sábado, 3 de diciembre de 2016

Miradas


Sonoridades del Camino de Sant Jaume: campanas de estaciones, de iglesias, trinos, escolanías..., silencio

Cruce de trenes en San Feliu de Pallarols.
https://www.youtube.com/watch?v=iNm2yAJvSvE
   Desaparecieron de mi memoria los sonidos de la campana de estación. Se disipa en mis pupilas el último vapor de la locomotora traqueteando sobre los desgastados y estrechos raíles. También se marchó aquella sensación ante lo incógnito al mirar por la ventanilla recostado sobre los asientos de madera luego revestidos de escai. Ya no quedan esparcidos restos de cenizas de carbón, ni las carcomidas traviesas del viejo tren de Olot-Gerona.
   Hoy es un sendero de tierra pisada con nervios hechos de rodaduras de bicicleta y huella de calzado de peregrino del Camino de Sant Jaume que partió de la frontera con Francia, o del monasterio de Sant Pere de Rodes. Es un pasillo en la roca con diminutos arcos que saltan laderas (antes llevaban aguas a los regadíos de las masías). Me sobrevienen por el frente rostros de color pedaleando sobre bicicletas oxidadas volviendo del trabajo, alegres, desenvueltos, con la camiseta del barça sudada. En los márgenes, campos inmensos de frutales. Pájaros que trinan al tintineo de la vieira sobre mi mochila. Hay niños jugando en los toboganes de antiguas estaciones, ahora parques o centros de interpretación.
   Me sobrecoge la noche en Sant Feliu de Pallerols. A la altura del puente está Pescalluna, “El Niño que quiso pescar la luna”. Llegan las risas del grupo de María que vive su despedida de soltera. En su juguetona gimkana está escrito que yo le "declare" mi Amor. Creo que ella guarda en su corazón a Pescalluna
   Vuelvo despacio hacia la pensión de Antoni. Delante de la cruz de la iglesia, que recuerda a todos los caídos en la guerra maldita del "36", lanzo mi mirada a la sierra, regazo de quienes intentaron salvarse de la cárcel y la granada. Corre el viento, y las estrellas están más cerca. A la mesa con un vino de su cosecha mi "hospitalero" trae la memoria colectiva de San Feliu que sus tatarabuelos fueron recreando desde 1860
El líder anarquista
Buenaventura Durruti.
   Estas paredes se impregnaron del sudor del líder anarquista Buenaventura Durruti que ataba con cadenas a los soldados que querían abandonar el frente y huir a Francia ante el avance de los nacionales. El abuelo de Antoni volaba puentes (huele a pólvora mojada la calle, ha habido fiestas). Muchos de aquellos milicianos dejaron sellados sus nombres o besos para mujer e hijos, horadando la piel de un árbol milenario con navajas y cuchillos que luego debieron tirar al desfiladero. No imaginaban los campos de “concentración” del otro lado. Ni volver la mirada hacia su República enterrada. El árbol murió o lo cortaron de raíz los facciosos. 
   Al día siguiente, después de comer pan tierno en Rupit, fuera de la ruta, será la escarcha sobre mi saco en la ermita de Santa Magdalena quien moje mi memoria recordando al taxista que contaba con sorna de aquel cura que se subía fácilmente las faldas. Luego L’Esquirol, maldito nombre que recuerda aquellos trabajadores que sustituyen a otros en las huelgas. Pero me aclaran que viene de "ardilla", de la vieja Santa María de Corcó. Hoy es miembro de los pueblos de la alianza de municipios separatistas (Associació de Municipis per la Independència, AMI). Se ha puesto la barretina. En la calle no se nota la "guerra" de los porcentajes entre el gobierno central y el catalán sobre quienes desean abandonar España, lo tienen claro. 
https://www.youtube.com/watch?v=57UemLMGvvQ
https://www.youtube.com/watch?v=Bd6wYjLbqG8
   En la bajada hacia Manresa, granjas de cerdos, y el camino hacia el matadero. Guarridos y gruñidos que me llevan a pensar en el verdadero sufrimiento humano, cuando la conciencia aparece. ¿Aquellos no tendrán un lenguaje que avise a sus congéneres para rebelarse? Bajo mi capucha enfundo los auriculares con Lluis Llach y sus "Campanades a mort". Y siento rabia y asco de cómo desde cualquier bando se pudo reprimir a sus propios hermanos , como si fueran estos cerdos, en la repugnante y bárbara guerra civil.
Yerko con su lira.
https://sites.google.com/site/yerkoinfo/
   Ya en Manresa sobre las paredes de su catedral el grupo Yerko Fuenzalida Lorca pone poesía a las cuerdas de una Kora africana, o con la Lira Tartésica. Yo quiero ser enterrado con los ecos destilados por Yerko de los epitafios de aquella estela del siglo II. Sonidos encontrados en el Camino. 
   Cuando la vista se marcha al otro lado de la muralla se divisa la iglesia de la gruta donde Ignacio de Loyola, Íñigo López de Recalde, recuerdo su, "abrir los ojos al entendimiento". Tanto que fue preso en Alcalá por sus ideas. Ahora un par de árabes suben la cuesta con su túnica blanca y barba. En la pared un “si quieres ver el arco iris, deberás soportar la lluvia”. Seguidores de Loyola, como Juan de Mairena ya no soportaron la tormenta cuando antes de terminar el siglo XVI destapó la caja de los truenos con los "Regicidios", y me estremece pensar que esa época no esté muy lejos. Algunos seres, en ciertos puntos del planeta se lo están pensando con sus regidores, reyes o no. No pueden más.
   También estoy cansado. No sé si de vivir así, huero, de buscar aquello que no existe. Vago con la determinación de acabar con mis huesos bajo la tierra fértil del ábside de un monasterio, junto al humus de la tierra de aquellos monjes anónimos, cistercienses que asumieron su jerarquía porque se entregó a ellos. Mis pasos lentos, agotados, me elevan a la escarpada Abadía de Montserrat donde me esperan los Benedictinos.
https://www.youtube.com/watch?v=0N9Dq5ciFsY
   Amanece. El sol se asoma a la torre donde las campanas llaman a Laudes. Metal en las sienes, tiembla el estómago. 
Monjes de Montserrat en 2014.
"Volem votar" sobre el proceso
de independencia de Cataluña.
   El rector es joven. Asume la historia de sus antecesores que en pleno franquismo, en los cuarenta, cantaron la misa en catalán. Sabe que son marca política de Cataluña. También acogieron a reyes y familias acaudaladas que adornaron la basílica hasta repletarla de joyas y ornamentos. La moreneta es rica en ropajes y capillas. Estos años varios monjes fueron enviados a otros centros de la Orden por sus orientaciones políticas o sexuales. Al verlos bajo el altar siguen siendo el enigma patrón de una convivencia humana e intensa, ahondando en su fin acercarse a la sabiduría... 
www.revistamusical.cat.
https://www.youtube.com/
watch?v=7-Fkh3mUqWY
   Al mediodía su Escolanía y el “Virulai”. Voces armoniosas, niños que estudian con celo y cuidado sus voces virtuosas, el canto y las humanidades. Van como los de su edad luego en el tren cremallera a la piscina de Monistrol. 
   Luego, caigo al vacío de estas paredes de roca para volver a la ruta. En la penumbra de las arterias del monte me guían los arpegios de un chelo, podría ser Pau Casals, pero es el arco de Georges, y de sus 76 años, muchos como solista en las más importantes orquestas de Europa. Además trabajó como luthier. No le agradan los turistas asiáticos que sólo le bombardean con fotos. Sonríe cuando alguien se sienta a su lado y escucha.

