jueves, 30 de junio de 2016

Miradas


Cuenca (2012). Patricia Moericke.
 patriciamoericke.blogspot.com.es
Cuenca, 
la hermosa cenicienta, aún dormida

Torre de Mangana. Años 30.
     Dos camisones azules miran, sin ver, hacia la hoz del Júcar a través del "ojo de buey" de la tercera planta del Virgen de la Luz. Son Julián y Fermín que, durante éste, su destierro hospitalario, discuten a salto de mata de política, de estas sierras refugio de unos maquis desheredados de su República por los facciosos y luego dominio de caciques; que no llegó industria, que cierran comercios, que sus hijos emigraron por no encontrar trabajo; que no ven a sus nietos más que en Semana Santa o San Mateo. Fermín apoda, a esta tierra sometida y olvidada por una "madrastra cruel" -cualquier poder político o fáctico-, que vaga dormida por sus hoces, La Cenicienta. Y, de las últimas elecciones "¿pa qué?" para que repitan los mismos (hasta se pasan un whatsapp que especula sobre un "pucherazo"). Que han vuelto a ganar los mismos, los del PP, a pesar de los "paseíllos" por los tribunales de justicia de sus cúpulas corruptas. ¿Corrupción?, "hasta una de las hermanas del rey, ¿la guapa?". Julián masculla, casi con rabia, "Rajoy va a la caza de un gobierno de salvación nacional aliándose hasta con los Socialistas y el chico de Ciudadanos". "Pues yo a los de la coleta morada no los entiendo, dice Fermín, me dan miedo, seguro que anularán al PSOE; tranquilo, dice su compañero de habitación, no te cojas "berrinches" que no es más que campaña de todos los medios derechistas, que son de los mismos de siempre y "arrecian"; ¡miá qué hostia!, dice Julián. 
   Luego echarán un euro para ver un rato la tele sobre sillones ajados, vestigio de los recortes, amén de los cierres de plantas y especialidades, en los hospitales manchegos (de la "Era Cospedal", Dolores, la expresidenta que ahora es sombra de Mariano, y algunos barrunta que la buscarán también más adelante los jueces). Ven tv castilla-lamancha, atiborrada a corridas de toros y mercadillos de pueblo, sí, ahora con los socialistas de Page (Francisco). No ha cambiado tanto con de la de los de antes, que utilizaban tarjetas con cargo al erario público y ciertos tratos vejatorios a sus trabajadores. No se nota mucha diferencia, por ahora. ¡Qué pena!
Fachada de la Forja de J. L. Martínez
en la hoz del Júcar.

   El Júcar que vislumbran roza imponentes "rascacielos"; casas adosadas a la piedra que se inclinan como los viejos chopos a sus riberas. Cerca del "Recreo Peral", José Luis (Martínez) retuerce en su forja el mostacho a Tip (Luis Sánchez Polack) y el moflete al carirredondo, José Luis Coll (¿recuerdan? Coll, el conquense: ¿No vamos a meternos con el gobierno? Tip: Mañana hablaremos del gobierno), vamos, como nuestros ilustres enfermos (porque en Cuenca se habla poco de política, y cuando se hace se parte en dos, como las hoces que surcan sus ríos el Júcar, ya dicho, y el Huécar). Tip y Coll fueron iconos del humor ácido y del absurdo en la pequeña pantalla en blanco y negro, y de tele hay tradición en la ciudad "colgada".
Estudios de Cuenca Ciudad Global. 
J. Arozamena con A. Navarro y 
J. V. Ávila con Aurelio Cabañas.
   A finales de 1985 llegaba a la Universidad Internacional Menendez Pelayo (UIMP) "Cuenca Ciudad Global". Pruebas del canal satélite y todo el famoseo por el casco antiguo. Jesús Hermida, Eduardo Sotillos, expertos internacionales y los rostros más conocidos de la pequeña pantalla, dibujaron el futuro audiovisual, y casi se ha cumplido al punto. Durante el seminario de 1988 un lapsus en las claves del satélite trajo el destape a esta ciudad pudorosa; la primera sobre esta piel de toro hispana en ver una película porno en abierto. La centralita comenzó a hervir en llamadas desde un ¡cabrones, esto es lo que viene con la democracia!, hasta los ¡benditos hijos por estas reliquias! 
Tejados, con antenas.
Juan Antonio Cuenca.
artejacuen.com
   Pero McLuhan no salió más que en las actas de la Pelayo y las antenas parabólica volaron a Madrid. Cuenca volvía al apagón histórico, a ser la Cenicienta de un cuento sin final feliz. A las doce los gatos negros dominaron nuevamente los tejados de la ciudad pétrea, paradigma de la sotana en aquella vetusta y anquilosada España gris, parduzca, como la dibujara magistralmente Lorenzo Goñi.
Piernas de Cuenca. Aguafuerte (1959).
Lorenzo Goñi.

