martes, 28 de abril de 2015

Paseo de los Tristes, por donde corre a esconderse
el Douro
bajo la Alhambra. Juan Vida (1996). 
www.granadablogs.com

Miradas

El oro oculto a la sombra de la Alhambra

   
“Dicen que en ella resisten
fusiles de la esperanza.
Hoy me pueblan el deseo
su promesa y su batalla,
hoy puede ser que comprendan
por qué soy ciego en Granada…”.
   
   Paseo de los Tristes III (1982), Javier Egea.


   Es medianoche pero los trinos de los pájaros acompañan el tímido gorgoteo del Douro -río del oro, ahora Darro-, bajo la penumbra de la Alhambra. 
El Albayzín al atardecer. canalviajes.com
    De enfrente caen voces iris en cascada con arpegios de guitarra; es el Albayzín, el barrio que la luz del sol de invierno tamiza en azules el encalado de sus casas; donde el hechizo traza las hechuras de una niña a la que una gitana lee su mano y le predice que será reina (es Eugenia de Montijo, nacida después de un terremoto, y luego esposa de Napoleón III; Juan Valera diría de ella que "su esposo será mártir de esta criatura celestial", no equivocándose mucho pues en varios momentos de regencia dio muestras de un juicio político visionario y avanzado, y que, como a tantas mujeres. no se le ha destacado lo suficiente).

   A la falda de ese laberinto de calles y cármenes como vergeles, nacieron las "Escuelas del Ave María" del padre Andrés Manjón, una Escuela Nueva a principios del siglo pasado. Escuelas al "Aire Libre" que se adelantaron a Alemania y Gran Bretaña. Niños y niñas, desde los tres años, jugando "..., se libran de los peligros de la calle, y libran a sus madres del trabajo de cuidarlos, dejándolas en libertad para buscarles el pan. Ellos son los preferidos para todo, y con ellos paso los ratos más agradables de mi vida", decía aquel granaíno por adopción. Educación sensorial, musical, el juego como método natural, "... de nada sirve el mucho enseñar, si no es el alumno quien aprende"; ¡cuán lejos de la "reforma" de Wert!
   De un campanario cercano titilan cientos de cirios rojos y sus campanas avivan el penúltimo sentido con el aroma de azahar mezclado con el incienso de la iglesia. En sus capillas se rezan novenas semanasanteras mientras jóvenes se colocan sacos al final del cuello para sacar los pasos; ellas se recogen el pelo para cereras o mantilla con tacón negro largo. 
  El llanto de los clarines se funde con salpicados de tacón sobre un tablao, es un decir, hasta enterrar al Douro en la Plaza Nueva donde un grupo "okupas", con recipientes reciclados del plástico, recrean ritmos eternos de jazz; un equilibrista arriesga un par de mortales sobre el suelo marmóreo mientras una fémina juega con fuego en tirantes malabares. 
   Al girar la cuesta Gomérez se escucha el rumor del agua cayendo jardines abajo de los palacios nazaríes. En el arco de la Puerta de las Granadas los ecos suaves del Hang. Arriba, a la derecha, un antiguo convento de monjas para la beneficencia es hoy el centro de menores “Ángel Ganivet”. Un venir e ir de rostros jóvenes del color del betún, cuerpos casi adultos y voces a veces agrias por un mal aire de los pegamentos que les estrangulan la conciencia a su vida maldita, que les hacer verter su agresividad con quienes tratan de darles un pasaporte hacia la dignidad. Algunos de estos parias del siglo XXI no tienen más papel que el que un mafioso les hizo al otro lado del estrecho, camino del paraíso de sus antepasados, para ser carne de esclavo. No es el cementerio marino del Mediterráneo como Lampedusa (Italia), pero en ambos confines el poder se excusa en tomar medidas. Los muertos todavía no raspan las orzas de los yates de los magnates. Nos dicen los hipócritas de la política europea que ayudar a estos apátridas obligados sería incrementar el efecto llamada. ¡Cómo se nota que los goznes de sus puertas y las de las sedes de sus partidos, sin escrúpulos, están salvaguardados por perros guardianes y patrulleras antipateras! 
Ángel Ganivet, por José Ruiz.
   En ese centro se sufre el espejismo de ver pasar el atardecer, rojo carmesí, entre las torres bermejas y los nervios oculares sanguinolentos de aquellos jóvenes que algún día lloraron por ver que no tenía vuelta atrás su tragedia. Isidro, un educador que enseña la capilla de María Auxiliadora entre el contraste de la riqueza y adorno de antaño y los pasillos vacíos de mobiliario, por destrozado, murmura que menos mal que estamos en vísperas de elecciones y lloverán las ayudas, y que los próximos “sin papeles” podrán volver a tener médico, aunque no se sabe si también medicinas. Decía Ángel Ganivet (Granada 1865, Riga- Letonia 1898), que "El ideal de todos los españoles es que llevasen en el bolsillo una carta foral con un solo artículo, redactado en estos términos breves, claros y contundentes: "Este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana", que en eso se nota el individualismo patrio y también parte de la reflexión antes de acercarse a las urnas. También, y pensando en personas anónimas como Isidro y su apoyo a los seres venidos de otras tierras en busca del pan, que en la memoria de los hombres, los grandes humanistas, los pensadores, los que trazaron el bien, muy pocas estatuas tienen, frente a los héroes de la guerra o de la política. Seguro que esta residencia le habría amainado parte de la locura que le hizo arrojarse al río Dvina (actual Letonia). Hoy se hubiera lanzado al Mediterráneo oscuro y denso de tanto cuerpo hundido por la miseria humana.
   A muy pocos metros del centro de acogida de menores, subiendo una leve cuesta, está el “Carmen de los Mártires”, antiguo convento, donde Juan de la Cruz fue prior y dicen que compuso su Noche oscura del alma (1586):
En mi pecho florido
Que entero, para él solo, 
se guardaba.
Mi bien quedó dormido.
Y yo le regalaba
Y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
Cuando ya sus cabellos esparcia
Con su mano Serena, 
En mi cuello hería
Y todos mis sentidos suspendía.

   Siempre los versos de este poeta nos sirven para lo humano y lo divino. Ahí están aquellos de Llama de Amor viva: "¡Oh llama de amor viva,/que tiernamente hieres/de mi alma en el más profundo centro!;/pues ya no eres esquiva,/acaba ya, si quieres;/rompe la tela de este dulce encuentro...". Del misticismo enmarcado para Juan de la Cruz, Ganivet decía: “…no es más que la sensualidad refrenada por la virtud y la miseria. Dadme un hombre sensual, apasionado, vicioso y corrompido; infundámosle el sentimiento doloroso, cristiano, de la vida, de tal suerte que la tome en desprecio y se aparte de ella: he aquí al místico hecho y derecho; no el místico de cartón que el vulgo concibe, sino el de carne y hueso, el que llega a genio y a santo” (“Nuestro carácter”, de Granada la Bella, 1896). 
   Estar en Granada y no ir de la mano de Ganivet es casi perjurio. Agudo, visionario y profundo, en Idearium español (1897) dejó entrever el mal que luego plasmaron los intelectuales y escritores de la "Generación del 98". La crisis esclerótica del país tenía una causa: la abulia. Una enfermedad que sentimos en nuestras carnes que se ha convertido en crónica, salvo algún paréntesis de lucidez como fue la Segunda República y que hoy se refleja en el discurso de los políticos, huero y banal, y de una ciudadanía que va poco más allá de movilizarse tímidamente en defensa de unos derechos desterrados, muy poco preocupada en armar de contenido el futuro poniéndolo en manos de aquellos. 

