golpe y la falta de uniformidad
Ahora Semanal, 19/2/2016.

España no es país para "coños"


23 de febrero de 1981, 18:00 horas: Hemiciclo de las Cortes, Carrera de San Jerónimo en Madrid. Comienza la votación nominal de investidura del que será el segundo presidente de la joven Democracia en este país: Leopoldo Calvo Sotelo. Adolfo Suárez ha dimitido por las fuerte presión de la derecha extrema de su partido, Unión de Centro Democrático (UCD). Queda aún en el ambiente de estas Cortes vestigios de talante de aquellos estamentos del franquismo que se conjuró con el nacional-catolicismo ejercido entre clase política y jerarquía eclesiástica en los viejos tercios de representación. 
Resultado de imagen de tarancón y guerra campos   Algunos de aquellos obispos con sotana se encuentran en la sede de la Conferencia Episcopal también dirimiendo su nuevo presidente tras agotar monseñor Enrique y Tarancón su periodo máximo de ocho años. La lucha entre continuístas del régimen anterior y los aperturistas asemeja el principio de un cisma en la jerarquía de la Iglesia española. Están sangrando aún los duros enfrentamientos y puñaladas entre monseñor José Guerra Campos, ultraderechista conservador fiel al ideario del Movimiento Nacional y Enrique y Tarancón, línea monitorizada desde Roma desde tiempos de Pablo VI hacia la democratización de las instituciones.  
   Por su parte los militares cuentan con un militar de alta graduación, Manuel Gutiérrez Mellado, en la bancada del gobierno. Vestido de paisano, de nuevo talante, comparte el don de la política, mientras una parte de sus compañeros y mandos intermedios de algunas regiones militares están acuartelados, y grupos de guardias civiles van en autobuses bajo el runrún de "salvar la patria". Millones de españoles siguen por televisión y radio la votación desde hace unos minutos. 
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La Razón, 24-2-2019.
   18:23 h.: Se escuchan voces mientras suenan tiros en la cámara: "Todos al suelo", grita un número de la Benemérita. El teniente coronel Antonio Tejero, con tricornio y pistola reglamentaria en mano, se dirige desde la tribuna de oradores a los diputados que muy rápidamente se agachan bajo butacas. El presidente, aún, Suárez y el general Gutiérrez Mellado, intentan ejercer su autoridad. Santiago Carrillo del Partido Comunista de España (PCE), y algún otro, atienden sentados un final traumático.
   La pantalla de los televisores se ciegan en los siguientes minutos, y a partir de ahora la radio dibuja, con su instantaneidad, el infierno y el terror de unos diputados secuestrados. Fuera, las calles se vacían. En despachos de sindicatos y partidos, y en muchos hogares, se preparan maletas y se activan viejas consignas de la clandestinidad. Por lo que pudiera venir. "Se sienten coño", truena en los micrófonos. Si fue Tejero, o el teniente Ramos Rueda como dicen otros, lo cierto es que este vocablo tabernario volvía a atronar los oídos de millones de españoles. La España que siempre ha usado estas interjecciones testoseniles arropada tras un arma.
   Este febrero de 1981 el arrecie de una crisis económica hace saltar alarmas. También es patente el malestar que produce el difícil arbitraje de la organización del Estado, Comunidades históricas y otras de nuevo cuño -sin demasiados lazos y posibles-, y su difícil articulación con diferentes competencias en materias sensibles de Hacienda, Educación y policías. Y como cáncer crónico, el polvorín del terrorismo de ETA, asestando sus principales golpes al ejército y fuerzas de seguridad. Un ejército que aún mantiene una importante masa de oposición al nuevo ordenamiento democrático en sus mandos, por su alineación franquista, al que sentó, como una traición la legalización del PCE por Suárez. El secretario general del PCE, Santiago Carrillo, diría que el Vaticano, o algún otro obispo, conocían con anterioridad el Golpe. No es de extrañar. Cierta jerarquía había ahondado entre los dirigentes más extremistas de UCD, para desbancar a Suárez, promotor y proclive a ciertas leyes como el divorcio y despenalización del aborto; mientras, desautorizaban a Tarancón en la opción de desafectar la Iglesia de un régimen dictatorial como ocurrió casi cuarenta años. Es llamativo que hasta pasados unos días no hubiese comunicado de los obispos apoyando el régimen constitucional.
   19:00 h. En Valencia, el general Milán del Bosch declara el estado de excepción. Imágenes de carros de combate por el asfalto. Las cancillerías y medios internacionales hierven en teletipos pero no se implican ni hacen visibles. La televisión pública ha sido tomada por tropas. 
   21:00 h. Formación de un Gobierno provisional, hasta que a las 23:50 h. entra en el Congreso el general Alfonso Armada, tutor del rey Juan Carlos en su gestación como jefe de todas las armas.