   Sotanas y birretes que pervivieron con el glamour en el Auditorio de la Hoz del Huécar entre las partituras de las Semana de Música Religiosa (este año Cervantes fue musa en su LV edición). Pero el sueño de convertirla en la pequeña Viena de Pablo López de Osaba se quedó en el limbo. Eso sí, en las mañanas de Viernes-Santo, desde hace ya cuatro siglos, se postran cirios ante la procesión del Calvario, "Las Turbas". Procesiones, muchas, desde la Inquisición, ahora pulcras, pues tanto se ha lavado la historia de esta ciudad que muy poco trasciende de quienes fueron azote de una Iglesia degradada y contrarreformista. Aquellos conquenses hermanos, Alfonso y Juan de Valdés (s. XVI), erasmistas, regidor y diplomático con Carlos V el primero en España, y filólogo el segundo, autor de Diálogo de doctrina cristiana (Alcalá de Henares, 1529). Tuvieron que poner tierra de por medio.  
   Como tantos otros de "aquella ciudad misteriosa, negra y empinada, semejante a un dragón alerta en la boca de su cueva.", como describe J. Ortega y Gasset en El Espectador (Tomo V, "Ideas sobre Pío Baroja", 1927), hablando de "La Canóniga", la primera parte, de la novela barojiana Los recursos de la astucia (1915). Baroja la describe: "En estos pueblos, con ciudad alta y ciudad baja, se da casi siempre el mismo caso: en lo alto, la aristocracia, el clero, los representantes de la milicia y del Estado; lo bajo, la democracia, el comercio, la industria. En estos pueblos, el pasado está siempre en alto y el presente en bajo. No hay que extrañarse de que el espíritu de su vecindario sea casi siempre retrógrado... (cap. I)". 
Para el filósofo Ortega, es el lugar físico idóneo para la trama por ser "estas viejas ciudades nuestras hechas con ruinas y angostura, donde hozan las pasiones arrinconadas, comprimidas como las fieras en sus jaulones... Prietos entre las paredes de la urbe vieja, expolotan los instintos silbando como alimañas y se revuelven con una crueldad y una acritud desconocidas en las selvas..., "Su majestad el odio" llama con hondo acierto Baroja uno de estos capítulos, donde nos hallamos en trato con curas, negros, atauderos, sepultureros... La sombría ciudad llega a alucinarnos y nos parece una carroña gigantesca habitada por aves de rapiña que se atormentan si piedad unas a otras". 
   También se persiguieron brujas, hasta que Azorín reivindicara a la hechicera Catalina Caballero en Memorias inmemoriables (1967). Las de antaño se soterraron bajo las losas de las entradas de algunas iglesias. Una Iglesia que hasta exportó figuras como la del cardenal Francisco de Mendoza (siglo XVI). O acogió la trastienda de la clave en son político del arzobispado de Madrid (muchos recuerdan la mitra televisiva de monseñor José Guerra Campos, quien estuvo en la diócesis entre 1973 y 1996, y que dio mucho que hablar por su afinidad con el franquismo durante la Transición; "aparcado" por el Vaticano a esta plaza tras no haber podido asir la plaza del fallecido Casimiro Morcillo que pasó a Vicente Enrique y Tarancón (el rostro y la cabeza de la Iglesia en el proceso de apertura democrática que diseñó Roma). 

   Estos días la Libertad asoma al claustro de la Catedral con Ai Weiwei (sobre su encarcelamiento por el régimen chino en 2011). Ahora los muros carcelarios son éstos que vierten con belleza los rayos de luz que atraviesan sus rompedoras vidrieras contemporáneas y mágicas. Artistas artesanos y pintores relacionados con el Museo de Arte Abstracto, aportan una visión más compleja y atrevida con el futuro entre el espacio religioso y la trascendencia, si la hubiere, entre lo divino y lo humano, para sus creyentes, y la autorrealización. 
Pío Baroja se refiere a los "rascacielos de la hoz del Huécar
 en Los caprichos de la suerte (1951), editada en 2014.
   Se palpa, o se desea en el fondo, que igual que estos cambios estéticos en la catedral, trajeron polémica en un asumido y acallado orden, roto tan sólo por rezos y oratorios en migajas festivas, se romperá en mil pedazos si en la conciencia de los habitantes de esta urbe rocosa y acuosa, remonta, surge, se hace presente el ímpetu de su Historia reciente y también remota, la rabia por no hacerse escuchar con el resto de la región, del país. Un cajón de piedra enorme, la antigua cárcel -fija a la muralla musulmana de la entonces Qūnka-, fue patíbulo de cientos de hombres y pozo donde ahogaron sus vidas en la penumbra rayando con las uñas el yeso de la celda de castigo tras la guerra civil. Ahora, este Archivo provincial sobresale sobre cimborrios de iglesias y conventos en un casco que cumple su XX aniversario como universal.
   Para ese sello, mucho tuvo que ver que, a mediados de los sesenta, y a hurtadillas, fue entrando la libertad estética, al menos en lo creativo, de la mano de un Fernando Zóbel. Su mecenazgo con la vanguardia pictórica se "cuelga" en los muros de una de sus casas abocadas al precipicio (el Museo de Arte Abstracto de las Casas Colgadas; y por alegoría, siempre la duda de caer o no al abismo aquí no se ha cumplido); se ha expandido el miedo a la confrontación con lo establecido. 
Brigitte Bardot (1959) de Antonio Saura.
Museo de Arte Abstracto Español.
   Las sombras de Zóbel, Torner, Chillida, Guerrero, Saura..., son alargadas. Tanto, que son muchos los artistas que surgieron a su estela: Miguel Zapata, Moset, Lagunas, Torralba, Navarro... También dieron pie a que se "colaran" los locos objetos encontrados de Antonio Pérez en el convento de las Carmelitas. 
Objeto encontrado.
Fundación Antonio Pérez.

   A los pies de ambos universos vanguardistas repican trompetas y trombones con músicas del ayer y del mañana en el Auditorio, vaciando el eco en el hueco de una antigua mina del Huécar.
   Remontando este tímido y susurrante río, se eleva, ya fantasma, el "Hocino" de Federico Muelas, donde naciera el verso y la melancolía en este paraíso perdido. Ahora, abandonado y destrozado, duele pensar en cómo fuera el rincón donde el poeta cobijara, en primaveras intelectuales, a artistas, políticos y poetas. 
Federico Muelas al pie de
la hoz del Huécar.www.abc.es
   Los muros derruidos, los jardines laberínticos, perdidos a su suerte, semeja el símbolo que va parejo a la ciudad, al alma de la ciudad; el alma que parece eterna, mas recientemente muerta. Uno pasea con las sombras de Muelas por las tascas de la parte vieja y escucha la tertulia El bergantín de la vela roja, y a sus "conjurados de Contrebia" (como se conoce en la mitología a estas tierras). Cuando la luna enciende la hoz a los pies del hocino, entra en tertulia con García Lorca, Cela, Sánchez Mazas, Gerardo Diego y tantos otros enamorados de la quietud, lo mágico de Conca; o volando con la aurora La Cometa a la que se cuelgan los títeres que se fugaron por la serranía y que han vuelto, ya treinta años, Títeres Larderos. 
Grupo Tábano. "La ópera del bandido".
II Semana de Teatro Independiente. Años 70.
   Porque por aquí pasó mucho teatro en las innovadoras Semanas de Teatro Independiente, que acarreaba en furgonetas y carros Ángel Luis Mota (Els Joglars, Los Goliardos, Tábano, Comediants, Ditirambo entre muchos que pusieron patas arriba el Teatro acomodaticio al régimen). Ahora el "Bita 2016", con los irreductibles de la Asociación Amigos del Teatro. Ángel Suárez que reivindica al actor como elemento básico del hecho teatral. Ojalá no sea de nuevo semilla incierta.