   Y como predijo Ganivet, los pueblos reconocen y ensalzan a personajes como aquel que fundió en molde el vallisoletano José Zorrilla en su Don Juan, toda una enciclopedia del ser más vivo de este país, embotado y pendenciero sin límite ni razón (de daga y virgo, de tasca y vino, que sube a cientos de tablas cada año en vísperas de difuntos, ideal completo si la hacienda y la fama engorda a cualquier precio). 
   Bajando de nuevo hacia el Darro, nos perdemos en la laberíntica casa, hoy Fundación, del artista José María Martínez Acosta (1878-1941), un "topo" del Arte después de ver la fuerza imparable de las nuevas corrientes en el París de principios del siglo XX. Aquí levantó columnas y arcos en los túneles de la Alcazaba, trazó paseos cargados de simbolismo entre el Amor y la Muerte con copias de arte italiano y frisos clásicos y cuidó de su amante y su hijo en un rincón del “castillo”, cuando el divorcio estaba prohibido. Acosta erigió balcones babilónicos con estructuras simétricas, sublimó su mundo paradimensional e intelectual entre limoneros y naranjos. El agua corrió un velo a su tragedia y se cerró al mundo en el cráneo de su belleza (Psiques, Baco y la bella Diana pasean entre cipreses). Ahora alberga las estructuras de metal y naturaleza muerta de Carmen Laffón, amiga íntima de Fernando Zóbel, que también reparte otras obras en el palacio de Carlos V donde sus cuadros son un salto al vacío en sí misma alejada de todo concepto.
Orilla del coto desde Bonanza.
Carmen Laffón, (2013-14).
www.hoyesarte.com
  Al ver la belleza de la naturaleza de sus óleos se percibe el principio y el fin del espejismo que es la vida, como la tragedia de la Alhambra. Hasta hoy resalta como lugar de ensueño y placeres. Pero ¿cuántos muertos, sangre y lágrimas se llevaron los tesoros del palacio?
La salida de la familia de Boabdil de la Alhambra (1880).
 Manuel Gómez Moreno. Museo Bellas Artes. Granada.
     Muhámmad XII, Boabdil el Chico, la entregó  a los Reyes Católicos quedando como traidor para los suyos, a los que salvó de la muerte que le precedía, según sus leyes internas. Aquellos que hoy la siegan en nombre de no se sabe qué más allá, más les valiera hojear las páginas de la historia ocultas a sus ojos, como aquélla.
   Boabdil lloró, aún siendo rey, al volver la vista hacia Granada camino del destierro, mientras su madre, la sultana Aixa, le recriminaba: "Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre". Iba camino de las Alpujarras, donde luego Gerald Brenan con su Al sur de Granada, vivió un exilio voluntario que le zurció la urdimbre de literato. Este viajero inagotable vivió el alma ácrata de los lugareños de principio de siglo XX, muertos de hambre, seguidores fanáticos del pan y el agua, hoy menú típico de patatas con huevo roto y jamón, morcilla y lomo, a lomas de pueblos blancos aferrados, lapados a montañas que no tiran la toca blanca de la nieve hasta que suenan los tambores y clarines en Semana Santa, de saetas, lágrimas y ropajes con capuchones (un pobre de aparente solemnidad llora, como si tuviera una célula fotoeléctrica, al paso de un feligrés y ceja para volver a lagrimear y quebrar la voz con el siguiente; tiene el bagaje, según los lugareños, de más de treinta años, es el pícaro de la nunca caduca España, que como dice Ganivet debería ser la mitad rica, la otra pedigüeña de profesión y todos contentos). Brenan nos contó su visión del porqué de nuestra guerra civil, y entre otras lúcidas conclusiones aduce la enorme división entre los que ostentaban la riqueza y un pueblo arrinconado a la miseria y la plegaria. Un polvorín que saltó por los aires por la falta de miga de pan.
   Dice el populacho que los granaínos son gente de “malafollá”. Yo sin embargo no me he encontrado más que gente amable y sonriente, con ganas de escuchar y guiar al viajero. En una vieja librería, bajo una bóveda de cañón por techo, una mujer se lamentaba, “nuestros jóvenes se quieren marchar, y las más de las veces a la fuerza por quienes vienen de fuera, se enamoran de Graná y se quedan”. Es la cara oculta de la Alhambra, que todos persiguen verla, a la que distraen con palmas y saetas. Sufrimiento y muerte se agita entre sombras desde hace siglos tras las murallas. Jardines donde brotaron las lágrimas que se convirtieron en oro al besar la piedra. Belleza y tragedia, como la del Douro que se esconde como vena bajo la piel morena de la hermosa y enigmática, todavía para muchos, Granada.

viernes, 27 de febrero de 2015

Miradas

Pasiones y marrullerías.
Carnavales desde la ribera del Oba

"Tengo celos de mis ojos, de mí toda,
de ti mismo, de tu tiempo y lugar.
Aún grabado tú en mis pupilas,
mis celos nunca cesarán..." Wallada.
   Cae la noche en el campo de los Santos Mártires de la ciudad, Kart-Oba, Córdoba, que cautivó a fenicios en sus incursiones mercantiles a través de su majestuoso río, el Oba (Guadalquivir). Un templete protege el pedestal que sostiene unas manos y los versos de dos enamorados, Wallada bint al-Mustakfi, en árabe ولادة بنت المستكفي, hija de uno de los últimos califas de sangre omeya con una esclava cristiana, y de su amante, el poeta Ibn Zaydun. Dicen que Wallada se enamoró de otro al que el poeta escribió una carta como si fuera la propia princesa. Wallada lo llamó degenerado, ladrón... Antes, en la pasión, se habían dicho:
"Tu amor me ha hecho célebre entre la gente.
Por ti se preocupan mi corazón y pensamiento.
Cuando tú te ausentas nadie puede consolarme.
Y cuando llegas todo el mundo está presente". 