Resultado de imagen de discurso del rey en el golpe de estado   Hora y media más tarde será este último, en retransmisión televisada desde La Zarzuela, quien apele a su autoridad para que cese el Golpe. Lo que entonces pareció un gesto heroico y decisivo para asentar su papel como monarca referente en la Transición, fue transformándose, a medida que iban surgiendo nuevos datos sobre la cuartelada, en dudas y teorías sobre cuál fue realmente su papel (hoy ponen en boca de quien fue su jefe en la Casa Real, el general Sabino Fernández Campos, cierta implicación del monarca, o naturalidad incomprensible, ante los hechos que se estaban produciendo). Inmediatamente a la retransmisión Armada abandona el Congreso. A las 5:45 h., Milans del Bosch anula el estado de excepción.
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Word Press.
   Son las diez de la mañana del 24 y salen las diputadas del Congreso. A las 12:15 h. los últimos diputados. La Democracia vuelve a la calle. ¿O no? 
  Los guardias civiles y militares que quedan dentro de las Cortes van entregándose a sus compañeros de armas. Luego vendría el juicio en el que no se aclararían totalmente los entresijos de la trama y sus instigadores. El ejército como institución siguió su rumbo, con sus luces y sombras. Vino su profesionalización, en el 2001, bajo el gobierno de José María Aznar, con el Partido Popular (PP). Se avinieron sus mandos al poder civil, pero siguió la opacidad en los cuarteles, como denuncia el ex-teniente Luis Gonzalo Segura en Un paso al frente (2014), por lo que cumpliría por ello varios meses de arresto y pérdida de destino y empleo. Habla de "casta" con privilegios y gasto con dinero público para uso privado. Además, se haría mixto y surgirían denuncias de otros/as militares, por sufrir acoso sexual y laboral (confirmado por casos como el de Zaida Cantera sobre un mando. El Tribunal Militar Central identificó entre 2004 y 2015 un total de ciento setenta y cuatro denuncias relacionadas con distintos tipos de acoso). 
   El terrorismo de ETA, argumento notable esgrimido para el Golpe, en 1981, llegó a su final definitivo con el abandono de las armas en el 2011, tras haber sido ampliamente reducido su acción por el acoso policial y social. Utilizado como estrategia política electoralista por los partidos, ha desaparecido de la percepción histórica colectiva lo que, a buen seguro, dejará superlativas lagunas para su análisis y aprendizaje futuro del hecho y sus derivas políticas. Desapareció de la primera línea del debate y asimilación para la ciudadanía, ¿con qué intereses, por qué? En estos meses, determinados políticos del espectro político de la derecha, tratan de sacar un valor añadido, apelando al "no" a la remisión o reducción de penas a los cientos de terroristas encarcelados, en aras de acceder a una gobernabilidad nacional. Partidos, alguno, que tantas veces se aconchababa en el gobierno con el partido nacionalista vasco que frenaba esos puntos de exceso en la condenas.
   Treinta y ocho años más tarde las Cortes han vivido, en este febrero de 2019, la no aprobación de los presupuestos de un gobierno fruto de la primera  moción de censura a un partido en el gobierno. El presidente Mariano Rajoy, del PP, perdió la presidencia ante Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con el apoyo por parte de Unidos Podemos y el apuntalamiento de los nacionalistas vascos -que tan sólo unos días antes apoyaba al partido en el gobierno en los Presupuestos generales-, y catalanes (en pleno auge independentista). Moción tras la primera sentencia contundente sobre la corrupción del "Caso Gürtel", que hundía del pleno la línea de flotación del PP, rodeado por casi todo el país con una corrupción institucionalizada en casi todas las esferas de lo público. 
   En la crisis con los nacionalismos, la crisis catalana es el centro del debate y la carga del discurso contra el adversario. El nuevo líder del PP, Pablo Casado, con tentáculos en el expresidente Aznar, acusa de “traidor e ilegítimo” al actual presidente, por el intento de diálogo, y hasta supuesta negociación oculta, con los independentistas, sin acto de contrición de que fue su propio partido en el gobierno quien obvió y rechazó atajar y cauterizar el problema hasta llevarlo al enquistamiento de crisis perenne actual.
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         Algo parecido le ocurre a la Iglesia, a la que este aniversario del 23F le ha "cogido", pidiendo perdón al propio Papa Francisco, por los casos de abusos sexuales, extendidos a nivel mundial. Un perdón que no conlleva una apertura a que los casos se lleven por la vía de los tribunales no eclesiásticos y de expedientes todavía ocultos en la propia Iglesia.
   En el marco de la economía, la crisis es estructural, la brecha entre ricos y pobres, salarios y pocos yacimientos de empleo es desconcertante y pesimista. La convocatoria de nuevas elecciones al Parlamento nacional llegan tras la devolución de los presupuestos al gobierno socialista, presupuestos que, sobre el papel, eran de largo alcance en lo social y beneficiosos para Cataluña y País Vasco. 
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante su intervención en el pleno del debate de las enmiendas a la totalidad del proyecto de Presupuestos Generales del Estado que ha arrancado este martes en el Congreso.
María Jesús Montero,
ministra de Hacienda. SER.