   Es finales de agosto y el calor arrebata el aliento. Al final vuelvo al mismo sitio, como en los versos del poema de Paco Álvarez, Aunque solo sea uno. Quiero volvérselos a escuchar a nuestro entrañable, genial en lo humano y artístico, Luis Eduardo Aute: "... como espiral regreso siempre al mismo punto./De vuelta en un mundo/que inventé para estar contigo".
https://www.youtube.com/
watch?v=an6AQAjGIng

   Para estar al lado de ti, Luis, y escucharte de nuevo, merece la pena volver. 
   Un abrazo, amigo.

jueves, 30 de junio de 2016

Miradas


Cuenca (2012). Patricia Moericke.
 patriciamoericke.blogspot.com.es
Cuenca, 
la hermosa cenicienta aún dormida

Torre de Mangana. Años 30.
     Julián y Fermín miran sin ver, bajo sus sus camisones azules, la hoz del Júcar a través del "ojo de buey de la tercera planta del "Virgen de la Luz". Desde su destierro hospitalario discuten a salto de mata de política, de estas sierras refugio de unos maquis desheredados de su República por los facciosos y luego dominio de caciques; que no llegó industria, que cierran comercios, que sus hijos emigraron por no encontrar trabajo; que no ven a sus nietos más que en Semana Santa o San Mateo. Fermín la apoda La Cenicienta, a esta tierra sometida y olvidada por una "madrastra cruel" -cualquier poder político o fáctico-, que vaga dormida por sus hoces. Y, de las últimas elecciones "¿pa qué?" para que repitan los mismos (hasta se pasan un whatsapp que especula sobre un "pucherazo"). Que han vuelto a ganar los mismos, los del PP, a pesar de los "paseíllos" de sus cúpulas corruptas por los tribunales. ¿Corrupción?, "hasta una de las hermanas del rey, ¿la guapa?". Julián masculla, casi con rabia, "Rajoy va a la caza de un gobierno de salvación nacional aliándose hasta con los Socialistas y el chico de Ciudadanos". "Pues yo a los de la coleta morada no los entiendo, dice Fermín, me dan miedo, seguro que anularán al PSOE; tranquilo, dice su compañero de habitación, no te cojas "berrinches" que no es más que campaña de todos los medios que son de los mismos de siempre y "arrecian"; ¡miá qué hostia!, dice Julián
   Luego echarán un euro para ver un rato la tele sobre sillones ajados, vestigio de los recortes, amén de los cierres de plantas y especialidades, en los hospitales manchegos (de la "Era Cospedal", Dolores, la expresidenta que ahora es sombra de Mariano). Ven tv castilla-lamancha, atiborrada a corridas de toros y mercadillos de pueblo ahora con los socialistas de Page (Francisco). No ha cambiado de la de los de antes que utilizaban tarjetas con cargo al erario público y ciertos tratos vejatorios a sus trabajadores. No se nota mucha diferencia, por ahora. ¡Qué pena! 
Fachada de la Forja de J. L. Martínez
en la hoz del Júcar.