                                          Ibn Zaydun.
Escena de La puta enamorada,
dirigida por Jesús Castejón.
www.teatrocordoba.org
   Diez siglos después, un viernes 13, vísperas del día de los Enamorados en pleno Carnaval, muy cerca de la plaza de las Tendillas, el Teatro "Luis de Góngora" cuelga el cartel de La puta enamorada, de Chema Cardeña; un título malsonante para una historia de amor en el Madrid de los Austrias. 
Retrato atribuido a La Calderona, del Museo de las Descalzas Reales (Madrid).
Retrato atribuido
a La Calderona.
Museo de las Descalzas
Reales (Madrid).
   María Calderón, “La Calderona”, amante de Felipe IV y cómica de las corralas, enamora al maestro Diego Velázquez que debía hacerle un retrato por encargo del mismísimo monarca. La lucha por salir de la miseria en un mundo de pícaros y rufianes se convierte en tragedia. Quizás haya, posiblemente, parte de lo real, pero en la obra hay mucho de reivindicación de libertad y valor de la mujer en un mundo dominado por el hombre. 
Venus del espejo (1650), Diego de Velázquez.
Otro amor del pintor en su segundo viaje a Italia.
   Velázquez quiere pintarla desnuda algo inaudito en esa época en España. El reto le devuelve el entusiasmo por su trabajo ya rutinario como su matrimonio fracasado. Ella es franca en su huida del hambre. Detrás de todo el miedo. Miedo por enfrentarse al poder real por arrebatarle lo más ansiado, y miedo porque sus ideas chocan con una Inquisición reventadora de cuerpos y almas. Religión, iglesia, dogma, poder real... Pero los tiempos cambian, ¿o no?
   Al otro lado de la ciudad vieja, en la plaza de Capuchinos, más conocida por el Cristo de los Faroles, un centenar de jóvenes apura el último trago de cerveza antes de liarse el fajín de tela a los riñones y ceñirse a la cabeza un tela de saco enrollado hasta la frente, como si de antiguos esclavos egipcios se tratase.
   Son los costaleros de la Hermandad de La Paz que, bajo la mesa, como llaman el entramado de vigas que sustenta las imágenes, sincronizan minúsculos pasos guiados por sus capataces. Pasan a milímetros de fachadas, balcones y farolas por el laberinto de calles estrechas. Sus parejas disparan sus móviles para el álbum universal, nada es privado ya, y los vigilantes cósmicos dilucidarán por sus rasgos, en millonésimas de segundo, si se larvan indicios terroristas, en una búsqueda desesperada de los túnicas con cuchillos largos que cortan cabezas e imponen el terror a no muchos kilómetros de esta mítica ciudad cruce de culturas y sortilegios religiosos.
Guadalquivir y al fondo la Mezquita/Catedral.
commons.wikimedia.org
   Pasada la media noche la procesión llegará a la catedral, antes mezquita, símbolo del poder y la riqueza cultural de siglos de convivencia religiosa en lo icónico y mágico (un pasquín semienterrado recoge que el expresidente José María Aznar modificó la Ley Hipotecaria, en 1998, para permitir que la Iglesia Católica tuviera potestad de inscribir a su nombre bienes que no están inscritos en el Registro de la Propiedad; es lo que se denomina inmatricular, y que algunos llaman “donación en pago", por los favores que le propinó la institución en la calle ante ciertos asuntos políticos conflictivos (como aborto y terrorismo). Una chirigota de cinco jóvenes -armados de sombrero, guitarras y bolsas de supermercado-, ironizan con ingenio, en la esquina que baja al puente, la venta a los chinos del mundo entero.
   Mientras, en la capital de la Corte, Madrid, el poder político y religioso comparten mesa camilla. La cónyuge de Aznar, Ana Botella, todavía tiembla a los cursis tacos de sus amigas ursulinas y derrama el coffy ante su ahora jefe de filas, Mariano Rajoy, porque no modificó la ley del aborto para los casos de menores de edad. 
Perfiles de Rouco y Botella.
   Su vecino, el exarzobispo Antonio María Rouco Varela, se limpia algunas migas de galleta anisada de su sotana pulcra e ilustrada, que caen indeleblemente en su "cochambrosa" vivienda de cuatrocientos metros cuadrados al lado de la Almudena (¡buenos inmuebles se está regalando esta jerarquía eclesiástica mientras a los fieles les alzan los pisos con desahucios, para ahora, en Semana Santa, estos tengan cuidado que las andas no rocen los brillantes mármoles de los bancos bendecidos con birrete!). Ahora su eminencia repasa el nuevo currículo de la materia de Religión, recreándose en los "Estándares de aprendizaje evaluables para el alumnado" de Bachillerato y su puntuación de cara a la Universidad, según el apartado 2.1. Reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos y distingue que no proviene del caos o el azar. ¡Casi nada, prodigio de mentes se irán formando! ¡Qué risita sarcástica lanzará el ministro Wert en su despacho!   
Putin, Merkel y Hollande. www. La Vanguardia.com
   Bajo otra mesa, en el extremo de Europa, tiemblan, a esas mismas horas, los juanetes de sus dirigentes, pues se juegan los laureles por el fin al conflicto de Ucrania. Junto al cherif USA plantan cara al bravucón Putin, el nuevo zar de una Rusia con aires bélicos ultramontanos. El frágil acuerdo de paz, con tres días para su puesta en marcha, supone de facto un sinnúmero de muertos a costa de dejar banderas lo más cercanas al corazón de los ucranianos. Una vez más la sensación amarga de que los largos años de paz interna y sumisión de la vieja Europa a los EEUU le habían cortado las zarpas de viejos bárbaros indómitos, regurgitaba en las entrañas de una joven bachiller, inmigrante en esta España multicultural, a la que este impasse carnavalero, le revolvía las tripas y le avivaba el deseo de ser diplomática denunciando, quizás, que una nueva sabia es necesaria en las mesas petitorias de paz (todos los hombres de su familia se encuentran en el frente ucraniano).
   Pero no todo es gris y muerte. Al otro lado del Atlántico, donde desemboca el Oba, en la aparente calma de la huidiza revolución bolivariana, cientos de jóvenes, vestidos con aires europeos y pocas telas indígenas, se manifestaban ante una cadena de televisión para que volviera a emitir los Simpson en el horario habitual. Las costumbres son las costumbres, y el humor, con cierta crítica ácida, embotellada en un discurso político no muy incorrecto y venial, se convierte en la reivindicación principal, por unas horas, en las redes virales, haciendo olvidar la difícil realidad de un pueblo que sigue resurgiendo de las cenizas. Estos gritos tienen mayor eco en nuestras televisiones que los momentos cruentos de las luchas a muerte de los allí débiles, todavía. Todo va muy deprisa. Parece que el pánico, tras el horror de lo acaecido a la publicación Charlie Ebdo, ha pasado. 
Lluvia de Cer2. Galería "Creta Arte".
   El edulcorado cinismo del arroz tres delicias de la familia amarilla arrasa. No sabemos si algún eslogan colgaba “Todos somos Simpson”, aunque visto lo visto quizás no esté tan mal otros veinte años más de serie, que dicho sea de paso es de lo más sugerente ante tantos programas destripacerebros en las teletontas, donde lo terminal no alcanza más que a sentarnos alrededor de la mesa-camilla para terminar de hacernos una paja mental que nos atonte hasta el día que vengan los de Finisterre a postrarnos entre cuatro tablones de pino y fundirnos en un santiamén. Quizás es que no tengamos en el cerebro, a estas alturas, más que resina, o grasa de cerdo.
    Así que con este trajín, mezcla de rojos corazón y chirigotas, no nos llegaban nítidos los gritos de cientos de seres desesperados que siguen demandando justicia y que lleguen las medicinas que frenen a la parca que les estruja las entrañas. Son los enfermos de hepatitis C  que reivindican su última oportunidad ante el inescrutable paso de las agujas del reloj, y no pueden esperar a que los partidos políticos se aclaren en las listas de sus candidatos ante tanta cita electoral prevista este año. Quienes aún gobiernan deben aplacar este mal, y otros males que han diezmado de moral a millones de seres, castigados a la pobreza de todo tipo, durante los cuatro años que ahora se les terminan. 