Montsechia vidalli. 
Las Hoyas (Cuenca).
   Y dentro de este baúl de lo inverosímil y contraste llegó el museo de las Ciencias, luchando por abrirse hueco entre tanta torpeza timorata, y genuflexión ante lo inamovible. Naves lunares, dinosaurios, y fósiles (con la Montsechia vidalii, la flor con más de ciento treinta millones de años, de las primeras plantas florales o angiospermas del planeta, con órganos sexuales).
   Cuenca no sale ahora mucho en la prensa, ni en los telediarios, excepto en viernessanto. Hace un siglo sí, por un crimen, El crimen de Cuenca (que no fue por sus acusados sino por los poderes represores coincidentes). Este crimen no se borrará del imaginario (no así de las torturas sobre los inocentes, que magistralmente llevó a la pantalla Pilar Miró; un referente a lo que los regímenes asesinos son capaces de llegar). El crimen de ahora tristemente y, desgraciadamente, por dos jóvenes cuyos cuerpos terminaron disueltos en la cal del odio y la sinrazón, desaparecerá ante un nuevo caso (maldita violencia de género que salpica diariamente de sangre los informativos sin que se atisben resortes consensuados en la sociedad para poner fin a esta lacra desde la educación, la política, los medios de comunicación...). 
Cuenca de Ecuador.
www.hotelyanuncay.com




   Cuenca es parador de anónimos, soldadesca vasca que llegó con Alfonso VIII a los que otorgó Fueros sin dinares; tinadas de pastores y tejedoras en las calles de los Tintes con la trashumancia de la Mesta; insignes reales como Alonso de Ojeda (1468-1515) que muy pocos saben en este país que dio nombre a la tan renombrada Venezuela de todos los informativos, o Andrés Huertado de Mendoza (1510-1560) que fue virrey del Perú y fundara la bellísima hermana Cuenca de Ecuador; o peones de cuello agazapado al pecho, al paso del señorito, saqueada por carlistas y franceses.
   Pero Cuenca es hoy, sobre todo, tierra de hijos fieles que se aferran, se enredan al hierro frío y duro de su pobreza, a su historia. La Cuenca de lagos infinitos en épocas glaciares se fue secando en sierras agrestes y salvajes, para luego vestirse de hermosos pinares.
    Pero como la ficción, aquella Cuenca se escapa a la razón, y tratan de retenerla; como los ojos de Julián y Fermín que van rindiéndose al sueño. Pasa la enfermera y reparte somníferos que aplicadamente toman. Soñarán con ella, con la enfermera, y mañana no reconocerán lo que de fantasía y sexo les haya estremecido. Como a esta ciudad, que persiste en ser onírica y diosa del recuerdo, luego borrado al primer rayo del alba. Trae calabazas el arcón del tesoro, y van negándose todas sus pretensiones, como en un mal final de la Cenicienta. Muelas cercó el cuento en un soneto a esa Cuenca:
"Alzada en limpia sinrazón altiva
pedestal de crepúsculos soñados".


   Y así puede que, hasta la eternidad, si sus propias criaturas no la despiertan y no se enfrenten a la "madrastra".
www.turismo.cuenca.es

domingo, 1 de mayo de 2016


 Miradas

Sevilla enigmática y recóndita, tras el bullicio


   Jaime mesa una barba rala con dedos sacados de un Greco. Bajo los arcos de blanco y amarillo, sentado en una banca del patio del Hospital de la Santa Caridad, relata con parsimonia cómo perdió la cabeza por los golpes que recibió mientras tiró de artes marciales en su juventud para llamar la atención de sus amores. 
 Tiene los ojos de las esculturas del Entierro de Cristo (Pedro Roldán, 1672), y el aire del Finis gloriae mundi e In Ictu Oculi, del esqueleto sobre oropeles que pintó Juan de Valdés Leal, que cuelga en el sotocoro, representando la banalidad de lo terrenal (precisamente en un hospital para ajusticiados e indigentes). Y es que Sevilla fuera una señera plaza comercial, desde el siglo XVI, hasta finales del XIX, con lo que riqueza y penuria se antojan, y de ahí el trajín con la beneficencia cristiana.
San Pedro Nolasco se embarca para redimir cautivos.
Alonso Vázquez (1605). Se dice que el rostro vuelto
del barquero es de Cervantes. Museo de Bellas Artes. Sevilla.
   Me sorprendo ensimismado por la apariencia de Jaime, quijotesca, ahora que se conmemora, en tierras manchegas, el centenario de la muerte de su autor, un tal Miguel de Cervantes. Me "despierta" preguntándome si no sabemos que el "Príncipe de los Ingenios", pergeñó las primeras líneas del hidalgo universal mientras estuvo preso en cárcel sevillana, allá por 1597, y luego en 1602: "... ¿Qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?" (Don Quijote de la Mancha, I, Pról., 9).
puerto sevilla
Puerto de Sevilla. El Arenal y, al fondo, Triana.
La Torre del Oro y una grúa para 
descargar barcos. Grabado del s. XVI.
   Los tesoros de América trajeron hasta esta capital ambición, riqueza y desolación en desigual reparto, como siempre. En siglo y medio, entre 1503 y 1660, llegaron más de doscientos mil kilos de oro y casi veinte millones de plata. Entremedias, la peste bubónica se llevó a la mitad de la población (en 1647 fallecieron sesenta mil almas, la mayoría en el barrio de Triana que hasta no hace mucho llevó la "cruz" de los desheredados -ahora la arrastra el barrio "de las tres mil"-, al otro lado del Guadalquivir, frente a la Maestranza (a "rebosar de entendíos" en toros y coches de caballos). 
  Desde Triana partía la manifestación del primero de mayo. Divididas las enseñas y banderolas. Sindicalistas de la CNT aquí, y la UGT y CCOO acullá; en medio el río, el "más grande", y el que más dividió el alma sevillana. Pasan al lado, el de los "señoritos", que ni se inmutan a las proclamas, mientras toman su fino.
   Arrecian voces contra "Susana", su presidenta del PSOE; que le traiciona el "tronío". Y a un gobierno central "en funciones" que sigue haciendo más de lo mismo, destrozando al desheredado. Son momentos extraños. Se habla mucho de que se ha roto el bipartidismo (hay más partidos con voz sonora que el PSOE y el PP; pero la izquierda, si es tal, parece no ha sabido gestionar el mandato de las urnas). Ante otras elecciones el pueblo anda un tanto desorientado. Pero el pueblo ¿cual? Hay mucho que dice que vuelve la derecha para "ná". Los jornaleros temen que, a río revuelto, volverá a ganar.
   A pocos metros del Ayuntamiento está la feria del libro. Allí también se habla de política. El historiador Carlos Arenas Posadas trasiega con su publicación, Poder, economía y sociedad en el sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz (Nueva edición, 2015). Habla de la idea de cambiar el modelo de producción, de repartir el "capital", en una región que fue, y es, rica, como tantas otras, y que ahora vive de la "beneficencia". Diserta sobre un Estado de Bienestar de la razón, pero teme del poco juicio al ver cómo las masas persiguen el favor de los poderes, de quienes les mandan, antes que la revolución. No quedan ambiciones de lucha que no sea el político de bancada, vamos, como en la República, que ya advirtiera Manuel Chaves Nogales, periodista sevillano, que veía en "La Rebeldía del gañán", como las clases populares "aceptaban el mando del señorito, porque era el señorito, porque lo había heredado, por una especie de derecho divino, contra el cual no cabía revolverse", y ahora con eso de las revoluciones, miraban los "comunistas" de entonces, "a lo mejor el chico hacía carrera" (Ahora, Madrid, 18-1-1933). 
   Jaime no quiere hablar de política. Se "entiesa", eso sí, al hablar de los "tiemblos", de los tablaos. Que "su" Giralda en 1356 tiró su "peineta" para que los Reyes Católicos la coronaran luego, a lo cristiano.
Terremoto detenido por la intercesión
de la imagen de San Francisco de Paula
.
Lucas Valdés (¿1710?). 
Muso Bellas Artes, Sevilla.
 Hasta Lucas Valdés se inventa un milagro de san Francisco de Paula para parar un terremoto unos siglos después (y no podemos por menos, delante de su lienzo, recordar que aún continúa el dolor en Ecuador por esos temblores de muerte, reciente, y ya casi olvidada de los telediarios).
   Unos días después la lluvia empapará a los rocieros. Pero no se arredran, como tampoco en marzo de 1947. Menos mal que ahora el Guadalquivir no se desborda. Entonces hubo casi siete mil desplazados, "refugiados" les llamaron (nos suena la palabra, ¿verdad?).
Misa en la capilla de la O. Foto Serrano. Abc.