   A pocos días de otro ocho de marzo, que se espera "caliente", se visualizó, en el debate de aquellos, varias parlamentarias que brillaron con luz propia por encima de sus líderes. la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, destacó el boicot de los independentistas catalanes por demandas, a todas luces, imposibles, como la actuación del gobierno sobre el poder judicial ante el juicio del Procés por el referéndum ilegal y la proclamación de la república catalana (pesa la acusación por los delitos de rebelión y sedición a miembros del Partido Democrático de Cataluña (PDCAT) y Esquerra Republicana (ERC), momento de mayor crisis en la historia reciente del país, pues el partido en el gobierno, el PP aplicó aquellos meses de hace ya más de un año, el art. 155 por el que se suspendía el gobierno de la Generalitat. Del otro socio de gobierno del PSOE, IU/Podemos, la portavoz en el Congreso, Irene Montero, lidera la presencia en los medios y descarta que su pareja y líder de la formación, Pablo Iglesias, deje de disfrutar su permiso de paternidad. 
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Ada Colau. Alcaldesa de Barcelona.
El Mundo.
   En la formación de Ciudadanos, Inés Arrimadas sigue las claves de su asesor de imagen: no importa la confusión en los mensajes mientras se presenten atractivos y con "enganche" ante una opinión pública que no destila precisamente criterio (también tienen resonancia mediática las alcaldesas de Madrid y Barcelona, Manuela Carmena y Ada Colau a las que cuesta mucho hacer visibles sus proyectos de habitabilidad y mejora en lo social en sus respectivos Ayuntamientos). 
   Esto dice mucho del "enganche" y avance real del movimiento feminista, de la presencia clara de la mujer en la primera línea de la política. La abortada modificación de la Legislación Laboral, que instauró el PP, ha terminado por cuartear el acceso a una contratación y salarios mínimos que, se sigue saldando con la salida de aquellos y aquellas jóvenes mejor formados para otros países, y los yacimientos de empleo no se amplían más allá del sector servicios. La mujer sigue discriminada en salarios y acceso a puestos decisorios.
   La clase política, igual que el país, está tocada. No acierta a hacer propuestas esperanzadoras y sobre los temas que realmente preocupan a los ciudadanos: paro, sanidad, educación, vivienda… Los partidos no reaccionan ante las sentencias de corrupción, y se abren nuevos fangos como los protagonistas de las escuchas del comisario Villarejo al entorno del rey, ahora emérito, Juan Carlos, o para el BBVA en la lucha por el control del emporio bancario… El ínclito, y a punto de ser presidente del gobierno, Rodrigo Rato, en la cárcel después de haber sido ministro de Economía y presidente del Banco Mundial; amén de los casos sobre los ERE que afectan al PSOE en Andalucía donde, por cierto, la alianza de PP, Ciudadanos y la extrema derecha en VOX, acaban de desplazar al mismísimo PSOE de Susana Díaz. Todo ello  hace que se disparen las alarmas para que la horquilla entre derecha y extrema derecha, con más que posibles alianzas, generen un marco en el Parlamento de la nación, hasta aquí desconocido. No sería por la presencia de principios ideológicos marcados y rozando casi lo inconstitucional, sino por la visualización ahora diáfana de discursos que nadie imaginó que visualizaría un ataque tan directo a logros democráticos como pueden ser la diferenciación de territorios, el aborto, o la igualdad entre sexos. Sobre esto último preocupa, y mucho el ataque a los observatorios sobre Violencia de Género, hasta llegar a una lucha encarnecida en las redes donde ha resurgido o se plasma la misoginia latente, a llegar a la "lucha de sexos", hasta el insulto de "locas del coño" y "feminazis". Preocupa, por tanto, hacia donde van las masas, hacia donde va la ciudadanía y su capacidad de reacción.
   Como dice la escritora Diana López: “… me di cuenta de que yo ya era feminista mucho antes de que Gallardón me cabrease; de que probablemente ya lo era cuando, jugándome un zapatillazo, le decía a mi madre que no me daba la gana recoger el plato de mis hermanos. Cuando después de negarme a besar a un chico de clase, él me empujó contra la pared de la discoteca y me amenazó diciéndome que no se me ocurriera decírselo a nadie porque tenía novia y todos me odiarían por provocarlo. Cuando, con dieciocho años, rompí unilateralmente las relaciones con mi pandilla del instituto por lo molesto que me resultaba que llamasen «cerdas» y «zorras» a todas las chicas que no les caían bien. O cuando recordé lo mal que me había sentido después de no denunciar a aquel imbécil que se propasó… Porque, al final, el feminismo no es más (ni menos) que una bonita forma de acercarse a la felicidad. Me preocupa que este no sea país para coños.” 
   Al menos hoy, pero no sabemos hasta cuando, saldrían, según los sondeos, más mujeres del Congreso que aquella mañana del 24F, y menos de voces cuartelarias. Pero a la esquina vienen el 8M, el 28A y el 25 de mayo. Fechas de reivindicación y de acudir a las urnas. Luego veremos qué queda de todo esto, y cuanto vuelve de aquello.