www.publico.es
   Que no engañen bajo otra careta, como ahora se ha visto en el debate sobre el "Estado de la nación", con una lluvia de promesas, y entretenimientos varios de paso, jugando con una tablet, y que a buen seguro logran aplacar la memoria de algún débil hambriento. Veremos nuevos y viejos rostros en las mesas de los albergues departiendo con personas sin hogar, comer un caldito y pollo embarrado, para luego correr a sus sedes para pegarse el festín aplazado por unas horas y saltar a las mesas futuristas de los medios precavidos en afianzar sus líneas editoriales (fíjense en lo más debatido tras las sesiones, el jueguecito de la diputada Celia Villalobos, qué casualidad). 
   Como dijo el cordobés Luis de Góngora en unos versos de Cuando pitos flautas: 
   Da bienes Fortuna/que no están escritos:/ cuando pitos flautas,/cuando flautas pitos. ¡Cuán diversas sendas/se suelen seguir/en el repartir/honras y haciendas!/A unos da encomiendas,/a otros sambenitos./Cuando pitos flautas,/cuando flautas pitos... Porque en una aldea/un pobre mancebo/hurtó sólo un huevo,/al sol bambolea,/y otro se pasea/con cien mil delitos./Cuando pitos flautas,/cuando flautas pitos.
   Pues así andamos, entre pitos y flautas. Menos mal que el poeta también nos dejó rastros de pasión amorosa en su Manda Amor en su fatiga; eso sí, con cabeza, echando ya entonces en falta lo que ahora nos merman:    Manda Amor en su fatiga/que se sienta y no se diga;/pero a mí más me contenta/que se diga y no se sienta. En la ley vieja de Amor/a tantas fojas se halla/que el que más sufre y más calla,/Ese librará mejor;/¡más triste del amador/que, muerto a enemigas manos,/le hallaron los gusanos/secretos en la barriga! Manda Amor en su fatiga/que se sienta y no se diga;/pero a mí más me contenta/que se diga y no se sienta.

   Pues que no callen bocas, que besen, y se sientan.

martes, 3 de febrero de 2015

Miradas

No importa
Zaida Escobar observa los rostros en su cotidianeidad.
Le interesan los gestos, y los matices.
  No importa otro desahucio más cuando cerca de cuarenta mil millones de euros llegaron a Bancos y Cajas de Ahorro; y es que tan poco crédito tienen ya las palabras...
 No importa cuántos Anónimos mueren en los pasillos de los hospitales amontonados; como miles de estudiantes en aulas atiborradas (con que balen y rebuznen en un segundo idioma, se comenta en los despachos del Ministerio). Llegó la hora de cerrar la Universidad a los menesterosos y pobres de bolsillo. El Máster ha desbancado a la Razón y la Crítica.
   No importa que estas generaciones se hundan en el analfabetismo, tremendamente consumista, alienada en la torpeza por las basuras telemáticas y  atolondrada por las nuevas tecnologías con usos pueriles. 
 No importa que la violencia no haya desaparecido en las casas contra las mujeres, ni de los hijos "Nini" contra los padres, ni en las calles, ni en las comisarías; los observatorios y medidas sociales cuestan un pico, y ahí está la crisis para cerrarlos.
    No importa, eso sí, que se instaure de forma subrepticia la cadena perpetua en cárceles bajo eufemismos de "condena revisable", si hay alguien que cree en la reinserción. La tinta azul y "decolorada" de acuerdos contra el terrorismo  se seca lejos del rojo fuerte que cae en las concertinas del sur, donde se practica el "desahucio" vital con palos y fusiles que suenan en la noche al otro lado de la valla. No hay tinta para mojar talonarios que ataquen de muerte al hambre y el terror que los empuja allí en sus casas.
Instinto.
   No importa que las siluetas espeluznantes de mujeres vestidas de negro de cabeza a los pies en determinados países islámicos se perpetúen; pero cuando una mujer negra, Michelle Obama, se niega a llevar el velo en una recepción por aquellos lares... Dicen que tiene poder, como tantas otras que también lo hicieron (hasta la exministra Mato, miren), pero la estupidez con la que algunos medios americanos critican este insignificante, pero importante, detalle que aliente lo humano y venza al miedo no ha tenido mesura. 
   No importa que el paro se haya enquistado en esta sociedad (cuatro millones y medio de personas en las encuestas, sin contar las que se fueron y las que no acuden ya a la ventanilla); el gobierno inyecta mensajes intravenosos sobre el furor de las bolsas y la macroeconomía. A las colas de las oficinas de empleo, y a los rendidos en las avenidas en cartones, los sin techo, flamantes vehículos millonarios de cristales oscurecidos los "gasean" con humos edulcorados.
   No importa que otro olor a gas y crematorio se extienda aniversario tras aniversario del campo de concentración de Auswitch y del horror nazi; los presos españoles en aquellos campos de exterminio, republicanos exiliados tras la guerra civil, no fueran reconocidos por el dictador Franco, dijo que no eran españoles, ni por los sucesivos gobiernos tras la instauración de la Democracia, miraron para otro lado.
   No importa el mensaje, o sí, cuando este va hacia la emoción, sin tener en cuenta las ideas o los proyectos. Hay tanta rabia, desde hace tanto tiempo, que es necesario vocear a la Utopía. En los próximos tiempos subirán muchos juglares a las tribunas. Habrá masas aplaudiendo. Alguno hasta se hará bufón del rey.
  No importa, es el título de una serie de relatos de Agota Kristof, (Hungría 1935, Suiza 2011), autora también de El gran Cuaderno, una trilogía estremecedora sobre la violencia y la vacuidad humana. No importa es la suma de seudopoemas que juegan entre el absurdo y la fantasía, sobre la inanidad de una vida adulta y la búsqueda de la niñez.
   No importa quienes seamos. Cuando buscamos refugios contra la indolencia, banderas contra la injusticia, y se quiere abrir una rendija a la esperanza, no sobra nadie.

P.D.: Obra de Zaida Escobar. http://zaidaescobar.blogspot.com.es/
Los interrogantes que disparan sus trazos crecen por encima del texto y simbolizan la rabia y la fuerza que guarda esta artista nunca indiferente con la realidad.