 Cuenta Jaime, que el general Queipo de Llano no abandonó su cortijo en Camas, porque no le mandaron suficientes embarcaciones para sacar a toda su familia (el "Moscardó" del Alcázar de Toledo en tiempo de paz, vamos). Los parroquianos se subían a carros y camionetas para asistir a los oficios. Luego a tapear un pescaíto en cucurucho de papel en la plaza del Salvador.
¡Hasta verte Cristo mío!
José García Ramos (hacia 1895).
Museo Bellas Artes de Sevilla.
   En un relámpago se pasa, en esta tierra, de la alegría a la pena, de la esperanza a la resignación, de la elegancia, la musicalidad, al desparpajo lenguaraz, vivo, asceta, renegado. Con un Cristo en una mano y una jarra de buen vino en la otra. Sombrero o pañuelo, pero como un periquito en celo, camino de la ermita al lado de su Rocío, la virgen que es aurora de sus primeros recuerdos y sombra de sus desvaríos. En todas los templos reverberan las palmas de la Misa rociera. Las calles se inundan en cuanto el agua cesa de los canalones. El viajero aquí se pregunta ¿se disuelve la individualidad en el grupo y en la calle constante? Y remira sus rostros y siente la orfandad de otras tierras. No están lejos los escritos de Bécquer, los Machado, Cernuda..., que tanta soledad mordieron en sus exilios, más mortíferos los interiores.
Santa Rufina. 
Diego de Velazquez (1629-32.
Fundación Focus-Abengoa.
Hospital de los Venerables.
   Sevilla es religión, pasión, devoción y arte a "espuertas". Belleza a raudales como la niña/santa Rufina, alfarera universal de Velázquez, al que no todos otorgan su autoría. Nos mira desde el Hospital de los Venerables, con la inocencia inteligente, lustrosa, rizosa de un poco de locura.
   Por aquí también pasó lo más alto de lo mitrado en la Edad Media: san Isidoro, s.VII a.C., el arzobispo hispanogodo más culto por sus Etimologías, que comparte escudo de la ciudad con su hermano mayor san Leandro, el que "convirtió a todas las tribus visigodas", antes a Recaredo su rey, y san Fernando, Fernando III, el rey cristiano que "reconquistó" la ciudad a los árabes en 1248 (Sevilla, se dice, ya era cristiana desde el año 250, vaya por delante; y no hace mucho Juan Pablo II quien se dirigió a sus fieles desde la Giralda. Ahora, su estampa de cera "roza" coronillas en la capilla de la Estrella del barrio de Triana.
    En la sobremesa de primavera en el patio de la pensión, a unos metros del número 20 de la calle de los Santos Mártires, donde naciera Manuel Machado, sí el hermano de Antonio, huele a jazmín y limonero. Pero hoy toca deleitarnos con la Colección de cantes flamencos (1881), del padre de los insignes, Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, buen maestro para los flamencólogos como el insigne y humano Félix Grande, apelando a que se reconozca su figura, aunque: "Estas sorderas nacionales- dice Grande- ya no nos sorprenden". Luego, enhebro las hojas de Ocnos de Cernuda para que no se las coma el asno del sueño, en este multicolor rincón de aquella "ciudad de la gracia" de José María Izquierdo, donde hemos trocado un cuadro de la muerte de un torero, allí una misa entre palmas y taconeo, con rasgado de cuerdas de guitarra, al golpe de la mano sobre la caja, retumbando en la calleja con ecos de tambor de Semana Santa, no muy lejana. 
    En los atardeceres, a hurtadillas desde la puerta de los patios, se ve a la torre Giralda vestirse de espejuelos mientras el tranvía mortecino anuncia viajes a islas de las que te aconseja ser el último en abandonar el chiringuito. La noche mojada afloja el termómetro y el Guadalquivir ha cambiado la sombra de la Torre del Oro por embarcaciones de griterío y música pegadiza; entre risas y abrazos de parejas que alzan la vista hasta la Isla de la Cartuja.
   Los tres, Jaime y mi sombra con Cernuda bajo el brazo, tres infancias perdidas, una trinidad pagana, cerramos la cancela de los jardines de María Luisa. Los silenciosos azulejos de la Plaza de España dejan estampas trasnochadas y edulcoradas de la historia de cada pueblo mientras la luna se asienta en las barquichuelas del lago. 
   A la vuelta, por la judería, una joven suspira bajo el magnolio en la plaza aledaña a los Alcázares, "cuando me da un bajón me pierdo por estas callejuelas y remonto". Sus ojos azules giran hacia la trémula fuente que desemboca al patio de banderas. En la calle Bailén, como si un ejército hubiera arrasado sus angostos soportales, los "sin techo" se arremolinan sobre cartones mientras patrullas de limpiadores tratan de no salpicarles con mangueras el reguero de polvo y despojos de plástico que han amontonado el gentío a la puerta de comercios y tabernas. Jaime se tumba bajo un cartón con ellos. No quiere volver al hospital, ni ser cuerdo. 
   En la habitación van cayendo los párpados sobre las últimas páginas de La tierra que pisamos, novela de Jesús Carrasco. Se ha afincado aquí tras un idilio con la ciudad. Es, el libro, como algunos rincones de Sevilla, un arrebato inmenso de imágenes y sufrimiento. 
   Amanece y esta Sevilla tiene, como en sus cuadros, notas, olores y río, otro aroma interior, el del desvarío por lo perdido, por lo no vivido, por lo no sentido en su máximo esplendor. Que es, más que ayer, enigmática y recóndita. Que, una vez más, tan sólo es posible conocer y amar aquella tierra que pisamos, sudamos y labramos con los hijos nacidos de sus riberas. 
    El resto es pura fascinación fugaz.