   El Júcar que vislumbran roza imponentes "rascacielos"; casas adosadas a la piedra que se inclinan como los viejos chopos a las riberas. Cerca del "Recreo Peral", José Luis (Martínez) retuerce en su forja el mostacho a Tip (Luis Sánchez Polack) y el moflete al carirredondo, José Luis Coll (¿recuerdan? Coll, el conquense: ¿No vamos a meternos con el gobierno? Tip: Mañana hablaremos del gobierno), vamos, como nuestros ilustres enfermos (porque en Cuenca se habla poco de política, y cuando se hace se parte en dos, como las hoces que surcan sus ríos el Júcar, ya dicho, y el Huécar). Tip y Coll fueron iconos del humor ácido y del absurdo en la pequeña pantalla en blanco y negro, y de tele hay tradición en la ciudad "colgada".
Estudios de Cuenca Ciudad Global
J. Arozamena con A. Navarro y 
J. V. Ávila con Aurelio Cabañas.
   A finales de 1985 llegaba a la Universidad Internacional Menendez Pelazo (UIMP) "Cuenca Ciudad Global". Pruebas del canal satélite y todo el famoseo por el casco antiguo. Jesús Hermida, Eduardo Sotillos, expertos internacionales y los rostros más conocidos de la pequeña pantalla, dibujaron el futuro audiovisual, y casi se ha cumplido al punto. Durante el seminario de 1988 un lapsus en las claves del satélite trajo el destape a esta ciudad pudorosa; la primera sobre esta piel de toro hispana en ver una película porno en abierto. La centralita comenzó a hervir en llamadas desde un ¡cabrones, esto es lo que viene con la democracia!, hasta los ¡benditos hijos por estas reliquias! 
Tejados, con antenas.
Juan Antonio Cuenca.
artejacuen.com
   Pero McLuhan no salió más que en las actas y las antenas parabólica volaron a Madrid. Cuenca volvía al apagón histórico, a ser la Cenicienta de un cuento sin final feliz. A las doce los gatos dominaron nuevamente los tejados de la ciudad pétrea, paradigma de la sotana en aquella vetusta y anquilosada España gris, parduzca, como la dibujara magistralmente Lorenzo Goñi.
Piernas de Cuenca. Aguafuerte (1959).
Lorenzo Goñi.

   Sotanas y birretes que pervivieron con el glamour en el Auditorio de la Hoz del Huécar entre las partituras de las Semana de Música Religiosa (este año Cervantes fue musa en su LV edición). Pero el sueño de convertirla en la pequeña Viena de Pablo López de Osaba se quedó en el limbo. Eso sí, en las mañanas de Viernes-Santo, desde hace ya cuatro siglos, se postran cirios ante la procesión del Calvario, "Las Turbas". Procesiones, muchas, desde la Inquisición, ahora pulcras, pues tanto se ha lavado la historia de esta ciudad que muy poco trasciende de quienes fueron azote de una Iglesia degradada y contrarreformista. Aquellos conquenses hermanos, Alfonso y Juan de Valdés (s. XVI), erasmistas, regidor y diplomático con Carlos V el primero, y filólogo el segundo, autor de Diálogo de doctrina cristiana (Alcalá de Henares, 1529). Tuvieron que poner tierra de por medio. 
   También se persiguieron brujas, hasta que Azorín reivindicara a la hechicera Catalina Caballero en Memorias inmemoriables (1967). Las de antaño se soterraron bajo las losas de las entradas de algunas iglesias. Una Iglesia que hasta exportó figuras como la del cardenal Francisco de Mendoza (siglo XVI). O acogió la trastienda de la clave en son político del arzobispado de Madrid (muchos recuerdan la mitra televisiva de monseñor José Guerra Campos, estuvo en la diócesis entre 1973 y 1996, y que dio mucho que hablar por su afinidad con el franquismo durante la Transición; fue aparcado por el Vaticano en esta plaza tras no haber podido asir la plaza del fallecido Casimiro Morcillo que pasó a Vicente Enrique y Tarancón, el rostro de la Iglesia en el proceso de apertura democrática). 