miércoles, 7 de enero de 2015

Miradas
Rinocerontes, cucarachas y los fascismos en los "biopics" al uso


La Máquina de Alan Turing
aparece en sus escritos de 1936.
 Aplastado bajo múltiples pensamientos contrapuestos, tratando de asimilar tantas cuestiones sobre la condición humana como la sexualidad, las relaciones del poder, la fragilidad con la que caen las creencias más elementales, la cara oculta de la verdad misma..., no puedo levantarme de la butaca de la sala. Acabo de ver The Imitation Game, la película de Morten Tyldum basada en parte de la biografía (biopics) del matemático inglés Alan Turing (1912-1956). Una juventud difícil y al mismo tiempo trágica que se combina con los años en el grupo de Bentcheley Park, que trabajó en descifrar a Enigma, la máquina que generaba los códigos alemanes para desarrollar los movimientos de tropas e información sensible durante la Segunda Guerra Mundial. 
   Basada en la obra del también matemático, pionero en los años 70 del movimiento de liberación gay, Andrew Hodges, Alan Turing: The Enigma (1992), el fondo que me trasluce el film es la gran mentira en la que debe entrenarse el ser humano para sobrevivir a la jungla de las pasiones que van desde el desasosiego por el amor prohibido a la más despiadada guerra. La historia que envuelve es sencillamente desgarradora. En constantes e intensos flashback vemos gradualmente a un ser caer extremadamente inteligente en la más absoluta soledad, para luego refugiarse en el propio efecto vitalista y creador imparable de su cerebro. Cuando al final se suicida, después de la anulación de su sexualidad en una sociedad represiva, nos produce la tentación de compararlo con el creciente recorte en las libertades que se están sufriendo en gran parte del planeta, arrogándose unos pocos el poder de aquellas divinidades griegas, las Moiras, que hilaban o cortaban la vida de los hombres. Ahora, de nuevo, me sobrecoge la idea de que no supimos desenmascar el devenir de fascismos más allá de los uniformados por Hitler.
   Si Robert Harris fantaseó en Patria con una Europa nazi después de la guerra, la ucronía se vivió tras los escombros y cenizas en los que creían que habían reducido las esvásticas, en las leyes explícitas o morales en la vida de Turing en Gran Bretaña y no digamos resto de Europa y otras fronteras. El matemático evitó casi veinte millones de muertes, pero sucumbió a las fauces de los "previsibles", como remarcan varios diálogos de la cinta, por su homosexualidad no consentida; después de rebajarlo a matar su libido con la química que agotó su cerebro y su sentido vital. Tras fracasar en el Amor se había convertido en un marginado; si había creado la plataforma sobre la que vendrían nuestros actuales procesadores que ahora nos circundan, no pudo expresarse en un lenguaje que le hiciese comprenderse por el resto de los miedosos a la diferencia. El nazismo campó después de vencido, sin esvásticas; aún hoy se regenera en mentes anodinas, mentirosas y mediocres, no en aquéllas lúcidas y realmente útiles para una humanidad a la que le resta muy poco de llamarse así, mentes simplemente sensibles a otros mundos posibles pero inaceptables para los poderosos carnívoros de hombre libre (bajo otras intolerancias esos carnívoros han matado hoy a varios creadores del semanario crítico y humorístico Charlie Hebdo en París, a los que va mi más sentido reconocimiento y pesar; la variante repugnante de las Moiras Átropos que cortaban con sus "detestables tijeras" la hebra vital, aquí tratando de imponer la censura total. Sin olvidar la condena excesiva y humillante sobre Raif Badawi que recibirá mil latigazos, cincuenta semanales, en Arabia Saudí, por haber creado un blog que las autoridades consideran ofensivo hacia el Islam).
   La terquedad y seguridad personal hizo que Turing venciera el escepticismo, el despecho y la arrogancia de los poderosos. La rebeldía o fragilidad, según el espectador, del personaje Bérenger de Rinoceronte, de Eugéne Ionesco (1959), tres años más tarde a la muerte de Turing, también vaticinaba, o denunciaba, otras masas informes alrededor del poder de la manada.
   Una extraña enfermedad convierte en rinocerontes a los habitantes de una ciudad. Nuestro protagonista, que no quiere parecerse a esos fuertes y aparentemente insensibles animales selváticos, queda sólo, aislado. No le quedan amigos y hasta su amor huye en el último momento. Para Turing y Bérenger el sistema acosa y destruye. Si el primero descifra hasta los sentimientos del enemigo en casa, el segundo se aferra a una personalidad difícil de encuadrar, no accede nunca a la indiferencia del otro, no busca la comprensión y no accede a parecerse a los fuertes, aún predeciendo sus mecanismos y su propio final; parece como si Ionesco hubiérase adentrado en la mente Touring.
Rinoceronte, versión de Ernesto Caballero, 
actualmente en el Teatro "María Guerrero" 
de Madrid. Foto: www.culturamas.es
   Al final, ambos seres acaban solos; el "no me entregaré" que dice al final de la obra el personaje Bérenger, lo habría firmado Turing. Es la Moira Laquésis que une la longitud del nazismo latente en vida de Turing con Metamorfosis.
  El trato de una sociedad de patente autoritaria y burocrática, como añadido, ya tenía antecedentes con visores animalarios. Gregor Samsa, el protagonista de Metamorfosis (1915) de F. Kafka sufre el mal que mata a los hombres, la desconfianza. Si bien había cuidado de su familia, cuando se convierte en insecto(s) -cucaracha en muchas visiones gráficas-, es abandonado por ésta hasta que una criada exclama: "¡Ha reventado!" (¿resonancias en Turing?).
   Quizás con esta frase se resuma lo que los dictadores pretendan. Por eso, Gregor, Berenger, y el real Turing, son repudiados y apartados de los principales salones de palacios y cortes. Como mucho son aniquilados y expuestos en zoos y laboratorios esquinados en universidades.
   Con este año recién iniciado y bien deseado para todos "Año del delfín" por Manuel Rivas, El País (3-1-2015), me sumo a que se reproduzcan estas "personas no humanas" que guiaron una patera en mitad del mar hacia un barco de Cruz Roja hace unas fechas. De los humanos que las hunden sobran hasta el infinito.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Miradas

La ley "mordaza", coloquio entre 

perros, o la importancia de 

llamarse Ernesto (serio)

Mordaza a una estatua de Antonio Lopez
Atocha (Madrid). periodistas.es
    En la escuela de "prietas las filas", "cara al sol" y "con flores a María" algún maestro, egresado de la División Azul, nos amordazaba con esparadrapo o celofán, dependiendo del presupuesto, cada vez que alterábamos el silencio sepulcral del aula. Eso sí debía oírsenos casi atronar, los rezos, el recitado de los reyes godos y demás dinastías a partir de los reyes católicos, hasta llegar al Caudillo, salvador de la patria.
    Pues ahora resulta que el gobierno, del Partido Popular, reparte palmetazos desde el Congreso y el Senado para quienes se interpongan a la vuelta al silencio en las calles donde se ha vivido el mayor ejercicio democrático en masa, tras las movilizaciones predemocráticas en aquel tardofranquismo. Pendiente del paseíllo por el Senado la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, apodada "Ley Mordaza", permitirá multar con 30.000 euros por impedir que las fuerzas de seguridad lleven a cabo un desahucio, por difundir imágenes de antidisturbios golpeando a manifestantes, o por no identificarse a su requerimiento (justo el día que salían las cifras de un nuevo incremento de los desahucios en el último trimestre y cuando se había evitado uno por la solidaridad de cientos de personas ante es domicilio de una inmigrante, inmigrantes muchos que verán efectiva la devolución "en caliente" a la sombra de las concertinas).
   Uno de los argumentos para sacar esta ley es el incremento de violencia en las manifestaciones pero, según cifras oficiales, en 2012 hubo más de cuatro mil en Madrid de las que en tan sólo doce se registraron altercados serios. Haciendo demagogia, si me lo permiten, mientras el ministerio de Justicia no amplía efectivos en la judicatura y, junto con el gobierno de los jueces, pone trabas para limpiar de corrupción el ejercicio de la política, lo cierto es que se incrementarán y agilizarán las multas, tramitándose en el ámbito administrativo, sin intervención judicial, con la consecuente falta de garantías de protección de los derechos de cualquier ciudadano (algunos hablan de la guillotina a la Democracia, pues organizaciones como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea, Transparencia Internacional o Access Info, entre otras, han condenado reiterados incumplimientos de la legalidad internacional y los derechos humanos en el país). ¡Qué contradicción con el número de cargos desparramados desde el poder político, y los sueldos que, en vísperas, se habían publicado en web ante la presión social y de cierto partido emergente y preocupante para el bipartidismo imperante! (Hablamos lógicamente de Podemos y una Izquierda Plural más activa de lo acostumbrado.)
   El insigne Cervantes ya discurrió sobre la mancha de aceite que se extiende por toda la sociedad para asegurar la despensa. Cipión y Berganza, en la ejemplar novela El coloquio de los perros, previenen de uno de los peores males de nuestra cultura, la corruptela (dígase desde los "sanadores" a reyes y advenedizos). Aquí un hilo:
BERGANZA.—Desa manera, no haré yo mucho en tener por señal portentosa lo que oí decir los días pasados a un estudiante, pasando por Alcalá de Henares.
CIPIÓN.—¿Qué le oíste decir?
BERGANZA.—Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la Universidad, los dos mil oían Medicina.
CIPIÓN.—Pues, ¿qué vienes a inferir deso?
BERGANZA.—Infiero, o que estos dos mil médicos han de tener enfermos que curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre. [...] 