jueves, 10 de marzo de 2016

Miradas


Una bicicleta espera frente a Bataclan



   Sobre el sillín un poema Au cycliste inconnu. Del soporte a los radios de las ruedas un jardín de flores marchitas entrecruzadas. Amarrada con candado a una baranda la bicicleta espera a su dueño, o dueña: “...si no vienes, será porque la habrás donado a la ciudad para que se convierta en un estela en medio del parque”, dice el poema. Es la estela del dolor que pervive frente la sala de fiestas Bataclan. Su fachada colorista se asemeja una mujer al carmín, abandonada en la esquina, silenciosa, triste, derramado el rímel sobre el suelo gris, de piel mortecina; muda todavía por el pavor de la muerte, sorda tras los últimos compases del grupo Eagles of Death Metal, que sonaron hace tan sólo unos días, terminando con aquel concierto maldito.
   Tarde lluviosa, empañado el empedrado, la niebla que explosiona en destellos por las farolas. De un momento a otro aparecerá Néstor Burma, el investigador de las viñetas de Jacques Tardi, como si fuera otra inquietante historia de Léo Malet. Sin embargo, se acercan gendarmes de lustrosos uniformes o militares con chalecos antibalas que se mueven sigilosos como gatos invitándote a abrir amablemente el bolso o la mochila. Al final de la calle,  varios jubilados juegan a la petanca. Normalidad y desquicie corren de la mano por el canal de Saint Martin.
   Atrás la plaza de la República, rebosante y multicolor de otras pieles, otros olores, ahora con voces y cánticos fruto del hastío, y rojo en los capilares de los ojos cansados. Manifestantes defraudados porque su tierra de acogida apoya al dictador del Chad, Deby (Idriss). No olvidan que Francia no impidió que aplastase al Frente Unido para la Democracia. La policía mantiene la calma a los pies de la estatua símbolo hoy y centro del mundo negro, de sus desilusiones, de las colgaduras de sus viejas colonias.
   Más abajo la otra plaza, la Bastille, acoge a los indignados del Kurdistan. Denuncian al estado turco como masacrador (hasta ayer no conocían que la CEE ya negociaba con la carne humana de los refugiados de Siria, perseguidos por las bombas en aquel país, como mercancía a cambio de miles de millones de euros y liberalización para entrar sus ciudadanos en esta Europa de mentiras y traiciones).
   No muy lejos, entre los callejones, surgen, casi de incógnito, librerías inundadas de textos sin pudor ante las ideologías ni la religión. Un hombre de mediana edad camina con la mirada perdida con un libro en la mano. Al cruzarnos le pedimos guía hasta la redacción de Charlie Hebdo. No merece la pena, ya no es posible dar con la dirección exacta, por su seguridad. Al menos sus números siguen en los kioscos, aún a sabiendas que el asesino siempre corre. Compramos El árabe del futuro, la novela gráfica de Riad Sattouf, antiguo colaborador de la revista, donde relata su infancia de crueldad inaudita. Originario de Siria, habla de su padre obsesionado por la unión de todos los pueblos árabes: "mi padre no era partidario de la libertad ni de la democracia. Pensaba que la gente era demasiado estúpida para elegir por ella misma, creía que era mejor que estuvieran dirigidos por una persona fuerte, por un dictador..., como Gadafi, como Hafez Asad...".
   Satouff cuenta cómo a los niños de su generación en Siria se les inculcaba el rencor atroz hacia los judíos (y se nos viene la imagen del soldado de ISIS que mató a su madre por no pensar en el absurdo y la ira como él). A pesar de ello Sattouf tuvo la suerte de vivir en la República, donde todavía el  Islam es un gran desconocido, fruto de la ignorancia más que de un prejuicio: "El hecho de pertenecer a dos culturas distintas hace que sea incapaz de elegir una, así que me he librado de los peligros nacionalistas", asevera. Y he aquí la clave para millones de ciudadanos franceses, rodeados por la intransigencia de los extremos: la violencia de los fundamentalistas y el nacionalismo de extrema derecha de Le Pen. Quizás el miedo y el descontrol hagan que se vislumbre, entre líneas, la Sumisión de Michel Houellebecq. Una novela vilipendiada pero que plantea con lucidez escenarios hipotéticos. 
   Hoy, miles de estudiantes han salido, antes de que llegue mayo, a las calles para protestar por una reforma laboral que atenta a su futuro. Tienen el sufrimiento de sus congéneres en España. Y se rebelan. Algunos ven la lucha de la izquierda contra la "izquierda". El próximo 31 una huelga general. Los adoquines comienzan a resquebrajarse. Hasta el Defensor del tiempo, el reloj emblema cercano al "Georges Pompidou" está averiado. La crisis acucia hasta el tiempo.
   El invierno agrisa el cielo sobre el Sena, y una tenue lluvia moja suavemente las maderas de los cajones de los bouquinistes. Los libros están bajo candados. Tan sólo alguno ha "caído" en la acera: L'Etoile Napoléon de Geneviève Gennari. Al abrirlo el primer capítulo, irónicamente, se titula "Le fin d'un monde". El agua va destintando las letras, como la memoria del Emperador en su tierra. 
   Siguiendo el curso del río arribamos a la belleza que se esconde tras el reloj y los andenes de la vieja estación, hoy Museo d'Orsay. 
   De los cientos de cuadros del impresionismo se nos agarra al vientre un lienzo de Gustave Caillebotte, Los acuchilladores de parqué (1875). De rodillas, inclinados, arañando, lustrando el suelo que luego pisarán zapatos de suela de cuero en bancos y multinacionales. El proletariado extinto en término, agazapado bajo el término que ahora todos exclaman, esclavos. Esclavos esperando el mendrugo de pan, en las inmediaciones de la Gare du Nord a media tarde. Al gris del asfalto, del cielo, de los papeles sucios, los orines como surcos de venas rotas, jóvenes de color se amontonan en las plazuelas esperando no se sabe. Matando el día con alcohol barato. De los edificios marmóreos caen las últimas gotas de otra nube que descarga y ensucia la gomaespuma de los colchones de los desarrapados en las calles. 
   El tren cruza los Pirineos y un diario abandonado en el vagón destaca en grandes titulares negros el tremendo aislamiento al que somenten los políticos franceses a sus correligionarios que traicionan su cargo con las corruptelas. No pasan de los dedos de una mano. En los siguientes kilómetros es difícil que este mismo tren no atraviese un palmo de tierra sin un corrupto imputado o "investigado" como le han dado en llamar los usurpadores hasta de la palabra.
Montmartre, Saint-Pierre y Sacré-Coeur, (1954).
   Pero llega el final al hueco a nuestro tiempo en esta ciudad que guardamos hace ya en el recuerdo, y no pasamos más que de puntillas por Montmartre. Tan en silencio de la noche fría que no escuchamos los pasos disarmónicos de Toulousse Lautrec. Ni vemos ninguno de sus intensos y coloristas carteles en los muros. En un rincón del café de la esquina releemos pegados los cuerpos como adolescentes las primeras líneas del cuarto capítulo de Rayuela, (Julio Cortázar, 1963): "Así habían empezado a andar por un París fabuloso, dejándose llevar por los signos de la noche, acatando itinerarios nacidos de una frase de clochard, de una bohardilla iluminada en el fondo de una calle negra, deteniéndose en las placitas confidenciales para besarse en los bancos o mirar las rayuelas, los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el Cielo".
   Lo que no intuía aquel pasaje es que el cielo está cada vez más lejos de los soñadores. Y que muchos se quedan a solas, huérfanos de vida, como esa bicicleta frente a la sala Bataclan.