   Estos días la Libertad asoma al Claustro de la Catedral con Ai Weiwei (sobre su encarcelamiento por el régimen chino en 2011). Entre críticas y halagos sobre estos muros parecen vertirse con más fuerza los rayos de luz que atraviesan sus rompedoras vidrieras contemporáneas y mágicas. En su momento, como las expuestas ahora, de pintores relacionados con el Museo de Arte Abstracto, aportan una visión más compleja y atrevida con el futuro entre el espacio religioso y la trascendencia, si la hubiere, entre lo divino, para sus creyentes, y la autorrealización humana. 
Pío Baroja se refiere a los "rascacielos de la hoz del Huécar
 en Los caprichos de la suerte (1951), editada en 2014.
   Presiento que el asumido y acallado orden, roto tan sólo por rezos y oratorios en migajas festivas, se romperá en mil pedazos si en la conciencia de sus habitantes remonta el ímpetu de su Historia reciente y también remota. Un cajón de piedra enorme, la antigua cárcel -fija a la muralla musulmana de la entonces Qūnka-, fue patíbulo de cientos de hombres y pozo donde ahogaron sus vidas en la penumbra rayando con las uñas el yeso de la celda de castigo tras la guerra civil. Ahora, este Archivo provincial sobresale sobre cimborrios de iglesias y conventos en un casco que cumple su XX aniversario como universal.
   Para ese sello, mucho tuvo que ver que a mediados de los sesenta, y a hurtadillas, fue entrando la libertad, al menos en lo creativo, de la mano de un Fernando Zóbel. Su mecenazgo con la vanguardia pictórica se "cuelga" en los muros de una de sus casas abocadas al precipicio (el Museo de Arte Abstracto de las Casas Colgadas; y por alegoría, siempre la duda de caer o no al abismo aquí no se ha cumplido). 
Brigitte Bardot (1959) de Antonio Saura.
Museo de Arte Abstracto Español.
   Las sombras de Zóbel, Torner, Chillida, Guerrero, Saura..., son alargadas. Tanto, que son muchos los artistas que surgieron a su estela: Miguel Zapata, Moset, Lagunas, Torralba, Navarro... También dieron pie a que se "colaran" los locos objetos encontrados de Antonio Pérez en el convento de las Carmelitas. 
Objeto encontrado.
Fundación Antonio Pérez.

   A los pies de ambos universos vanguardistas repican trompetas y trombones con músicas del ayer y del mañana en el Auditorio, vaciando el eco en el hueco de una antigua mina del Huécar.
   Remontando este tímido y susurrante río, se eleva, ya fantasma, el "Hocino" de Federico Muelas, donde naciera el verso y la melancolía en este paraíso perdido. Ahora, abandonado y destrozado, duele pensar en cómo fuera el rincón donde el poeta cobijara, en primaveras intelectuales, a artistas, políticos y poetas. 
Federico Muelas al pie de
la hoz del Huécar.www.abc.es
   Los muros derruidos, los jardines laberínticos, perdidos a su suerte, son el símbolo que va parejo a la ciudad, miento, al alma de la ciudad; el alma que parece eterna, mas recientemente muerta. Uno pasea con las sombras de Muelas por las tascas de la parte vieja y escucha la tertulia El bergantín de la vela roja, y a sus "conjurados de Contrebia" (como se conoce en la mitología a estas tierras). Cuando la luna enciende la hoz a los pies del hocino, entra en tertulia con García Lorca, Cela, Sánchez Mazas, Gerardo Diego y tantos otros enamorados de la quietud, lo mágico de Conca; o volando con la aurora La Cometa a la que se cuelgan los títeres que se fugaron por la serranía y que han vuelto, ya treinta años, Títeres Larderos. 
Grupo Tábano. "La ópera del bandido".
II Semana de Teatro Independiente. Años 70.
   Porque por aquí pasó mucho teatro en las innovadoras Semanas de Teatro Independiente, que acarreaba en furgonetas y carros Ángel Luis Mota (Els Joglars, Los Goliardos, Tábano, Comediants, Ditirambo entre muchos que pusieron patas arriba el Teatro acomodaticio al régimen). Ahora el "Bita 2016", con los irreductibles de la Asociación Amigos del Teatro. Ángel Suárez que reivindica al actor como elemento básico del hecho teatral. Ojalá no sea de nuevo semilla incierta.

Montsechia vidalli. 
Las Hoyas (Cuenca).
   Y dentro de este baúl de lo inverosímil y contraste llegó el museo de las Ciencias, luchando por abrirse hueco entre tanta torpeza, y genuflexión. Naves lunares, dinosaurios, y fósiles (con la Montsechia vidalii, la flor con más de ciento treinta millones de años, de las primeras plantas florales o angiospermas del planeta, con órganos sexuales).