   De lo que yo infiero a priori es cuántos males hay en la sociedad que no hay "médicos" ni cataplasmas que acaben con la peste que nos circunda y que de ahí que no cese el ejército de arrimados a la política menesterosa que padecemos. El propio Berganza se encontró en el Matadero de Sevilla un vivero de malandrines que, cambiando época y escenario muy bien se ajusta a lo destapado en los últimos años.
Joglars. El coloquio de los perros. www.teatrepoliorama.com
BERGANZA.—¿Qué te diría, Cipión hermano, de lo que vi en aquel Matadero y de las cosas exorbitantes que en él pasan? Primero, has de presuponer que todos cuantos en él trabajan, desde el menor hasta el mayor, es gente ancha de conciencia, desalmada, sin temer al Rey ni a su justicia; los más, amancebados; son aves de rapiña carniceras: mantiénense ellos y sus amigas de lo que hurtan. Todas las mañanas que son días de carne, antes que amanezca, están en el Matadero gran cantidad de mujercillas y muchachos, todos con talegas, que, viniendo vacías, vuelven llenas de pedazos de carne, y las criadas con criadillas y lomos medio enteros. No hay res alguna que se mate de quien no lleve esta gente diezmos y primicias de lo más sabroso y bien parado. [...]. Pero ninguna cosa me admiraba más ni me parecía peor que el ver que estos jiferos con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca; por quítame allá esa paja, a dos por tres meten un cuchillo de cachas amarillas por la barriga de una persona, como si acocotasen un toro. Por maravilla se pasa día sin pendencias y sin heridas, y a veces sin muertes; todos se pican de valientes, y aun tienen sus puntas de rufianes; no hay ninguno que no tenga su ángel de guarda en la plaza de San Francisco, granjeado con lomos y lenguas de vaca. Finalmente, oí decir a un hombre discreto que tres cosas tenía el Rey por ganar en Sevilla: la calle de la Caza, la Costanilla y el Matadero.
Familia real, por Antonio López.
libertaddigital.com
   Fíjense que los "dueños" hoy parécenme los ciudadanos en esta Democracia, y que los constantes navajazos, robos y hurtos sin final que vienen de ciertos delincuentes metidos a políticos, pueden que acaben despedazándonos, pues estos jiferos han recalentado la hoya que hierve el aceite.         Hoy el ahora Rey, Felipe VI, trata de ganarse Cataluña en vez Sevilla, ya lo aventuramos, que se le desportilla la corona, y al que nos gustaría preguntarle qué le parecen los pares del retrato de Antonio López tras veinte años de rumiar conciencias colectivas (luz y modelos dan un espasmo frío al verlos; y una cortina de humo agrisácea la película que han ido protagonizando, por diversos gestos y desvíos en este tiempo, la mitad de los presentes en esa obra). 
   Coincidía la presentación del cuadro con la vuelta al escenario, ironía de nuevo, de la obra de Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto, por parte de un grupo de aficionados al teatro en un barrio obrero. Su plena vigencia, en parte, de la trama, casi ciento veinte años después de su estreno, nos muestra a Jack Worthing, su protagonista, un adinerado libertino de provincia, que inventa a un hermano menor por el que velar, Ernest, para acudir a sus juergas en Londres. Conquista a Gwendolen, prima de su camarada Algernon Moncrieff, quien también excusa sus frecuentes desapariciones con la existencia de un imaginario amigo con mala salud. Gwendolen acepta casarse con Ernest por su nombre (que suena igual que earnest, “serio” o “formal” en inglés). Y ahí la carambola con la actualidad. ¿Lo serio y formal es lo que se desprende del cuadro de López y de la propia historia de la monarquía "restaurada" por el franquismo? ¿O es que las imposturas de varios miembros de la realeza transpiran e incoloran el óleo?
   Las caricaturas de Cervantes y Wilde trazan comportamientos cercanos al cinismo y la doblez desde el poder donde nace y prima en los asuntos vitales, transmitiendo “ el estilo y no la sinceridad”.  Así lo profesionalizaron los reyes de Bélgica, venidos aquí por la muerte esta semana de la reina Fabiola, aristócrata de origen español, acompañado su féretro por la dinastía en la reserva, y con palmas rocieras, muy del pueblo. Durante su reinado la más conocida controversia tiene que ver con que el rey Balduino renunció al trono durante 36 horas, en 1990, para evitar sancionar la ley del aborto (luego, la pareja desaparece sin descendencia después de que Fabiola sufriera cinco abortos). Stéphan de Lobkowicz asegura en Baldunino, una biografía, que el rey transigió autorizar el aborto a los médicos porque peligraba la vida de su mujer. Fabiola siempre lo negó categóricamente (la mujer del César no basta que sea honesta, también tiene que parecerlo, dice el proverbio). En España, Juan Carlos pasó de jurar, sin demasiados miramientos, las Leyes Fundamentales del Franquismo y luego la de Reforma Política y Constitución; lo hizo después con el aborto y demás posibles contradicciones con ciertos principios de la corona, como cuidar de "su" pueblo (siempre se preocupó de parecer cercano, porque formal y serio a lo Ernest...). Claro que a estas alturas, en plena crisis de pánico real, a pocos importan ciertos detalles históricos.
   Pero lo que sí hará mella en muchos hogares es el descuido hacia sus gobernados, o mejor dicho, la osadía, en las palabras del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que manifiesta que es innecesario abrir los comedores escolares durante estas "Navidades de la recuperación", como las ha aventurado el señor Rajoy, para alimentar cerca de 50.000 niños y niñas estadísticamente subalimentados, porque para el presidente regional, "el principal riesgo que tienen los niños en la Comunidad de Madrid de malnutrición es la obesidad".
   Ante estas voces y heces sí que se echa de menos la mordaza del sentido común. Y es que, por ahora mandan, y siguen armando vasallos, sin vergüenza.
desmotivaciones.es