A Berta Cáceres, 

defensora indígena, activista de los derechos humanos, 
ambientalista y opositora gubernamental, asesinada esta semana en Honduras. 
Como tantas otras que desaparecieron de la Historia.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Miradas


Las elecciones de los villancicos, perdón, de los villano-ricos


“Hacia Belén va una burra, rin rin, yo me remendaba, yo me remendé, cargada de elecciones del PP…”.

   Mariano Rajoy, a la sazón el jumento que nos ilustra El Jueves para nuestro villancico pre-electoral, tuvo un lapsus en su juramento como miembro del gobierno de José María Aznar. Olvidó mencionar el nombre del ministerio al que iba a aterrizar, Administraciones Públicas (1996). Su mentor le estiró de las orejas con que lo importante Mariano es que seas ministro, de lo que sea, vamos. 
   Aprendió bien la máxima y, una vez presidente del gobierno (2011), entregado a ser de los más avezados, se fue camino de "Belén", dígase Berlín, con la carga de Merkel a sus lomos, por lo que no es de extrañar que andase, a mitad de legislatura, un "poquillo cansado" (Bruselas, 8-2-2013). Y hete aquí que ahora ha cogido la pandereta y se ha puesto a cantar villancicos, con sus chicos y chicas de "pullover" con marca, por doquier para volver a jurar como presidente tras las elecciones del 20 de diciembre "Fun, Fun, Fun". 
www.20 minutos.es