   Cuenca no sale ahora mucho en la prensa, ni en los telediarios. Hace un siglo sí, por un asesinato (que no fue); ahora también, desgraciadamente, por dos jóvenes cuyos cuerpos terminaron disueltos en la cal del odio y la sinrazón (maldita violencia de género que salpica diariamente de sangre los informativos). El primero no se borrará del imaginario (no así de las torturas sobre los inocentes, que magistralmente llevó a la pantalla Pilar Miró; un referente a lo que los regímenes asesinos son capaces de llegar).
Cuenca de Ecuador.
www.hotelyanuncay.com






   Cuenca es parador de anónimos, soldadesca vasca que llegó con Alfonso VIII a los que otorgó Fueros sin dinares; tinadas de pastores y tejedoras en las calles de los Tintes con la trashumancia de la Mesta; insignes reales como Alonso de Ojeda (1468-1515) que muy pocos saben en este país que dio nombre a la tan renombrada Venezuela de todos los informativos, o Andrés Huertado de Mendoza (1510-1560) que fue virrey del Perú y fundara la bellísima hermana Cuenca de Ecuador; o peones de cuello agazapado al pecho, al paso del señorito, saqueada por carlistas y franceses.
   Pero Cuenca es, sobre todo, tierra de hijos fieles que se aferran, se enredan al hierro frío y duro de su pobreza, a su historia.
   La Cuenca de lagos infinitos en épocas glaciares se fue secando en sierras agrestes y salvajes, para luego vestirse de hermosos pinares. Pero como la ficción, aquella Cuenca se escapa a la razón, y tratan de retenerla; como los ojos de Julián y Fermín que van rindiéndose al sueño. Pasa la enfermera y reparte somníferos que aplicadamente toman. Soñarán con ella y mañana no reconocerán lo que de fantasía y sexo les haya estremecido. Como a esta ciudad, que persiste en ser onírica y diosa del recuerdo, luego borrado al primer rayo del alba. Trae calabazas el arcón del tesoro, y van negándose todas sus pretensiones, como en un mal final de la Cenicienta.
   Muelas cercó el cuento en un soneto a esa Cuenca:
"Alzada en limpia sinrazón altiva
pedestal de crepúsculos soñados".


   Y así puede que hasta la eternidad, si sus propias criaturas no la despiertan y no se enfrentan a la "madrastra".
www.turismo.cuenca.es

domingo, 1 de mayo de 2016


 Miradas

Sevilla enigmática y recóndita tras el bullicio



  Jaime tiene la barba rala. Bajo los arcos de blanco y amarillo del patio del Hospital de la Santa Caridad, relata con parsimonia cómo perdió la cabeza por los golpes que recibió mientras tiró de artes marciales en su juventud para llamar la atención de sus amores. 
 Sentado en una banca no desvía su mirada del altar con esas esculturas que parecen vivas del Entierro de Cristo (Pedro Roldán, 1672). Cuerpos vivos que pintó Juan de Valdés Leal del que en el sotocoro cuelga su Finis gloriae mundi e In Ictu Oculi, esqueleto sobre oropeles, representando la banalidad de lo terrenal (precisamente en un hospital para ajusticiados e indigentes en una señera plaza comercial como fue Sevilla desde el siglo XVI hasta finales del XIX). Toda una alegoría al trajín entre la riqueza y la beneficencia cristiana.
San Pedro Nolasco se embarca para redimir cautivos.
Alonso Vázquez (1605). Se dice que el rostro vuelto
del barquero es de Cervantes. Museo de Bellas Artes. Sevilla.
   Le adulo su apariencia quijotesca ahora que se conmemora, en tierras manchegas, el centenario de la muerte de su autor, un tal Miguel de Cervantes. Jaime apuntala que si no nos hemos enterado que el "Príncipe de los Ingenios", pergeñó las primeras líneas del hidalgo universal mientras estuvo preso en cárcel sevillana allá por 1597 y luego en 1602: "... ¿Qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?" (Don Quijote de la Mancha, I, Pról., 9).

puerto sevilla
Puerto de Sevilla. El Arenal y al fondo Triana.
La Torre del Oro y una grúa para 
descargar barcos. Grabado del s. XVI.
   Los tesoros de América trajeron hasta esta capital ambición, riqueza y desolación en desigual reparto, como siempre. En siglo y medio, entre 1503 y 1660, llegaron más de doscientos mil kilos de oro y casi veinte millones de plata. Entremedias, la peste bubónica se llevó a la mitad de la población (en 1647 fallecieron sesenta mil almas, la mayoría en el barrio de Triana que hasta no hace mucho llevó la "cruz" de los desheredados -ahora la llevan las "tres mil"-, al otro lado del Guadalquivir frente a la Maestranza (que de toros y coches de caballos aquí están los más "entendíos"). 
   Desde allí, Triana, partía una manifestación del primero de mayo. Divididos los trabajadores entre sindicalistas de la CNT aquí, y la UGT y CCOO acullá; en medio el río, el "más grande", y el que más dividió el alma sevillana. Pasan al lado de los "señoritos" que ni se inmutan, toman su fino.
   Arrecian voces contra "Susana", su presidenta, que dicen, que le traiciona el "tronío". Y a un gobierno central "en funciones" que sigue haciendo más de lo mismo, destrozando al desheredado. Y eso que se había roto el bipartidismo (otra vez, ya fue historia, la izquierda, si es tal, no ha sabido gestionar el mandato de las urnas). Ante otras elecciones el pueblo anda un tanto desorientado. Pero el pueblo ¿cual? Que vuelve la derecha para "ná". Los jornaleros temen que a río revuelto volverá a ganar.
   Luego a la feria del libro, a pocos metros del Ayuntamiento. Allí también se habla de política. El historiador Carlos Arenas Posadas trasiega, con su libro Poder, economía y sociedad en el sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz, con la idea de cambiar el modelo de producción, de repartir el "capital", en una región que fue, y es, rica, como tantas otras, y que ahora vive de la "beneficencia". Diserta sobre un Estado de Bienestar de la razón, pero con el poco juicio de ver cómo las masas persiguen el favor de los poderes, de quienes les mandan, antes que la revolución. No quedan ambiciones de lucha que no sea el político de bancada, vamos, como en la República, como advirtiera Manuel Chaves Nogales, periodista sevillano que veía en "La Rebeldía del gañán", como las clases populares "aceptaban el mando del señorito, porque era el señorito, porque lo había heredado, por una especie de derecho divino, contra el cual no cabía revolverse", y ahora con eso de las revoluciones, miraban los "comunistas" de entonces, "a lo mejor el chico hacía carrera" (Ahora, Madrid, 18-1-1933). 
   Jaime no quiere hablar de política. Se "entiesa", eso sí, al hablar de los "tiemblos" de los tablaos. Que "su" Giralda en 1356 tiró su "peineta" para que los Reyes Católicos la coronaran a lo cristiano.