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Miradas



Telegrama:

Se fue Mato, me bajó la fiebre


periodismointeligente.wordpress.com
   Creo que muy pocas personas podrán contar que vivieron febrilmente la dimisión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, 19'47 hora peninsular, como es mi caso, mientras sufría una estenuante "virosis", y me preparaba para un nueva subida de décimas. En la mesita de noche el paracetamol que un buen profesional médico me ha recetado después de un cuidadoso repaso por articulaciones y auscultado pecho y espalda.
   Teniendo en cuenta la coincidencia/¿jugada maestra? del juez Pablo Ruz de hacer pública esta misma mañana, un día antes de la presentación del presidente Mariano Rajoy en las Cortes de medidas contra la corrupción, acorralado por la de su partido, y el desgobierno en tantos frentes, la citación a la ya exministra como "partícipe a título lucrativo" en el caso Gürtel, no puedo por menos que alegrarme de que la cordura no se perdió en los juzgados y, espero que pronto en las urnas ya que en la calle hemos asistido a constantes clases de Educación para la ciudadanía democrática en tantas manifestaciones y huelgas. 
   Y como sé que la memoria es muy frágil, ahora sólo quiero recoger aquí, por solidaridad, el temblor que me produce pensar en los miles de personas que se han visto privadas durante estos años, en paralelo esquivo a mi venturosa biografía, de un derecho como el de la salud que me devolvió parte de la confianza en los llamados "Estados del bienestar"; y no redundo en otros como la educación, trabajo, vivienda... En este rato de cierta lucidez parapetada tras un fármaco siento, aún más, lo que se debe sufrir un ser cuando la merma a tu cuerpo llega sin que remedio lo aplaque (una clamorosa denuncia del Observatorio Valenciano del Derecho Universal a la Salud, Odusalud, afirma que más de mil inmigrantes en aquella Comunidad no llegaron a ser recibidos por un médico en los últimos dos años, algunos menores, aunque la normativa mantiene actualmente ese margen, ¡qué humanidad! El Real Decreto 16/2012 del Ministerio, sobre medidas urgentes para la sostenibilidad del sistema de salud impide que miles de personas que no coticen tengan cobertura en España, solventándose lo urgente por la inestimable entrega de los profesionales médicos en entidades, colegios profesionales y ONGs que aún cuentan con impagables voluntarios y voluntarias).
   ¡Qué lastima, señora ex, que no se preguntara cómo se las apañarían quienes no tuvieran recursos ni cotizaciones!
  Claro que tampoco se preguntó qué hacía un Jaguar en su garaje. Seguro que lo habría hecho si se hubiera encontrado una patera pero creo que no las ha visto más que en los telediarios, si es que no ha cambiado de canal al ver los goterones de sangre de las concertinas. Al fin y al cabo demostró, desde el primer día, que era ministra tan sólo de la salud propia y de su partido.
   Tengo 36,5º C. Me queda tiempo de vigilia hasta El Intermedio.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Miradas


El Muro


Puerta de Branderburgo. Berlin.
www.lavanguardia.com
      Berlín Este (Alemania oriental), Julio de 1998. Puesto de guardia de la puerta de Brandemburgo. Un oficial del ejército de la República Democrática se dirige a un grupo de jóvenes estudiantes españoles. Destaca las provocaciones de líderes del Oeste, como la que protagoniza durante la "guerra fría" Robert F. Kennedy sobrepasando con el alerón de su limusina la línea divisoria en el pavimento oriental. Fue después de su discurso frente a la puerta-símbolo de la paz, con relieves de Hércules, Marte y Minerva, en compañía de Willy Brandt, entonces alcalde de la Berlín occidental. "Pudo suponer un conflicto internacional", (mientras un vídeo recoge otras supuestas "invasiones territoriales", así como asaltos de personas que tratan de huir y son apresadas de inmediato). En un impasse al turno de preguntas que controlaba nuestro guía, se cuestiona al militar por qué se dispara o desaparecen aquellos que todavía tratan de saltar "el Muro" desde que se cosieron muros de espino en las calles todavía horadadas por las bombas que terminaron con la II Guerra Mundial. Tenso, y claramente contrariado, contesta que son terroristas y que nosotros sabemos muy bien lo que eso significa (en referencia a ETA lógicamente). Sin demora se le rebate pues en la España, ya democrática, ninguna sentencia, para cualquier delito, conlleva la pena de muerte. Fin de la charla y visita.
   En los días que aún restaron, pisamos sin querer, durante muchas noches, tumbas fantasmas de cientos de muertos anónimos, cascotes en el asfalto con plomo en sus carnes. Se palpaba el hambre en los cuerpos, y sobre todo terror pigmentado en aquellos rostros sin expresión alguna, huecos en las cuencas de los ojos, mujeres con viejos pañuelos sujetándose el cabello, saliendo de cualquier rincón para recoger la fruta abandonada por los hortelanos cuando sus carros abandonaban las plazas de las villas; temblor en las manos y músculos tensos al atravesar las fronteras o puestos de control de los ya jubilados que dejaban sus casas por volver con los suyos, al otro lado; vuelos nocturnos de helicópteros cargados de bombas, colores oscuros en los museos y animales esqueléticos en el zoo que visitaban cientos de soldados-niños rusos, la generación heredera de aquellos que habían luchado junto a los aliados para desterrar al nazismo, ríos de hormigas marrones por la capital, el agua de la ducha nociva por los filtros de las químicas en los acuíferos. Al fondo, eso sí, los campos de concentración de exterminio nazifascista, fidelizados al minuto exacto en que fueron tomados por las tropas rusas y aliadas.
   El viaje aquel supuso un golpe mortal a nuestra ingenuidad en los idearios políticos. Si veníamos de una dictadura militar, aquí nos habíamos cruzado con la dictadura de quien, ¿del proletariado? El horror tenía muchas caras y pocos lazos con la teoría de los ideólogos, después de pasar por el marchamo del hombre. Pero, ¿quién nos iba a decir, a pesar de ciertos atisbos, que un año más tarde el muro caía y miles de jóvenes se subían a él para hacerlo trizas, para desdentar ese cuchillo moral entre hermanos, de historias rotas desde 1961? 
www.república.com
  Muchos de aquellos jóvenes llevarían, un nueve de noviembre de 1989, vaqueros que habían intercambiado  por miles de marcos devaluados e inútiles ya entonces, y que los del oeste, habíamos gastado luego, como nuevos ricos desorientados, en centros comerciales donde había un trabajador para marcar el piso y enchufar un miniventilador, un juguete en nuestros parques, para solventar la atmósfera asfixiante de un paro lacerante en el gigante de la Karl Marx Strasse; se gastaron esos marcos en rudimentarios recuerdos que nos traían la manufactura de tantos años atrás en los comercios de provincia de nuestros mayores. Aquellos que volvían, después de pasar por los túneles macabros con uniformes de guerra y cascos oxidados, al tren occidental de ese Berlín gris, que nos devolvería hacia una democracia incipiente como la española, ganada gracias a generosos idealistas y sacrificados trabajadores y universitarios, no se daban cuenta que un muro invisible se estaba construyendo por "los otros", los beneficiados de siempre que, a nuestras espaldas, no derribaban el franquismo del todo, invisible aún para los más aviesos, pervirtiendo la igualdad y la libertad en el muro de la degradación y la manipulación de los más débiles (años más tarde, de vuelta a Alemania, en 1992, en Múnich, algunos "hermanos" de aquellos del otro lado del muro, se arrepentían de los gastos ocasionados por la unificación, llamándolos a un tiempo "vagos" y comunistas pervertidos). 
   Ahora ese muro es, en la memoria, el símbolo de la Europa sobrevenida tras el "deshielo" de los bloques militares e ideológicos; una Europa que trató, y consiguió reponer el frigorífico vacío, como no muchos años antes de la primera gran Guerra, y siglos antes de la de "los treinta años", sin luz, tan gris como aquellas casas-nido de las avenidas de líderes grandilocuentes, los retales de las ropas desgastadas, la mirada perdida en aquellos caballos escuálidos, abandonados, campos de golf como secarrales, mansiones descascarillándose del oro de sus capiteles, fortunas trapisondas de hombres pro-patria, y al sur, en el otro muro físico de las concertinas, un ejército de hombres colgados tantos días como el yacente de los iconos católicos, hasta que el acero les corta la piel hasta pudrirla; el muro de los desheredados (sin olvidar los muros de los marroquíes con el pueblo saharaui, el muro judío contra los palestinos, y tantos otros).

