lunes, 24 de julio de 2017

Miradas


¿Mi balanguera o la cuadratura del círculo de Ramón Llull?

   Frente al obrador de mi panadera de siempre, Aina, se reflejan, bajo los arcos del Archivo Histórico, los primeros rayos de sol todavía adormilados. Me sonríe pícaramente mientras salpica entre sus manos la última ensaimada. Es la hilandera de mis sueños y le susurro aquellos primeros versos del himno balear:
Archivo Histórico Provincial de Palma.
Himno: https://www.youtube.com/
watch?v=nnJ907Rept0a

Adaptación de un poema
de Joan Alcover (1854-1926)
.
    
La Balanguera (Catalán )
La Balanguera misteriosa,
com una aranya d'art subtil,
buida que buida sa filosa,
de nostra vida treu el fil.
Com una parca bé caviŀla
teixint la tela per demà
La Balanguera fila, fila,
la Balanguera filarà. (...)
La Balanguera
(del francés "boulangère": panadera, hilandera para otros estudiosos) misteriosa,
como una araña de arte sutil,
vacía que vacía la rueca,
de nuestra vida saca el hilo.
Como una parca que bien cavila, tejiendo la tela para el mañana.
La Balanguera hila, hila,
la Balanguera hilará. (...)
   Mientras me alarga el pico de un llonguet con sobrasada vuelve sus preciosos ojos hacia el espejo, desaloja un mechón de cabello de su frente y murmulla bajito, mas yo lo oiga, que esta tarde irá con su novio a Soller en el viejo tren de madera que sube hasta la sierra de Tramontana. Fuera me espera Javier agitando los brazos sobre su Vespa como un farero en mitad del mar de piedra que es la calle Ramón Llull (aquel que versó la cuadratura del círculo en el siglo XIII). Me lleva de paquete hasta el castillo de Bellver. Nos persigue un huracán de voces que retumban en callejas y patios medievales. Estresados, miles de turistas reparten fotos a diestro y siniestro del planeta con su ipod. "A eso lo llaman viajar", escapa a voz un viejo sentado bajo un olivo milenario que simila las fauces de un león sobre un águila. En sus manos un libro, Turbocapitalismo, los maestros de la quiebra (Kant Ediciones, 2016) de TRaphael Nagel: "...el crecimiento económico que tenemos actualmente viene en gran parte por el turismo, pero el tema del turismo también es fruto de las inseguridades que generan países como Francia con los últimos atentados, los países árabes... Esto tampoco es sostenible, no es un crecimiento que vayamos a tener aquí para siempre, es temporal".
   En el castillo/cárcel esquivo a los vigilantes tras la silueta/cartón de Gaspar Melchor de Jovellanos, en la que fuera su celda durante seis años. Alcanzo uno de los libros de su biblioteca: Memoria sobre la educación pública o sea tratado teórico-práctico de enseñanza con aplicación a las escuelas y colegios de niños. Cartuja de Valdemosa (Mallorca, 1802). "Hace unos días estuvieron miembros de la Sociedad Económica Mallorquina, de Amigos del País, me parece escucharle, y me pidieron que les redacte un proyecto para que aquí, en Palma, exista un centro de enseñanza media gratuito y libre de admisión, como en mi Gijón". ¿Una educación universal, una reforma agraria que acabe con la pobreza imperante, más obras públicas útiles para uso del pueblo, abolir la Inquisición y una economía más liberal que no dé sólo riqueza a familias nobiliarias? Entre los Ilustrados de aquel periodo, pero..., ¿cuan lejos nos queda de este país hecho jirones desde antes del XIX? Un periódico destaca que el gobierno balear incrementó casi un ocho por ciento el presupuesto en Educación para el pasado curso (rara noticia frente a tantas sobre juicios a expresidentes corruptos, fiscales con bienes en paraísos ídem, y realezas casquivanas, pero ahí queda).
F. Chopin. Preludio Opus 28, nº 15:
https://www.youtube.com/watch?
v=Sh03YXzvDF4&list=
RDSh03YXzvDF4
   Mirando la bahía se borran los desgarradores lamentos de heridos y presos de las guerras de Sucesión y Civil lacrados a estas paredes de la fortaleza. Ayer, en la Cartuja, se me impregnó la desesperación al recordar los ecos de las "gotas de agua" de F. Chopin (su Preludio Opus 28, nº 15). La certeza de la muerte alcanzando a su amante George Sand y su hija, le hizo creer, al verlas, que son espíritus (como mi balanguera en quien no he dejado de pensar un instante).
   Corro hacia la estación y la veo abrazada a través de la ventanilla del vagón. El guardagujas separa nuestros raíles.
   Dejo partir el tren y busco el andén donde colgaron, no ha mucho, obras de Joan Miró (Barcelona 1893, Palma de Mallorca 1983). Dibujos que sellaron fantasías a la dureza del hierro sobre el metacrilato. Caigo en un mundo de constelaciones oníricas de aparente infancia, si no fuera porque en el Es Baluard, el museo de arte moderno, donde tropiezo con el Miró luchador, resistente al franquismo. 
   Alrededor de Ubú Rey, la obra literaria de Alfred Jarry, Miró arroja el horror en esos muñecos locos, estereotipados hasta la estupidez, que han vuelto en uña y carne a los plasmas de nuestros hogares y tribunas de medio mundo. Miró se enfrentó al paradigma del dictador, quizás su obsesión permanente. Hoy parecen haberse diluido las líneas rojas en las democracias y ahí están los neo-xenófobos, los neonazis, los homófobos,  cómo crecen en el Este Europeo, como se alzan populismos en EEUU, ocultándonos los muertos colaterales que se van quedando en nuestras cunetas virtualesY tiemblo al comprobar los fascismos emergentes, los gritos en las calles contra los inmigrantes, las casas quemadas, los refugiados sin refugios, los líderes más esperpénticos en las más altas predelas de nuestros parlamentos. Y la visión de Miró se engrandece y los colores, el rojo y el negro, son la sangre y el luto (Llull llevó a la tinta, el negro de las palabras impresas, el Llibre de les bésties, (El libro de las bestias), parte sexta del Félix o Libro de las Maravillas, donde ya destapaba el fondo del ser humano ante el poder). 
   Alguien me sugirió que Mahler es la tierra y Debussy el mar. Ambos suenan bajo el faro de Formentor donde cae la tarde en un inmenso claroscuro de piedra y mar cristalina. Ya en la noche, en la plaza de Pollença, tres jóvenes pasean un perro a la puerta del Casino, en un mero paréntesis en su locura diaria. Luego llegarán el otoño e invierno. Dicen sentir nostalgia por una pantalla sobre la que proyectar el cine de siempre. Disfrutar, pausadamente, de un Cine-club con las películas en blanco y negro. Quieren entender el cine actual y sobre todo charlar de los temas que les preocupa y dar vida a un lugar que se desborda en verano pero por el que todo pasa muy rápido. No deja posos de cultura, de raigambre, de saber, más allá del ocio de historia abreviada y gastronomía. Es el ritmo de la vida actual, no más.
   Al final, casi de madrugada, vuelvo hipnotizado, bajo un silencio sepulcral, hasta mi hogar de paso: la puerta del obrador de mi balanguera. Allí, donde un día más, he tratado de cerrar, en un círculo imposible como hiciera Llull, la cuadratura humana de esta hermosa isla; una cuadratura con ese mosaico de vidas e historia que he ido encontrando en Palma donde quiero sentir la próxima estación.