Terremoto detenido por la intercesión
de la imagen de San Francisco de Paula
.
Lucas Valdés (¿1710?). Muso Bellas Artes, Sevilla.
 Hasta Lucas Valdés se inventa un milagro de san Francisco de Paula para parar un terremoto unos siglos después (y no podemos por menos, delante de su lienzo, recordar que aún continúa el dolor en Ecuador por esos temblores de muerte reciente y ya casi olvidada de los telediarios).
   Unos días después la lluvia empapa a los rocieros. Pero no se arredran, como tampoco en marzo de 1947. Menos mal que ahora el Guadalquivir no se desborda. Entonces hubo casi siete mil desplazados, "refugiados" les llamaron (nos suena la palabra, ¿verdad?).
Misa en la capilla de la O. Foto Serrano. Abc.

 Cuenta Jaime que el general Queipo de Llano no abandonó su cortijo en Camas, porque no le mandaron suficientes embarcaciones para sacar a toda su familia (el "Moscardó" del Alcázar de Toledo en tiempo de paz, vamos). Los parroquianos se subían a carros y camionetas para asistir a los oficios. Luego a tapear un pescaíto en cucurucho de papel en la plaza del Salvador.    
¡Hasta verte Cristo mío!
José García Ramos (hacia 1895).
Museo Bellas Artes de Sevilla.
   En un relámpago se pasa de la alegría a la pena, de la esperanza a la resignación, de la elegancia, la musicalidad, al desparpajo lenguaraz, vivo, asceta, renegado. Con un Cristo en una mano y una jarra de buen vino en la otra. Sombrero o pañuelo, pero como un periquito en celo, camino de la ermita al lado de su Rocío, la virgen que es aurora de sus primeros recuerdos y sombra de sus desvaríos. En todas los templos reverberan las palmas de la Misa rociera. Las calles se inundan en cuanto el agua cesa de los canalones. El viajero aquí se pregunta ¿se disuelve la individualidad en el grupo y en la calle constante? Y remira sus rostros y siente la orfandad de otras tierras. No están lejos los escritos de Bécquer, los Machado, Cernuda..., que tanta soledad mordieron en sus exilios, más mortíferos los interiores.
Santa Rufina. 
Diego de Velazquez (1629-32.
Fundación Focus-Abengoa.
Hospital de los Venerables.
   Sevilla es religión, pasión, devoción y arte a "espuertas". Belleza a raudales como la niña/santa Rufina, alfarera universal de Velázquez, al que no todos otorgan su autoría. Nos mira desde el Hospital de los Venerables, con la inocencia inteligente, lustrosa, rizosa de un poco de locura... 
   Por aquí también pasó lo más alto de lo mitrado: san Isidoro, el arzobispo hispanogodo más famoso, y no hace mucho Juan Pablo II quien se dirigió a sus fieles desde la Giralda. Ahora su estampa de cera casi roza coronillas en la capilla de la Estrella del barrio de Triana.
   En la sobremesa de primavera en el patio de la pensión, a unos metros del número 20 de la calle de los Santos Mártires, donde naciera Manuel Machado, huele a jazmín y limonero. Enhebro las hojas de Ocnos de Cernuda para que no se las coma el asno del sueño en este multicolor rincón de aquella "ciudad de la gracia" de José María Izquierdo. A pocos metros un cuadro de la muerte de un torero. Allí una misa entre palmas y taconeo. Un rasgado de cuerdas de guitarra y el golpe de la mano sobre la caja retumba en la calleja con ecos de tambor de Semana Santa no muy lejana. Al atardecer, a hurtadillas desde la puerta del patio, se ve a la torre Giralda vestirse de espejuelos mientras el tranvía mortecino anuncia viajes a islas de las que te aconseja ser el último en abandonar el chiringuito. La noche mojada afloja el termómetro y el Guadalquivir ha cambiado la sombra de la Torre del Oro por embarcaciones de griterío y música pegadiza, entre risas y abrazos de parejas que alzan la vista hasta la Isla de la Cartuja.
   Los tres, Jaime y mi sombra con Cernuda bajo el brazo, tres infancias perdidas, una trinidad pagana, cerramos la cancela de los jardines de María Luisa. Los silenciosos azulejos de la Plaza de España dejan estampas trasnochadas y edulcoradas de la historia de cada pueblo mientras la luna se asienta en las barquichuelas del lago. 
   A la vuelta, por la judería, una joven suspira bajo el magnolio en la plaza aledaña a los Alcázares, "cuando me da un bajón me pierdo por estas callejuelas y remonto". Sus ojos azules giran hacia la trémula fuente que desemboca al patio de banderas. Después en la calle Bailén, como si un ejército hubiera arrasado sus angostos soportales, los "sin techo" se arremolinan sobre cartones mientras patrullas de limpiadores tratan de no salpicarles con mangueras el reguero de polvo y despojos de plástico que han amontonado el gentío a la puerta de comercios y tabernas. Jaime se tumba bajo un cartón con ellos. No quiere volver al hospital, ni ser cuerdo. 
   En la habitación van cayendo los párpados sobre las últimas páginas de La tierra que pisamos, novela de Jesús Carrasco quien se ha afincado aquí tras un idilio con la ciudad. Tras el título, un arrebato inmenso de imágenes y sufrimiento. 
   Amanece y esta Sevilla tiene, en sus cuadros, notas, olores y río, otro aroma interior, el del desvarío por lo perdido, por lo no vivido, por lo no sentido en su máximo esplendor. Que es, más que ayer, enigmática y recóndita. Que, una vez más, tan sólo es posible conocer y amar aquella tierra que pisamos, sudamos y labramos con los hijos nacidos de sus riberas. El resto es pura fascinación fugaz.