   Eso sí, anda algo "distraidillo" a la hora de interpretar la Carta Magna con los independentistas catalanes, suelta alguna colleja "cariñosa" a su hijo, y hasta una mujer mayor, para más inri de su partido, le confunde con el presidente de la república. Y es que no sabe aún hacer la calle, Mariano digo.
   Pero no está el patio para churros y milongas. Rajoy fijó urnas después de los resultados altamente preocupantes en Cataluña para su partido, Partido Popular (PP), con el triunfo de la coalición Junts per el Sí, el ascenso meteórico de Ciudadanos, el desplome del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y Podemos, y el crecimiento notabilísimo de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), un partido que aglutina a republicanos, anarquistas, ecologistas..., con el independentismo marcado desde las primeras elecciones democráticas, y que tiene la sartén por el mango para el proceso soberanista. 
   Una cuestión sobre la que el presidente no ha querido dialogar, con ministros que han llegado a sugerir el despliegue del ejército, aplicación de estado de excepción o intervención de la presidencia de la Generalitat. Agotar al máximo la legislatura supone que la crisis llevará demasiados meses a la deriva (con presidencia compartida ¿cuatro?, difícil cuando la CUP acaba de decir no desde sus bases), y una mayor percepción de una sociedad catalana, una vez más, que Madrid no tiene en cuenta sus aspiraciones (bien es cierto que muchos catalanes echaron de menos en las últimas elecciones un mayor análisis de la de la política llevada a cabo por sus diferentes gobiernos y coaliciones tan llamativas como la actual, sobre empleo, educación, sanidad, servicios sociales, etc.). Además, esta crisis tendrá, a buen seguro, su prolongación en un País Vasco que tiene unos referentes políticos e históricos que dirimir en un futuro no muy lejano. La necesidad de negociar nuevas formas de convivencia como el federalismo, u otras por estudiar, no deberían tomarse al albur.
   Para comprender una convocatoria electoral tan tardía, a lo previsible hace unos meses, de un gobierno a sabiendas totalmente desgastado y sin iniciativa, hay que remontarse a las últimas elecciones municipales y parlamentos autonómicos antes del verano. Éstas marcaron el declive y desgaste de un PP que ha hecho de sus mayorías absolutas, en el gobierno central y resto de administraciones locales, un arma letal en desproteger y anular derechos laborales, y hasta jurídicos, a los ciudadanos a una velocidad que muy pocos podían prever. 
   Un ejemplo llamativo lo marca el ministerio de Justicia que fuerza a toda velocidad el reclamo de vuelta a la legalidad en Cataluña, y no pone tanto empeño en agilizar los casos “Gurtel”, “Púnica”, “Pujol”..., y sí en resaltar a los cuatro vientos el caso “Rato”, dando la imagen que se da de comer una pieza que distraigan el centro de la cazuela. ¡Ah!, y de la Ley Mordaza qué decir... Por si acaso ni nos juntemos en la calle para pedir el aguinaldo estos días. Pero hay más cuestiones. 
   El nuevo gobierno que surja tendrá las manos atadas por cuanto los presupuestos estarán aprobados. Si Bruselas ya exige recortes para los próximos ejercicios, habrán de constreñirse, aún más, las políticas restrictivas con las subsiguientes tensiones sociales. Además si los cambios de tendencia política fueran muy significativos, gestionar esos presupuestos sería altamente contradictorio en lo programático. Cabe pensar que la posible coalición entre el PP y Ciudadanos, en el caso de cumplirse encuestas, quede abierta a la negociación con el resto de partidos y aún así veríamos tiempos y métodos muy complicados de llegar a Bruselas con un discurso fundamentado y de consenso.
   Y de los programas de cada lado, hasta hoy, muy poco. El “bombardeo” mediático es abrasivo. Los debates se han abierto a cuatro pero Rajoy sigue pelando castañas por los pueblos mientras los otros líderes dan la cara. Algunos partidos, todavía con representación parlamentaria, Izquierda Unida (IU) dentro de la plataforma Ahora en común, o Unión Progreso y Democracia (UPyD), ni se les llama ni se les quiere. Los medios, en manos de un capital que ampara al gobierno, obviarán los procesos de privatización en educación y sanidad y los desahucios. 
   Por otro lado, los sindicatos y plataformas, desmovilizados y depreciados por los continuos ataques que han sufrido y los numerosos frentes que abordar ni se les ve ni se les espera. Partidos emergentes como Podemos, que azuzó el cambio de registro de la "casta", deudor de las movilizaciones del "15M", ha logrado desorientar a una izquierda que, además de no resurgir de una crisis crónica, hablamos de IU, mantiene negativas a entrar en Frentes o a desorientar sus bases y potenciales votantes al no saber construir un discurso claro e inequívoco sobre economía o política exterior (ejemplo tras los atentados de París y resto del mundo, así como coordinación interna). El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que parece resurgir de sus cenizas, ha buscado los nuevos rostros más que los discursos o propuestas claras y frentistas a una derecha más sibilina en sus planteamientos pero más efectiva que en legislaturas pasadas. Quien más experiencia de gobierno en Democracia tiene, no ha sabido, o querido, arredrar al PP con tantos y tantos casos de corrupción y desgobierno (ni en la Comunidad de Madrid que ha sido la pira para los derechos sociales). En definitiva unos y otros han logrado un bajísimo nivel de conciencia cívica, política y ciudadana (históricamente, desde los albores de la Transición).

   En plena precampaña los funcionarios están recibiendo la devolución de la paga extra que les quitaron en 2012, sin palabras; los tantos millones de parados, seguimos con cerca de cinco, tienen muy arraigado, en la conciencia colectiva, que la derecha, sus empresarios, son los que traerán el empleo, en las jorobas de los camellos; los mayores verán que sus pagas se mantienen, por ahora; no sabemos lo que queda en la "hucha de la seguridad social" para los que vengan, y les agarrota con el miedo, esa manipulada televisión española, sobre los que puedan venir. Enfermos y personas dependientes, invisibles, tienen que cargarse de resignación, en este país que todavía palia las penurias la familia; cuestión a analizar seriamente. Menos mal que se vuelve a hablar de la Ley de Dependencia (Podemos de forma categórica frente al resto).
   En política internacional están paralizadas las relaciones con Cuba y Venezuela y demás países hispanos, sin líneas claras como punta de lanza desde Europa; Asia sin relaciones interpares, no como deudores (el caso de China que "obligó" a este gobierno a fulminar la Ley de Justicia Universal y nuestros jueces ya no pueden perseguir quienes atenten los derechos humanos); esclerosis en las relaciones con los países árabes, Afganistán, Islamismo, terrorismo internacional; EEUU y las bases de nuevo en Andalucía a cambio de pan... Y ahora, como si le dieran mazapán con hierbas, el presidente repite que lo que no hizo o deshizo fue bajo la máxima de que era necesario, y lo volvería a hacer por ser la marca más seria. Sin despeinarse.
   Y por último, a unos meses de cumplirse ochenta años del nefasto 1936, la idea de otro concepto de estado y relaciones de pueblos ibéricos, no tiene cabida en la discusión política. De la Memoria histórica ni rastro; para los rojos, si algún día vuelven a gobernar. La República parece enterrada por siempre (el rey comiendo al lado de la puerta de unos baños en un bar de Madrid asienta la Monarquía). Por eso tenemos cuatro, para pedir regalos estas navidades. Así que cantemos el villancico "Ya vienen los reyes" por si nos traen más mirra para que huela mejor tanto fango:


Ya vienen los Reyes magos.
Ya vienen los Reyes magos
al nidito de Belén.

Olé olé Holanda y olé
Holanda ya se ve, ya se ve, ya se ve.

Cargaditos de juguetes,
cargaditos de juguetes
para el Niño de Belén.