Sofía y Ali, madre mutilada
por las bombas antipersona.
Gervasio Sánchez.
   Palencia, 2014. Veinticinco años de aquel nueve de noviembre de 1989, y nos topamos con las fotografías de Gervasio Sánchez que cuelgan en Palencia. Es el icono del fotógrafo de guerra. Sus testimonios de conflictos en los cuatro puntos cardinales del globo, hablan de muros tan terribles que se me revuelve el estómago al ver el sufrimiento, la muerte, la degradación que pagan siempre los mismos (niños tullidos por bombas antipersona vendidas desde nuestros democráticos y generosos países, entre ellos el nuestro, niñas y mujeres violadas, mayores desorientados hacia la muerte en conflictos que ninguna organización internacional es capaz, o no le interesa, parar...). Y nos brota la vergüenza por esa parte del ser humano despreciable, al tiempo que pagamos con la admiración la fuerza de contención que tuvo Gervasio para contener su rabia detrás del objetivo y captar la consciencia de lo que realmente podemos llegar a ser: un animal que no cesa de construir muros frente al prójimo con el que tapiarlo y amortajarlo de cemento.
   Mientras sorbemos un café para entrar en calor de esta tarde fría, en un local de cierto lujo en la Calle Mayor (de esta Palencia 

estuario, junto a las hoces de Cuenca, de una película con el mismo nombre de J.A. Bardem, de 1958, que también habla del engaño de los poderosos, señoritos, ante la inocencia, mujer romántica) un joven adolescente escupe con un rostro desencajado sobre el cristal del local y su escupitajo se restriega y va cayendo lentamente hasta parecer una lágrima sucia, que cae muerta hasta el asfalto. ¿Qué habrá movido a un ser joven a hacerlo? Surgen
 territorios para la comprensión todavía infranqueables, mundos inasibles, cuando se observa tanta rabia sin canalizar, que cabe plantearse rápido qué compuerta arrostrar para que esa rabia irracional no decaiga en odio imparable, y manejado por otros le lleve al arrebato y la muerte, una vez más.
   Con estupor y tristeza, cabe preguntarse, ¿qué verán los ojos y sentirán los labios de ese joven dentro de veinticinco años después de haber escupido contra el muro de la impotencia?
    Madrid, noviembre 2023. Nueve años después de Palencia y el "gargajo". Los noticiarios no cejan de conectar con los grupos de jóvenes violentos vestidos con ropa de marca y radicales que portan banderas nacionales sin su escudo central, pero sí nazis en sus ropas tapados con cazamontañas, frente a la sede del partido socialista, mientras el líder del PSOE, Pedro Sánchez, es investido presidente del gobierno (con el apoyo de coalición de izquierdas, SUMAR, y de nacionalistas de izquierda y derecha, mientras los representantes de la extrema derecha VOX, ha vuelto a la votación tras abandonarla para pasearse horas antes con los manifestantes frente a la policía). 
    En unos minutos el decorado que nos acoja será la exposición El muro de Berlín. Un mundo dividido. Cerrar los ojos -emulando el título del film de Víctor Erice-, y volver a esos recuerdos que estaban escritos años antes. Y ver que aquel joven de Palencia, desorientado, quizás ajeno a la historia, llevado y traído por mensajes hueros y viles, lleva en volandas muñecas de plástico para vilipendiar a las mujeres representantes en el gobierno de su país y lanza botes y piedras creyendo que está "salvando" la patria. Y el muro aquel, el de la vergüenza, la soledad, la de dos rastrojos que separaban hermanos, hijos, abuelos, vidas, ya está en las mentes, de donde es más difícil borrar, pues se ha ido colando por venas y llega al último rincón de su frágil cuerpo. 
   Porque ese joven no comprenderá que alguien estará al tiempo festejando la locura, la muerte, la gloria del sacrificio de los débiles por la del poder y el dinero; sin pararse a pensar en otra salida para el futuro que el conflicto y la desaparición del contrario a sus ideas, sus ideologías, sus creencias, su forma de encarar la vida (como esa tarta de bomba de Hiroshima para festejar la barbarie atómica que llevó al final de la participación de los japoneses durante la II Guerra Mundial). 
    Porque no ha visto a seres rasgarse de arañazos la piel para tocarse, besarse, despedirse entre alambradas; 
jugarse la vida para ocultar alimentos bajo el carrito de sus bebés al cruzar las fronteras de dos frentes dirigidos desde millares de kilómetros, a salvo de la metralla, por mentes calculadoras y frías (como así llamaban a su guerra). 
    Una exposición que marca los hilos de los orígenes de aquellos terribles y miedosos años a una guerra nuclear, con antecedentes en otras guerras y crisis económicas que justificaban nuevas guerras. 
    Y así se hace la historia sobre este planeta. Guerras y más guerras que saturan las mentes y las inactivan. 
En los pasillos, cientos de escolares de todas las edades, cruzan sus miradas y comentarios con sus profesoras y maestros. Algo muy profundo ha cambiado. Y no sólo queda esperanza, sino realidad. El resto que queda con el aullido se malgasta en fugarse a otros derroteros más triviales o en hacer saltar la convivencia, de hipotecar su futuro y de otros tantos inocentes. 
    Quedan muros oscuros, que no se ven, porque ocultan esos rostros de miles de muertos en Gaza, Ucrania, Siria, Líbano, Pakistán, Yemen, Myanmar, la mitad del continente africano..., y así hasta los cincuenta y ocho conflictos y guerras que definen los diplomáticos. Toca abrir los ojos y conocer la historia y sus consecuencias. El muro está dentro de nosotros.