jueves, 10 de marzo de 2016

Miradas


Una bicicleta espera frente a Bataclan



   Sobre el sillín un poema Au cycliste inconnu. Del soporte a los radios de las ruedas un jardín de flores marchitas entrecruzadas. Amarrada con candado a una baranda la bicicleta espera a su dueño, o dueña: “...si no vienes, será porque la habrás donado a la ciudad para que se convierta en un estela en medio del parque”, dice el poema. Es la estela del dolor que pervive frente la sala de fiestas Bataclan. Su fachada colorista se asemeja una mujer al carmín, abandonada en la esquina, silenciosa, triste, derramado el rímel sobre el suelo gris, de piel mortecina; muda todavía por el pavor de la muerte, sorda tras los últimos compases del grupo Eagles of Death Metal, que sonaron hace tan sólo unos días, terminando con aquel concierto maldito.
   Tarde lluviosa, empañado el empedrado, la niebla que explosiona en destellos por las farolas. De un momento a otro aparecerá Néstor Burma, el investigador de las viñetas de Jacques Tardi, como si fuera otra inquietante historia de Léo Malet. Sin embargo, se acercan gendarmes de lustrosos uniformes o militares con chalecos antibalas que se mueven sigilosos como gatos invitándote a abrir amablemente el bolso o la mochila. Al final de la calle,  varios jubilados juegan a la petanca. Normalidad y desquicie corren de la mano por el canal de Saint Martin.
   Atrás la plaza de la República, rebosante y multicolor de otras pieles, otros olores, ahora con voces y cánticos fruto del hastío, y rojo en los capilares de los ojos cansados. Manifestantes defraudados porque su tierra de acogida apoya al dictador del Chad, Deby (Idriss). No olvidan que Francia no impidió que aplastase al Frente Unido para la Democracia. La policía mantiene la calma a los pies de la estatua símbolo hoy y centro del mundo negro, de sus desilusiones, de las colgaduras de sus viejas colonias.
   Más abajo la otra plaza, la Bastille, acoge a los indignados del Kurdistan. Denuncian al estado turco como masacrador (hasta ayer no conocían que la CEE ya negociaba con la carne humana de los refugiados de Siria, perseguidos por las bombas en aquel país, como mercancía a cambio de miles de millones de euros y liberalización para entrar sus ciudadanos en esta Europa de mentiras y traiciones).
   No muy lejos, entre los callejones, surgen, casi de incógnito, librerías inundadas de textos sin pudor ante las ideologías ni la religión. Un hombre de mediana edad camina con la mirada perdida con un libro en la mano. Al cruzarnos le pedimos guía hasta la redacción de Charlie Hebdo. No merece la pena, ya no es posible dar con la dirección exacta, por su seguridad. Al menos sus números siguen en los kioscos, aún a sabiendas que el asesino siempre corre. Compramos El árabe del futuro, la novela gráfica de Riad Sattouf, antiguo colaborador de la revista, donde relata su infancia de crueldad inaudita. Originario de Siria, habla de su padre obsesionado por la unión de todos los pueblos árabes: "mi padre no era partidario de la libertad ni de la democracia. Pensaba que la gente era demasiado estúpida para elegir por ella misma, creía que era mejor que estuvieran dirigidos por una persona fuerte, por un dictador..., como Gadafi, como Hafez Asad...".
   Satouff cuenta cómo a los niños de su generación en Siria se les inculcaba el rencor atroz hacia los judíos (y se nos viene la imagen del soldado de ISIS que mató a su madre por no pensar en el absurdo y la ira como él). A pesar de ello Sattouf tuvo la suerte de vivir en la República, donde todavía el  Islam es un gran desconocido, fruto de la ignorancia más que de un prejuicio: "El hecho de pertenecer a dos culturas distintas hace que sea incapaz de elegir una, así que me he librado de los peligros nacionalistas", asevera. Y he aquí la clave para millones de ciudadanos franceses, rodeados por la intransigencia de los extremos: la violencia de los fundamentalistas y el nacionalismo de extrema derecha de Le Pen. Quizás el miedo y el descontrol hagan que se vislumbre, entre líneas, la Sumisión de Michel Houellebecq. Una novela vilipendiada pero que plantea con lucidez escenarios hipotéticos. 