   
   Al "niño" Rajoy ya le gustaría que le trajesen la presidencia. Pero en España nos falta un camello, por los cuatro reyes, digo, para acarrear el sillón retapizado hasta Moncloa. 
   O sí, y entonces vaya unas "Pascuas", de cuatro años más, que nos esperan.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Miradas


Si te dicen que olvides  

   ¿Qué harás con aquella tarde que tu padre te arrastró por una culebreante fila hasta el féretro de un decrépito general, hace cuarenta noviembres? ¿Dónde envolverás el periódico de tus bocadillos de instituto con los rostros envilecidos de unos terroristas pasados por las armas o garrote vil, parte de la canalla judeo-masónica, apelativo de Francisco Franco a toda oposición a su régimen en la plaza de Oriente a sus "españoles todos"? ¿En qué cuadras recaerán los caballos enormes montados por grises que tumbaban pechos de estudiantes vociferantes de proclamas para ti entonces ininteligibles? 
Manuel Fraga, ministro de Turismo,
en Palomares (1966).
www.elperiodico.com
   Entonces, ¿ya no reirás por el prohombre en calzones enormes metiéndose, de mentirijillas, en el mar para demostrar que allí no había bombas atómicas ni gárgaras por si acaso, a varios kilómetros? El mismo que sacaba a los mineros de las sacristías esperándoles con fuego; porque siempre te preguntaste si hay tiempo en las minas para discutir de política y al salir cambiar los carbureros por cirios. Iglesias con cruces gigantes en los muros, o en el valle de los caídos, con los nombres de siempre, los mismos, los de un bando de aquella guerra fratricida fruto de un golpe de estado sangriento.
   Tendrás que olvidar las heladas mañanas que ni los últimos rescoldos de la estufa de hierro fundido, donde un puchero comienza a hervir las judías o garbanzos con tocino de la última matazón, te reponían del frío al abandonar el colchón de lana y mantas ásperas de mula. Luego, aquel babi azul que te abrochaba tu madre por detrás, mientras te atabas los cordones de aquellas enormes botas con los calcetines de lana que arañaban la piel a tus pies andando sobre las nieve en calles sin asfaltar, camino de la escuela “Primo de Rivera”. 
   En el patio antes de entrar las filas, prietas, con el brazo en alto, cantando el Cara al Sol con la camisa nueva, aquella única que había en el armario con olor a alcanfor, de padre, para los domingos, o para votar al tercio familiar, o en la fábrica, donde los capataces llevaban medalla de yugo y flechas en la solapa. Después del rezo copia y recita, la palmeta sobre la mesa del maestro, héroe de la División Azul, que a los otros, los republicanos y maestros de verdad, los depuraron, mataron o robaron título. Las niñas con doña Luisa, que cuando venía era todo dulzura frente al cafre que nos hablaba de devoción y vida al Caudillo, formación del espíritu nacional, que para eso había salvado España, una y mil veces, por la gracia de Dios.
Leche en polvo y agua.
De "Barraca 5, habitación 11"
de A. Cantero y R. Luna.
   Aquel que, mientras desayunabas en los recreos jugando al burro, leche en polvo sobrante del ejército americano, Marshall, democracia, EEUU, él revisaba y rehacía su Raza; ya le valiera la máxima "Jamás la lanza embotó la pluma", para llevarse a sí mismo a la pantalla, un héroe y mártir; no puede ser menos para un Caudillo por la gracia de Dios. 
   Si te dicen que olvides lo harás de aquellas tardes de mayo con flores a María, que madre nuestra es; un cachete del sacerdote con sotana, rechoncho, mofletudo rosáceo, que repite en la letanía el nombre del salvador de la patria, católico, apostólico y romano (hasta nos evitó de la Segunda Guerra Mundial, vaya, que Hitler le respetaba, ni más ni menos).   
      Y a la noche, sobre el altar de la casa, la televisión de blanco, gris y negro, UHF, aquí a callar, y apagarla si salen más muertos en películas que no sean de Carmen Sevilla, que lo que hay que ver es "1,2,3... responda otra vez", un chalet en la playa, un coche, Seat y si es camión Barreiros, y sol, mucho sol. 
   El resto albañiles y desposeídos a hacer pantanos para que los inaugure el generalísimo, y saque sus cuartos. Allá se mueran los muertos por falta de medicinas en tanto poblacho de cal y piedra, calles sin asfaltar, por donde pasan mulas y rondallas de bandurria para la virgen; en las eras chorizo seco, navaja y sandía los mejores días, para antes o después morir destripado en mitad de un cerro.
Fraga, Guerra Campos y Suárez
en RTVE. www.elcorreo.com
   Se cierra la emisión tras el himno nacional y el sermón catódico de monseñor Guerra Campos y las veleidades del rojerío con el diablo que quieren tumbar cuarenta años de paz; sí paz para los vencedores de la guerra entre hermanos, porque los otros, están bien muertos, y los que quedan andan temerosos de cárcel y torturas. Sólo unos cuantos con La Pirenaica, radio clandestina; sus voces hablan de resistencia, pero en la cocina madre manda callar como posesa cuando se menciona al maquis, ni hablar, que alguien puede andar escuchando tras los muros.    
   El abuelo melifluo, carirredondo, reparte atunes desde el Azor, posa entre cientos de piezas abatidas en cotos; sin rastro de los Santos Inocentes en sandalias de esparto que rompían terrones tras perdices y conejos, desdentados, para luego, alguno, pillado por los del tricornio negro, marcarlo con el lápiz de color de las sentencias en El Pardo, por rojo, al olor del brazo incorrupto de Santa Teresa.
   Si te dicen que olvides te va a ser muy fácil, pues se mutiló la memoria con miga de pan y mosto, no da para vino, se buscó el silencio con quienes mantuvieron la lucha otros cuarenta, se escondió en el trastero la república, se fabricaron coronas, se dio paso a los descoloridos, a los que jugaron a ser rojos pero desteñían sus frentes de las boinas rojas y la camisa azul, bien planchada; se armaron procesiones de nuevos santos, se calzaron botas de militares, jugaron al ratón y al gato, y se fue atontando al gentío para que abarrotara gradas de campos de fútbol y cosos. Y así se cambiaron grises por trajes y corbatas, fusiles por papeletas cada cuatro años, sin cuidar los campos de claveles, para sentarnos a esperar otros cuarenta años para otear si alguna vez alguien nos cuenta la verdad y por fin se sacan los huesos de los otros, para que vuelvan a tener nombre en esta endeble y parca memoria.
   Tendrás que olvidar tantas cosas que ni siquiera viviste ni oíste...
   Si te dicen que olvides, y lo haces, allá tú.

El burro.