   Hoy, miles de estudiantes han salido, antes de que llegue mayo, a las calles para protestar por una reforma laboral que atenta a su futuro. Tienen el sufrimiento de sus congéneres en España. Y se rebelan. Algunos ven la lucha de la izquierda contra la "izquierda". El próximo 31 una huelga general. Los adoquines comienzan a resquebrajarse. Hasta el Defensor del tiempo, el reloj emblema cercano al "Georges Pompidou" está averiado. La crisis acucia hasta el tiempo.
   El invierno agrisa el cielo sobre el Sena, y una tenue lluvia moja suavemente las maderas de los cajones de los bouquinistes. Los libros están bajo candados. Tan sólo alguno ha "caído" en la acera: L'Etoile Napoléon de Geneviève Gennari. Al abrirlo el primer capítulo, irónicamente, se titula "Le fin d'un monde". El agua va destintando las letras, como la memoria del Emperador en su tierra. 
   Siguiendo el curso del río arribamos a la belleza que se esconde tras el reloj y los andenes de la vieja estación, hoy Museo d'Orsay. 
   De los cientos de cuadros del impresionismo se nos agarra al vientre un lienzo de Gustave Caillebotte, Los acuchilladores de parqué (1875). De rodillas, inclinados, arañando, lustrando el suelo que luego pisarán zapatos de suela de cuero en bancos y multinacionales. El proletariado extinto en término, agazapado bajo el término que ahora todos exclaman, esclavos. Esclavos esperando el mendrugo de pan, en las inmediaciones de la Gare du Nord a media tarde. Al gris del asfalto, del cielo, de los papeles sucios, los orines como surcos de venas rotas, jóvenes de color se amontonan en las plazuelas esperando no se sabe. Matando el día con alcohol barato. De los edificios marmóreos caen las últimas gotas de otra nube que descarga y ensucia la gomaespuma de los colchones de los desarrapados en las calles. 
   El tren cruza los Pirineos y un diario abandonado en el vagón destaca en grandes titulares negros el tremendo aislamiento al que somenten los políticos franceses a sus correligionarios que traicionan su cargo con las corruptelas. No pasan de los dedos de una mano. En los siguientes kilómetros es difícil que este mismo tren no atraviese un palmo de tierra sin un corrupto imputado o "investigado" como le han dado en llamar los usurpadores hasta de la palabra.
Montmartre, Saint-Pierre y Sacré-Coeur, (1954).
   Pero llega el final al hueco a nuestro tiempo en esta ciudad que guardamos hace ya en el recuerdo, y no pasamos más que de puntillas por Montmartre. Tan en silencio de la noche fría que no escuchamos los pasos disarmónicos de Toulousse Lautrec. Ni vemos ninguno de sus intensos y coloristas carteles en los muros. En un rincón del café de la esquina releemos pegados los cuerpos como adolescentes las primeras líneas del cuarto capítulo de Rayuela, (Julio Cortázar, 1963): "Así habían empezado a andar por un París fabuloso, dejándose llevar por los signos de la noche, acatando itinerarios nacidos de una frase de clochard, de una bohardilla iluminada en el fondo de una calle negra, deteniéndose en las placitas confidenciales para besarse en los bancos o mirar las rayuelas, los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el Cielo".
   Lo que no intuía aquel pasaje es que el cielo está cada vez más lejos de los soñadores. Y que muchos se quedan a solas, huérfanos de vida, como esa bicicleta frente a la sala Bataclan.


A Berta Cáceres, 

defensora indígena, activista de los derechos humanos, 
ambientalista y opositora gubernamental, asesinada esta semana en Honduras. 
Como tantas otras que desaparecieron de la Historia.